Papeles tóxicos
Si Mauricio Macri no fuera presidente de la Argentina sino un empresario o financista más, la inclusión de su nombre en los ya famosos Papeles de Panamá como director de empresas pantallas que fueron creadas, y después desmanteladas, hace tiempo por su padre no le ocasionaría muchos problemas. Siempre y cuando no hubiera aprovechado una oportunidad para evadir impuestos, lo que no parece haber sido el caso, sólo los convencidos de que hacer negocios en lugares como las Bahamas es un delito pensarían en criticarlo. Pero, claro está, Macri es un político y en el mundo político las reglas, si bien son difusas y dependen mucho del clima social del momento, son otras. Lo mismo que mandatarios como el primer ministro británico David Cameron, el que hasta el 2010 tenía acciones en un fondo registrado en las Bahamas, el ruso Vladimir Putin y el chino Xi Jinping, se ve obligado a brindar explicaciones aun cuando, a diferencia de tales homólogos, no haya percibido ningún beneficio económico. Mientras que Putin y Xi Jinping han atribuido la divulgación de detalles seleccionados de los Papeles de Panamá a enemigos resueltos a perjudicarlos, Macri se ha limitado a insistir en que siempre ha cumplido con la ley y quiere que la Justicia lo confirme, acaso por entender que no le convendría en absoluto afirmarse víctima de una oscura conspiración geopolítica. Tampoco le serviría para mucho señalar que las sociedades offshore se cuentan por centenares de miles y que las empresas más prestigiosas del planeta, entre ellas Apple y Google, suelen registrarse en países, como Irlanda, en que la presión impositiva es menor que en Estados Unidos o la mayoría de los miembros de la Unión Europea. Desgraciadamente para Macri, buena parte de la población del país propende a sospechar que cualquier persona que se ha acercado a un paraíso fiscal es con toda probabilidad un ladrón. Se trata de un punto de vista que comparten muchos gobiernos, en especial el de Estados Unidos, que quieren recaudar más impuestos sin correr el riesgo político que les supondría intensificar la presión tributaria sobre el grueso de los votantes. He aquí una razón por la que algunos sospechan que Washington está detrás de la difusión de una cantidad enorme de información procedente del estudio panameño Mossack Fonseca que, durante décadas, se ha especializado en finanzas offshore pero que últimamente se ha sentido constreñido a cooperar más con las distintas autoridades impositivas nacionales y colaborar en la lucha contra la corrupción y el narcotráfico que casi siempre la acompaña. Fue por tal motivo que, según el diario porteño “La Nación”, Mossack Fonseca se negó a ayudar a la esposa del entonces ministro de Planificación, Julio De Vido, a formar una sociedad offshore para probar suerte en el mercado inmobiliario uruguayo. Asimismo, llama la atención que las denuncias más impactantes que se han formulado se hayan basado en operaciones que se llevaron a cabo hace varios años, cuando las circunstancias, o por lo menos la sensibilidad de la opinión pública frente a las maniobras ensayadas por personas adineradas, eran más permisivas de lo que han sido a partir del estallido de una serie de burbujas financieras en la segunda mitad del 2008. Parecería que la campaña en contra de los paraísos fiscales que está librando el gobierno de Estados Unidos, con el respaldo coyuntural pero así y todo vigoroso de los contrarios a cualquier variante del capitalismo, está brindando sus frutos. Macri, pues, habrá sido herido por fuego amigo, ya que en el transcurso de su visita reciente el presidente norteamericano Barack Obama lo trató como un aliado imprescindible. Aunque no se dan motivos para suponer que los periodistas locales vinculados con el “consorcio” encabezado por los alemanes de Süddeutsche Zeitung de Munich hayan querido poner en apuros al presidente de la Argentina, es lo que se las han arreglado para hacer, lo que es un tanto irónico porque no cabe duda de que el hastío provocado por la corrupción rampante del gobierno kirchnerista contribuyó mucho a su triunfo en las elecciones del año pasado. También sería irónico que los problemas que enfrenta el británico Cameron ayudaran a impulsar la salida del Reino Unido de la Unión Europea, una eventualidad que ya motiva mucha alarma en Washington.
