Primer triunfo electoral peronista: una “clientela disponible” dirá don Albrieu




Fue llamado por Perón para ser ministro de Interior en el peor momento de 1955. Sobre la elección, este político cuyos hijos residen hoy en el Alto Valle dice que había “factores de poder que necesitaban a alguien que se ocupara de ellos”, millones a los que Perón “movilizó la lengua”, dijo.


Los organismos de seguridad estuvieron, en la campaña, a favor de Perón. En la caricatura, un militante está escribiendo “muera Perón”, pero cuando aparece el policía le agrega “Borini”, por el líder opositor y candidato a presidente por la UD, José Tamborini.

Vivió sus últimos años en un modesto departamento de barrio Norte. Y si la memoria no traiciona, rozaba ser vecino de Arturo Frondizi. Había nacido en La Rioja. Y en su estilo, en su hablar, en su custodia de la su sagrada siesta, tenía algo de la “pachorra” norteña. Se había recibido de abogado en Córdoba en la década del 40. Le gustaba la política, como ejercicio de “entrega”, decía. La asumió desde un espíritu inquieto. Deambuló por el radicalismo, que “también era una forma de ser conservador”, señalaba. Pero cuando emergió la proa del peronismo, “me gustó ese revoltijo de ideas, entregas, entusiasmo, no sé… Y bueno, me sumé”.

Fue diputado nacional y un día, ministro del Interior.

Ministro efímero, que asumió a días del asesinato de más de 300 argentinos cometido por un grupo de aviadores navales vía el bombardeo de Plaza de Mayo y la Casa Rosada. Mañana y medio día de sangre. Fuego. Muerte. Querían matar a Juan Perón. El odio les cegó la profesionalidad, si es que la tenían. Fracasaron. Y huyeron al Uruguay junto a uno de los mentores intelectuales de la masacre: el radical Miguel Ángel Zabala Ortiz. Todo sucedió el 16 de junio de 1955.

Ocurrió parecido a lo de Churchill en Inglaterra. No comparo, digo que siempre existen mayorías disponibles para una causa… Eso entendió Perón”

Oscar Albrieu, ex ministro de Interior de Perón.

Un 16 de junio que, al atardecer, vio al peronismo enardecido quemar la Curia de la Catedral y varias iglesias católicas del centro de Buenos Aires. Porque la iglesia católica, luego de apoyar por años al peronismo, se había dado vuelta.

Oscar Albrieu, último ministro del interior de Perón en 1955.

“Pero quemamos las iglesias de la oligarquía”, solía decir un peronista llamado Rodolfo Ponce de León. “No la de los barrios”, acotaba.

Y a horas o días de aquella horrible jornada, Perón llamó al riojano abogado por la Universidad de Córdoba: “Hágase cargo del Ministerio de Interior, tenemos que bajar la tensión, sino…”.

Un panorama “español”

Y Oscar Albrieu se hizo cargo.

"Argentina olía a España del 36 . Si no descomprimía la situación, bueno… la guerra civil estaba en la puerta”, comentaba muchos años después.

Y Oscar Albrieu tomó contacto con Arturo Frondizi, presidente de la UCR; con Américo Ghioldi, del entonces desmejorado Partido Socialista; con organizaciones empresariales y un largo etcétera.

Solía contar que Perón no le pedía resultados, ya ni siquiera le hablaba, “Me dejaba hacer…” decía.

Pero era tarde. No había espacio para la reflexión. Había dos Argentinas: con Perón o contra él.

Y llegó ese último día de agosto de aquel fiero 1955. El día en que, sacado de sí, y ante su plaza, Perón lanzó el “cinco por uno”. “Fue el final. Se recalentó todo. Crecieron los ‘vivas’ y los ‘muera’“, recordaba Oscar Albrieu casi parafraseando a Jorge Luis Borges en “Milonga para un muerto”.

Y siempre dijo que tras aquella tremenda amenaza Perón se dio vuelta y dejó el balcón ante una plaza fanatizada: “Me agarró los brazos y me dijo: ‘¿Cómo me dejaron decir eso?’, como si nosotros hubiésemos podido manejar un discurso de Perón… Y llegó septiembre, y llegó la Libertadora. Y fui preso, largo tiempo”.

Y uno de sus cuatro hijos -todos viven en el Alto Valle-, también llamado Oscar, recuerda: “Iba con mi mamá a verlo a la cárcel. Estaban todos, Cafiero… Nos revisaban, no podíamos hablarle nada más que de la familia”.

Y Cafiero recuerda en sus sabrosas memorias: “Teníamos prohibido nombrar a Perón, hablar de política y por supuesto alentarnos con la marchita, pero para esto encontramos un subterfugio: ‘Fumando espero, al hombre que tanto quiero’”.

Pasaron los años. Y un día de comienzos de 1982 “The Washington Post” renovó su corresponsalía en Buenos Aires. El nuevo era tejano y muy joven. Si la memoria no juega sucio, su apellido era Diehl, o algo parecido. Como todo corresponsal extranjero que llega al país buscó la ayuda de periodistas argentinos para armar agenda. “¿Me podés ayudar a contactar a Frondizi, Ubaldini, Lanusse, Alfonsín y… y…?”, le preguntó aquel joven tejano a un periodista argentino. “Robert Potahs me recomendó que hablara con un tal Albrieu, Oscar Albrieu… dice que es una lástima que no haya escrito sus memorias sobre el final del 55… ¿Me ayudás?”.

Hubo ayuda y un encuentro en el ABC de calle Lavalle que duró hasta el turno noche. ”¿Qué es el peronismo? ¿Por qué siempre está?”, le preguntó el americano, con una libreta en mano rozada por una manga de saco que le quedaba larga, muy larga.

