Perito contradijo la hipótesis oficial y sostuvo que Garrido no se suicidó
La criminóloga Emma Creimer declaró en la segunda jornada del juicio por la muerte del joven de El Bolsón, ahorcado en un calabozo. Ni la querella ni la fiscalía sostienen la teoría de la participación de un tercero y se enfocan en la presunta negligencia policial.
La criminóloga Emma Creimer aseguró ayer ante el tribunal que Guillermo “Coco” Garrido sufrió un golpe en el cráneo, según los estudios que hizo en octubre de 2011. La conclusión de la perito, ofrecida por la querella, contradice la hipótesis oficial, que indica que Garrido se suicidó la noche del 13 de enero de 2011, en el calabozo de la comisaría de El Bolsón.
Sin embargo, la abogada por la querella Marina Schifrin adhirió a la teoría de la fiscalía, que sostiene que se trató de un homicidio culposo.
Por eso, los fiscales Martín Lozada y Francisco Arrien acusaron a los policías Laura Valeria Leiva y Emilio Victorino Oyarzún porque actuaron con negligencia e impericia la noche que Garrido entró a la comisaría de El Bolsón y no le retiraron el cinturón, que usó para ahorcarse. Los acusados están siendo juzgados desde el lunes por el delito de homicidio culposo. Y la querella no promovió la acusación por el delito de homicidio.
“Golpe en el cráneo”
“Puedo asumir que Garrido sufrió un golpe en el cráneo”, sostuvo ayer Creimer, que expuso las conclusiones del trabajo que hizo en octubre de 2011, en pantalla gigante en la sala de audiencias. Denominó el trabajo como una “reautopsia” sobre el cadáver de Garrido. Además, hizo una reconstrucción de los últimos minutos con vida de Garrido en la Comisaría 12 de El Bolsón y una autopsia psicológica de la víctima.
Las conclusiones de la perito causaron malestar en el Ministerio Público Fiscal. El fiscal jefe Martín Lozada solicitó al tribunal que la perito orientara su testimonio a la teoría del caso, es decir, el homicidio culposo, pero los jueces consideraron procedente la declaración de la especialista.
De acuerdo a la acusación fiscal, a la que adhirió la querella, Leiva y Oyarzún no hicieron la noche del 13 de enero de 2011 el debido control en el ingreso y permanencia en el calabozo de Garrido.
El joven había sido detenido tras protagonizar en supuesto estado de ebriedad un choque, en el centro de El Bolsón.
Leiva y Oyarzún eran los instructores, a cargo de los agentes policiales recién egresados, que trabajaban en la comisaría.
El defensor oficial Marcos Cicciarelo asiste a Oyarzún y el abogado Darío Barroero defiende a Leiva. Ayer, declararon 14 testigos. Aunque la declaración de Creimer generó revuelo.
Tras la audiencia, que se extendió hasta la tarde, Lozada explicó que la querella consintió la teoría del caso de la fiscalía durante la audiencia del control de acusación. “No es un hecho controvertido que Garrido se suicidó”, señaló Lozada.
Y recordó que el informe de Creimer fue desmentido por una patóloga, por los médicos forenses Leonardo Saccomanno y Juan Manuel Piñero Bauer y por otros profesionales, que trabajaron en la etapa de la investigación.
Lozada conoce la causa porque intervino como juez de Instrucción. El juicio continuará hoy con más testigos.
“Si hubiéramos visto que había pruebas para orientar el caso hacia un homicidio lo hubiésemos hecho, pero no surgió ningún elemento de prueba que abone esa hipótesis”,
aseguró el fiscal Martín Lozada.
Datos
- “Si hubiéramos visto que había pruebas para orientar el caso hacia un homicidio lo hubiésemos hecho, pero no surgió ningún elemento de prueba que abone esa hipótesis”,
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