Pedro Mairal, recuperar la libertad de la infancia

Pedro Mairal habló con “Río Negro” sobre “La uruguaya”, su elogiada última novela, en la que el protagonista se cuestiona sobre la vida en pareja y la paternidad. El escritor también se refirió a lo adictivo que resulta internet y a su proceso creativo.

Por Redacción

En los últimos años Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970) hizo una serie de viajes a Montevideo en los que experimentó una suerte de fascinación al comparar la capital argentina con la uruguaya. Ese extrañamiento que le producía cruzar el Río de la Plata lo encaminó a construir un personaje que viviera el pasaje de un país al otro como un escape a un universo alternativo pero parecido.

“Era un sensación de portal a otra dimensión. Me interesaba una especie de transformación invisible. Las ganas de escribir se sumaron a que fui a Valizas al festival literario Ya te Conté. Eso lo cuento en la primera mitad del libro, con escritores durmiendo en cuchetas, una cosa muy hippie”, explicó Mairal sobre el origen de “La uruguaya” (Emecé), su última novela, en una entrevista con “Río Negro” en Cartagena.

Por “La uruguaya” -muy aplaudida por la crítica- Mairal recibió un halago que le encantó, algo que tal vez ocurra por la similitud con aquellas palabras de Bioy Casares. “Un lector me contó que se tomó una pastilla para dormir pero empezó a leer la novela y no la pudo soltar. Le gané al rivotril”, contó entre risas.

Su última novela narra un día decisivo en la vida de Lucas Pereyra, un escritor de 44 años que está en crisis y vive la relación de pareja y la paternidad como un recorte de su libertad. En ese contexto, viaja a Uruguay para buscar 15.000 dólares que le adelantó una editorial española y, también, para ver a una mujer de la que se enamoró en un festival literario.

“Es un personaje muy neurótico, muy enojado, que no puede conectar con la idea de familia. Tiene un costado machista y egoísta. Cuidar a un bebé es una cosa difícil, sobre todo hacerlo todo el día. La situación de estar todo el tiempo con un hijo la quería meter en la novela como algo que el personaje vive como infernal. Está harto de enfermarse a la par con el hijo. Hay toda una idea de la maternidad y la paternidad que nadie te anuncia”, señaló Mairal sobre “La uruguaya”, que también será adaptada al cine y contará con la actuación de Diego Peretti.

P- En Lucas está la fantasía de cruzar el Río de la Plata y armar una vida nueva, ¿no?

R- Sí, está esa fantasía de transformación, de que puede llegar a ser otro en Uruguay. Incluso, de que puede ser otro muy distinto en Brasil, que sería como la exacerbación de Uruguay. Cree que va a escribir la gran novela en Brasil y que por ahí se puede ir con esta mina a Brasil. Pero queda muy a mitad de camino.

P- ¿Cuánto de esto hay en la vida real?

P- Veo muchos escritores aplastados por el superyó, que sería la gran autoimposición de la obra maestra.

Mucha gente queda amordazada por una idea de la literatura muy alta. Por ahí logran escribir algo interesante cuando bajan un cambio y de pronto cuentan algo más próximo con un lenguaje menos literario y más cercano al habla, con una lengua más viva, más inmediata. Ahí se produce algo que para mí es más genuino. A mi me pasa bastante, aprendí a bajar un cambio con lo literario. No pretendo escribir “la novela latinoamericana”.

Me parece que tratar de replegarse un poco y escribir de manera menos pretenciosa termina decantando en obras más auténticas.

P- Es una manera de sentirte más libre también, ¿no?

R- Bueno, hace dos años conviví con Washington Cucurto en una residencia para artistas en Francia durante dos meses.

Ahí empezó a pintar y lo hizo con libertad, sin pensar que tenía que ser Picasso ni Rembrandt. Lo hizo con disfrute y sin el filtro cultural de decir “me está saliendo mal”.

Hay un momento muy específico en que los chicos, que dibujan con total libertad, empiezan a decir “me salió mal”. ¿Qué es ese momento? ¿Por qué antes no les pasaba? ¿Qué es lo que empieza a funcionar como un deber ser y que sucede hasta la adultez? Me sirve mucho pensar cosas como las de Cucurto, de recuperar un disfrute en lo que hacés.

P- Sería el regreso a la infancia sin la presión del error.

R- Exactamente. Es más, los errores hacen atractivos los dibujos de los chicos, porque se liberan del concepto de mimesis, de copiar exactamente las cosas. Hay un cuadro de Antonio Seguí donde dibuja la Torre Eiffel y como no le entra en el cuadro, cuando llega a la parte de arriba, se quiebra y la termina dibujando de costado, como una ele. Eso se lo robó al hijo. Es genial. Hay una libertad con la que siempre hay que tratar de estar en contacto.

Recuperarla revitaliza completamente el arte. Si no las cosas se van fosilizando, volviendo repeticiones tradicionales. Yo, por lo menos, necesito esa chispa de sorpresa, de cambio.

A veces se traduce en situaciones medio vulgares cruzadas con palabras muy líricas. Lo que se produce ahí, entre lo vulgar y lo alto, hace que el texto vibre. A mi me interesa eso.

P-¿Cómo es tu proceso creativo?

R- Me gusta mucho estar solo, tener mis rutinas. Me enloquece cuando no logro encontrar un espacio para estar solo.

Trato de que venga la inspiración cuando estoy en el teclado. No escribo todos los días, excepto cuando estoy con una novela, que ahí me pongo más metódico. “La uruguaya” la escribí así, levantándome muy temprano, a las seis de la mañana, y desconectando el wifi. Ahí me podía concentrar.

Ponía una hoja al costado de la compu para ir anotando cosas cuando aparecía la mafia mental de tener que ir a Internet porque te falta tal dato o para mandar un mail. Eso, que llamaba “La hoja de no jodas ahora”, me ayudó mucho a enfocarme en que la compu sea una máquina de escribir.

P- Internet es una herramienta de doble filo.

R- Sí, exacerba aún más mi dispersión. Lo que tiene Internet que es muy jodido es la gratificación inmediata de los impulsos cerebrales.

Es una falopa total. Quiero y lo consigo. El cerebrito está gratificándose de una manera que después te provoca mucha insatisfacción porque no hiciste nada, no construiste, no hay algo a partir de lo cual podés progresar.

Te provoca como una desesperación muy muda, una decepción.

Me parece bastante bravo el tema de la adicción a Internet y creo que todavía no está muy estudiado. Veo gente de 15 años que no sabe desenchufar y que cuando lo hace le provoca una gran angustia.

PERFIL

Pedro Mairal en 2007 fue elegido como uno de los mejores escritores jóvenes latinoamericanos por Bogotá39, se lució en diferentes presentaciones del Hay Festival que finalizó el pasado domingo en el Caribe colombiano.

En 1998, cuando tenía 28 años, obtuvo el premio Clarín de Novela. Fue por “Una noche con Sabrina Love”, seleccionada por un sobresaliente jurado que integraron Augusto Roa Bastos, Guillermo Cabrera Infante y Adolfo Bioy Casares, quien le dijo: “Empecé a leer tu novela y no me pude desprender de ella”. Poco después la obra fue llevada al cine por Alejandro Agresti, con Cecilia Roth y Tomás Fonzi.


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