Peces de ciudad

Marcelo Antonio Angriman

*Abogado, Profesfor Nacional de Educación Física, docente universitario. angrimanmarcelo@gmail.com

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La suspensión de la práctica de natación y otras actividades en clubes deportivos de distintas localidades de Río Negro por dos semanas, aparece como un contrasentido.


Nadar es una de las actividades físicas más recomendadas por profesores, entrenadores y médicos. Quién no ha escuchado alguna vez el tintineante latiguillo de ser “uno de los ejercicios más completos”.

Para algunas personas en particular, es además, un estilo de vida.

Un bálsamo que regula todas sus funciones físicas y mentales, mejora su capacidad cardiorespiratoria, su tonicidad muscular, preserva la movilidad articular, equilibra el metabolismo, oxigena las células y sobre todo el cerebro. Es además un ordenador de ideas, una tregua natural que libera tensiones, evita conflictos y mejora la relación interpersonal.

Me refiero parafraseando a Joaquín Sabina a los “peces de ciudad”, anfibios que a diario se confunden con oficinistas, estudiantes, profesionales, docentes o amas de casa y que encuentran en la resistencia del agua su razón de avance.

No es esta una metáfora al paso, sino la clara convicción de que con la natación miles de personas logran su estado de bienestar, en tiempos donde el cuerpo y la mente pugnan, con una pandemia que no da respiro.

Es por ello que la suspensión de la práctica de natación y otras actividades en clubes deportivos de distintas localidades de Río Negro, desde el 24 de mayo pasado por Resolución 3777/2021 del Ministerio de Salud por espacio de dos semanas, aparece como un verdadero contrasentido.

Como para muestra basta un botón, podemos analizar el caso del Club Cipolletti, en el cual fue prohibida la actividad de natación pero paradójicamente estuvo permitida, dentro del mismo club, el gimnasio fitness en espacio cerrado y el fútbol...

En paralelo y en la mismísima ciudad estuvieron habilitados otros natatorios, lo cual permite inferir prontamente lo incomprensible de la medida.

No menos curioso resultó advertir cómo en otras ciudades como General Roca y ante la resistencia de la comunidad, la práctica deportiva en clubes -con protocolos- fue admitida sin chistar por parte del gobierno provincial.

La situación generada llevó a que se eleve un petitorio de socios a la Comisión Directiva del Club y de éstas a las autoridades. La solicitud señalaba que desde agosto de 2020 en que se reestableció la actividad, no se conoció un solo caso de contagio de coronavirus producto de la misma.

En tiempos en que se insiste cada vez con mayor vehemencia sobre la necesidad de declarar a la actividad física como una actividad esencial con impacto en la salud pública y en que la quietud y el sedentarismo favorecerán la propagación de la enfermedad, prohibir este tipo de actividades sin una clara razón que lo sustente es apagar un incendio con kerosene. Más aún en ciudades con una alta cultura física y deportiva como Cipolletti, cuna de la Fiesta Nacional de la actividad física y de Congresos en la materia, reconocidos a nivel nacional e internacional.

Recordemos que la vecina Neuquén por Resolución del Ministerio de Deportes Nro. 2021-13-E-NEU-MDEP del 28-1-21 declaró de interés deportivo un documento que señala a la actividad física y deportiva como esenciales. Se encuestó a 5.031 habitantes de Neuquén y del Alto Valle, entre el 20 de marzo y el 21 de septiembre del 2020 que confirmaron los cambios perniciosos producidos en hábitos de vida básicos con relación a la alimentación, el sueño, la actividad laboral o escolar, las experiencias y las emociones. Asimismo, se arribó a la conclusión que, durante la cuarentena existió disminución de la adherencia a la actividad física, aumentaron las horas frente a las pantallas y hubo un aumento de peso corporal.

Por su parte un estudio realizado con anterioridad por la cartera deportiva provincial neuquina, reveló que un 50% de los adolescentes no tuvieron capacidad aeróbica saludable. Por tales motivos, dicho trabajo propone promover, desarrollar e incentivar la actividad deportiva en todas sus formas, fortaleciendo el deporte comunitario y recreativo.

Desconfío de los terraplanistas y de quienes tuercen la letra de sus tesis, por no apartar la mirada de su propio ombligo. Entiendo que vivir en sociedad y más en tiempos de pandemia, implica una resignación de parte de la libertad individual. También que el cuidado debe partir de la responsabilidad individual y respetarse acabadamente los protocolos establecidos, tanto por las instituciones, como por las autoridades públicas que deben fiscalizarlos.

Mas no comprender, a esta altura de los acontecimientos, que la práctica de la actividad física en espacios cuidados mejora el sistema inmune de miles de personas, es de un analfabetismo preocupante. Máxime cuando ello puede favorecer a quienes por el lento ritmo de vacunación, no han sido total o parcialmente inmunizados.

Como corolario, es dable decir que cuando una medida no goza de razonabilidad, su implementación resulta inequitativa o su justificación dogmática, lejos de solucionar los problemas que intenta morigerar, los intensifican.

Mientras no se haga carne la premisa del valor de la actividad física sobre la prevención o atenuación de las enfermedades (Covid-19 incluido), dicho mensaje no será más que un cliché vacío de todo contenido.

De no obrarse a futuro con mayor criterio, más peces de ciudad boquearan en la orilla, esperando la buena hora de ser devueltos al agua.


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