Pasen y vean
Sapag y Pereyra lideran el intenso momento político interno que vive el Movimiento Popular Neuquino. El gobernador tiende puentes con su par bonaerense Daniel Scioli. El cruce de intereses, en Vaca Muerta.
NEUQUÉN
Haríamos muy mal en limar la gestión de Sapag”, dijo el miércoles de esta semana el senador Guillermo Pereyra para frenar el ímpetu de la militancia del sector interno que lidera en el MPN. Dos días después, el gobernador Jorge Sapag, también en un acto partidario, convocó a mantener la unidad en la diversidad.
Ambas reflexiones encuadran en el límite posible de una pelea interna que culminará el 24 de agosto con la elección para renovar autoridades en los órganos de conducción del partido, la Junta de Gobierno y la Convención.
Traducidos estos mensajes, se podría inferir la existencia de un acuerdo tácito que consiste en pelearse un poco pero no tanto, porque en definitiva todos conviven bajo el mismo techo de un generoso espacio partidario que a los emepenistas les ha dado satisfacciones en una ininterrumpida cadena de triunfos electorales.
Sapag y Pereyra son las dos personas que lideran el intenso momento del MPN en el que la disputa por el control del partido es apenas una escala del reacomodamiento del poder de cara a las elecciones del próximo año, un proceso en el que gravita con influencia creciente el desarrollo de Vaca Muerta.
Pereyra se puso al frente de la interna como candidato a jefe del partido y esta semana presentó a Cecilia Sepúlveda, concejal de Rincón de los Sauces, como aspirante a la Convención.
La elección de la compañera de fórmula de Pereyra obedece a que la lista Azul y Blanca, la que representa al senador, sumó en la localidad petrolera muchas de las nuevas fichas de afiliación al partido. La cifra sería de unos 2.000 nuevos empadronamientos sobre un total de 6.000 que, según dijeron fuentes de esa corriente, lograron meter mucha presión a sus contrincantes en el norte neuquino.
Del norte de la provincia es justamente uno de los candidatos de Sapag, Rolando Figueroa, propuesto para conducir la Convención por la lista Azul. El actual intendente de Chos Malal acompaña al ministro de Economía, Omar Gutiérrez, que va por la presidencia de la Junta de Gobierno.
Pereyra esperaba medirse con Sapag, pero el gobernador finalmente optó, no sin generar suspenso, por una participación indirecta. Se trata de una estrategia con la que aspira a controlar los riesgos del resultado, en el convencimiento de que una eventual derrota de la lista Azul no le impactaría de lleno y si se produce un triunfo podría erigirse como el responsable de las heridas letales en la proyección de Pereyra como candidato en el 2015.
Como se apuntó, la interna está cruzada por el impacto de Vaca Muerta en la economía y el control a futuro del derrame esperado por lo producido a partir de la extracción de gas y petróleo en esa formación. Pero la puja interna del MPN que pivotea sobre este asunto incorporó a un nuevo actor, el gobierno nacional, que impulsa una reforma a la legislación vigente en materia de hidrocarburos para acomodarla a los tiempos de Vaca Muerta.
La propuesta despertó en el partido provincial el sentimiento federalista, muy vinculado a sus orígenes. Por tal razón hoy entre la dirigencia se observan discursos que resucitan la antinomia Nación-provincias.
El partido local ha ejercitado a lo largo de su historia este modo de confrontación con el poder central en temas de interés para el país e incluso ha repartido entre sus dirigentes roles definidos, alternando a los duros y flexibles en el mismo juego.
De la historia se encargó recientemente Pereyra en uno de los últimos discursos de campaña. Destacó que en el MPN están actuando las terceras generaciones de dirigentes, pero en rigor lo hizo para criticar a su adversario en la interna actual, el ministro Gutiérrez, al que cuestionó por su falta de militancia y por pertenecer a una generación de funcionarios que “maman del Estado”.
Si es por la razón apuntada por el senador, el MPN ha sido una vaca lechera. En el partido se repiten situaciones hereditarias. La compañera de bancada de Pereyra, la senadora Lucila Crexell, también es tercera generación, en este caso en el Senado: primero llegó a la cámara alta su abuelo Elías Sapag, luego su madre Luz y ahora es ella la que ocupa una banca.
En este conocido juego de roles, y en lo que respecta al debate sobre la ley de hidrocarburos, la senadora se muestra comprensiva de las razones que inspiran al gobierno nacional para llevar a cabo la reforma, Pereyra se para frente a la discusión como el más crítico y al gobernador Sapag se lo observa haciendo equilibrio entre esos dos extremos.
Para intentar un punto de acuerdo en el proyecto, dos provincias, entre ellas Neuquén, le hicieron llegar al gobierno nacional otro borrador. Es posible que en el transcurso de la semana se realice una nueva reunión, de bajo perfil, con ministros del gobierno central.
El límite de la negociación que habría fijado Sapag es la garantía del piso del 12% del pago de las regalías, un incremento variable entre uno y tres puntos por mayor producción y el pago de un canon de acceso a los yacimientos si se elimina la posibilidad de asociarse en el negocio a las empresas petroleras provinciales.
Lo ocurrido ayer en Vaca Muerta es una muestra de este cruce de intereses. “Pasen y vean la joya de la abuela” parece ser la consigna que despliega Miguel Galuccio, titular de YPF, con los presidenciables. Ayer trajo al gobernador bonaerense Daniel Scioli y en la foto también entraron Sapag y Pereyra. Sapag estuvo allí no sólo porque es el anfitrión sino porque el gobernador neuquino está tendiendo un puente con Scioli en el armado nacional. La posibilidad de ocupar un lugar de relevancia no está descartada, dijeron fuentes del oficialismo.
gerardo bilardo
gbilardo@rionegro.com.ar
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