Polémica por dedicatoria en una Biblia regalada
Un policía dijo que se la obsequió uno de los presos, con una expresión afectuosa escrita en la primera página. El detenido reconoció el regalo pero no la dedicatoria y negó que fuera su letra. “Te perdono de corazón, lo demás es cuestión de la Justicia”, le dijo. Ambos se conocían desde chicos. El efectivo está acusado de fracturarle una pierna.
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NEUQUÉN (AN)- Un policía acusado de fracturarle la pierna a un preso ofreció como prueba en su favor una Biblia que ese mismo detenido le regaló meses después, con una dedicatoria en la que lo trataba de “amigo”. Pero la jugada, intentada por Antonio Corrilán a través de su defensora, le salió mal porque el interno en cuestión, Héctor Cerda, admitió que le había obsequiado el libro pero aclaró que lo hizo sin escribir una dedicatoria.
“Esa no es mi letra, si quieren les muestro cómo escribo yo, nada que ver”, dijo Cerda, quien se definió como un predicador de la palabra de Dios en la cárcel. Y agregó: “yo le dije a Corrilán que lo perdonaba de corazón por lo que me había hecho, pero que él tenía que rendir cuentas ante la justicia”.
Ese fue uno de los datos salientes de la séptima audiencia del juicio oral que se sigue contra 27 policías acusados de torturar a medio centenar de presos entre la noche del sábado 24 y la mañana del martes 27 de abril de 2004.
El otro dato es que los alegatos se postergarán para la semana próxima, ya que las audiencias de hoy y mañana se destinarán a escuchar a más testigos. La dilación se produjo porque los que declaran se encuentran en otras cárceles del país o salieron en libertad y no pueden localizarlos.
En el inicio de la audiencia de ayer la defensora Estefanía Saulí ofreció como nueva prueba una pequeña Biblia de tapas negras que, según dijo, Cerda le había regalado a Corrilán. Leyó la dedicatoria: “para mi amigo Antonio” y la fecha: 14 de julio de 2004.
La abogada lo relacionó con la denuncia que Cerda formuló en la segunda audiencia del juicio oral, en la cual acusó a Corrilán de haberle pegado en abril de ese año con una varilla de hierro, provocándole la fractura de una pierna. “No tiene sentido que lo trate de amigo y venga al juicio a acusarlo”, afirmó.
Hubo otros testigos que relataron que Corrilán solía hostigarlos con la varilla de hierro, y algunos describieron el golpe que le aplicó a Cerda durante la represión de abril.
La Cámara dispuso la inmediata comparencia de Cerda, quien admitió haberle regalado la Biblia al suboficial acusado pero sin la dedicatoria. Le costó un poco leerla, lo ayudó que el presidente de la Cámara, Mario Rodríguez Gómez, le prestó sus anteojos.
También dijo Cerda que conocía al imputado porque “nos criamos en el mismo barrio”. Y diferenció su perdón personal con la resolución que debe tomar la justicia, por lo que ratificó que fue quien le quebró la pierna.
También declararon ayer otras víctimas golpes y vejámenes. Jeremías Martín relató que además de tirarles gases lacrimógenos y golpearlos en la planta de los pies, los obligaron a cantar el Himno y a gritar “viva la requisa”.
Carlos Sosa se pronunció en términos parecidos. Cuando le pidieron que definiera la palabra “motín”, respondió: “es la actitud que toman los internos para defenderse de los golpes de la policía”.
Hoy será la octava audiencia: declararán otros dos testigos y uno de los policías imputados.
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