Si Mauricio Macri no fuera presidente de la Argentina sino un empresario o financista más, la inclusión de su nombre en los ya famosos Papeles de Panamá como director de empresas pantallas que fueron creadas, y después desmanteladas, hace tiempo por su padre no le ocasionaría muchos problemas. Siempre y cuando no hubiera aprovechado una oportunidad para evadir impuestos, lo que no parece haber sido el caso, sólo los convencidos de que hacer negocios en lugares como las Bahamas es un delito pensarían en criticarlo. Pero, claro está, Macri es un político y en el mundo político las reglas, si bien son difusas y dependen mucho del clima social del momento, son otras. Lo mismo que mandatarios como el primer ministro británico David Cameron, el que hasta el 2010 tenía acciones en un fondo registrado en las Bahamas, el ruso Vladimir Putin y el chino Xi Jinping, se ve obligado a brindar explicaciones aun cuando, a diferencia de tales homólogos, no haya percibido ningún beneficio económico. Mientras que Putin y Xi Jinping han atribuido la divulgación de detalles seleccionados de los Papeles de Panamá a enemigos resueltos a perjudicarlos, Macri se ha limitado a insistir en que siempre ha cumplido con la ley y quiere que la Justicia lo confirme, acaso por entender que no le convendría en absoluto afirmarse víctima de una oscura conspiración geopolítica. Tampoco le serviría para mucho señalar que las sociedades offshore se cuentan por centenares de miles y que las empresas más prestigiosas del planeta, entre ellas Apple y Google, suelen registrarse en países, como Irlanda, en que la presión impositiva es menor que en Estados Unidos o la mayoría de los miembros de la Unión Europea. Desgraciadamente para Macri, buena parte de la población del país propende a sospechar que cualquier persona que se ha acercado a un paraíso fiscal es con toda probabilidad un ladrón. Se trata de un punto de vista que comparten muchos gobiernos, en especial el de Estados Unidos, que quieren recaudar más impuestos sin correr el riesgo político que les supondría intensificar la presión tributaria sobre el grueso de los votantes. He aquí una razón por la que algunos sospechan que Washington está detrás de la difusión de una cantidad enorme de información procedente del estudio panameño Mossack Fonseca que, durante décadas, se ha especializado en finanzas offshore pero que últimamente se ha sentido constreñido a cooperar más con las distintas autoridades impositivas nacionales y colaborar en la lucha contra la corrupción y el narcotráfico que casi siempre la acompaña. Fue por tal motivo que, según el diario porteño “La Nación”, Mossack Fonseca se negó a ayudar a la esposa del entonces ministro de Planificación, Julio De Vido, a formar una sociedad offshore para probar suerte en el mercado inmobiliario uruguayo. Asimismo, llama la atención que las denuncias más impactantes que se han formulado se hayan basado en operaciones que se llevaron a cabo hace varios años, cuando las circunstancias, o por lo menos la sensibilidad de la opinión pública frente a las maniobras ensayadas por personas adineradas, eran más permisivas de lo que han sido a partir del estallido de una serie de burbujas financieras en la segunda mitad del 2008. Parecería que la campaña en contra de los paraísos fiscales que está librando el gobierno de Estados Unidos, con el respaldo coyuntural pero así y todo vigoroso de los contrarios a cualquier variante del capitalismo, está brindando sus frutos. Macri, pues, habrá sido herido por fuego amigo, ya que en el transcurso de su visita reciente el presidente norteamericano Barack Obama lo trató como un aliado imprescindible. Aunque no se dan motivos para suponer que los periodistas locales vinculados con el “consorcio” encabezado por los alemanes de Süddeutsche Zeitung de Munich hayan querido poner en apuros al presidente de la Argentina, es lo que se las han arreglado para hacer, lo que es un tanto irónico porque no cabe duda de que el hastío provocado por la corrupción rampante del gobierno kirchnerista contribuyó mucho a su triunfo en las elecciones del año pasado. También sería irónico que los problemas que enfrenta el británico Cameron ayudaran a impulsar la salida del Reino Unido de la Unión Europea, una eventualidad que ya motiva mucha alarma en Washington.
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