“¡Ah, qué es el peronismo! ¡Ni yo lo sé! Pero, ¿sabe lo que es en todo caso el peronismo? Algo que siempre tiene clientela a su disposición, gente dispuesta a seguirlo… factores de poder que necesitaban ya que alguien se ocupara de ellos. Vi nacer al peronismo. Y soy paciente lector de la historia. ¿Sabe lo que hizo Perón? Movilizar la lengua de millones de argentinos… que hablaran de él. No comparo nada, pero fue como Winston Churchill en el año 40, cuando Lord Halifax, el canciller de Inglaterra, quería negociar con Hitler cuando ya los nazis dominaban Francia. Tenía el apoyo de la aristocracia, de todo el poder concreto, pero había una Inglaterra callada que quería pelea, medio tapada. ¿Qué hizo Churchill? La buscó, le habló de aquello de resistir, de seguir y seguir… No comparo, digo que siempre existen mayorías disponibles para una causa… Eso entendió Perón”.

Años después, desde su peronismo, Oscar Albrieu se entusiasmó con el fenómeno político que fue Raúl Alfonsín. Y este lo integró al Consejo de Defensa de la Democracia, que integraban entre otros Julio Rajneri y Carlos Nino.

Apuntes de la campaña

La lectura de las campañas electorales que puede hacer un especialista en comunicación no coincide necesariamente con la del canastilla político o un historiador. La intensidad de los sucesivos episodios para el primero emana no solo de su relevancia política o de su significación histórica, sino sobre todo de los medios y los mensajes empleados”.

La reflexión corresponde a Alberto Borrini, veterano periodista dedicado al marketing, comunicación y publicidad. Fundador de la desaparecida revista “Mercado”, director de “El Cronista Comercial” y también columnista de “La Nación”, hace un cuarto de siglo publicó un ensayo sobre la historia de las campañas políticas en Argentina. De ahí extraemos algunas reflexiones y datos sobre la campaña electoral de Juan Perón en febrero de 1946:

Perón -señala Borrini- nunca prestó demasiada atención a la publicidad. Su mayor destreza consistía, como en el yudo, en aprovechar errores de sus adversarios.

Alberto Borrini, periodista dedicado al marketing, comunicación y publicidad.

• “Perón impuso (en sus presentaciones) un estilo informal y adaptado a una tribuna que, por influencia del cine y la radio, ya estaba cambiando. Fue el primero en dirigirse a sus partidarios en mangas de camisa; abría sus arengas con la palabra “compañeros”, empleada antes por los sindicalistas y políticos socialistas (Palacios, no obstante prefería la palabra ‘conciudadanos’); e inició (Perón) el hábito de explorar en sus acciones proselitistas la adhesión popular provocada por las celebridades y la farándula. Su retórica campechana y socarrona contrastaba abiertamente con la más ortodoxa y distante de sus opositores”.

• El adversario de Perón era José Tamborini. Aquí Borrini apela a Félix Luna para definir al candidato de la Unión Democrática. Tamborini, “un cirujano de 59 años que había sido diputado, senador y ministro del Interior, no era brillante ni se destacaba como orador. Hubiera sido un gran presidente veinte años antes. Para enfrentar a Perón se necesitaba un hombre que transmitiera emotividad y fervor, algo que precisamente constituía el mayor déficit de Tamborino”.

• “La campaña para presidente duró no más de dos semanas. La fórmula Tamborini-Mosca comenzó el 9 de febrero en el cruce de Avenida de Mayo y Avenida 9 de Julio, y la del Partido Laborista se concretó a pocas cuadras, Plaza de La República, el 12”.

• Recuerda Borrini que coincidentemente con la fecha de lanzamiento de la forma Perón-Quijano se “difundió el informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos, conocido como Libro Azul, en el que se atacaba a Perón por sus simpatías con los países del Eje (nazismo concretamente). El mitin de lanzamiento de la fórmula peronista se constituyó entonces en un enérgico y espectacular rechazo a la potencia extranjera que había cometido la insólita interferencia en la persona del embajador Spruille Braden. Fue cuando Perón pronunció por primera vez el eslogan: ‘Braden o Perón’”.

• En materia de uso de medios, Borrini señala que la financiación de las campaña fue “un desafío para Perón, porque si bien era el único que podía contar con la radio, debido a que las emisoras estaban controladas por el Estado, debía parar los ataques que recibía de la prensa escrita, mayormente opositora”.

• “Perón -señala Borrini- nunca prestó demasiada atención a la publicidad. Su mayor destreza consistía, como en el yudo, en aprovechar errores de sus adversarios. En las elecciones de 1946, la resistencia al aguinaldo, las vacaciones pagas y otras conquistas decretadas por el régimen a las que se opusieron industriales y comerciantes, incluso políticos comunistas, que atribuyeron a la iniciativa fin demagógico y electoralista”, fue la ocasión propicia para aplicar esa técnica. Perón respondió a las críticas adjudicándolas a “los leguleyos de la oligarquía” para continuar perfilándose como el defensor natural de los intereses del los trabajadores” (N. de la R.: al referirse Borrini al “régimen”, marca al golpe conocido como la Revolución de 1943, de la cual era heredero Perón)

• Al “Braden o Perón”, la Unión Democrática opuso el eslogan “Por la libertad y contra el nazismo”. Pero este último era más débil, porque como escribió el historiador americano Joseph Page “la amenaza nazi no era un hecho tangible para la mayoría de los argentinos”.*

*Joseph Page en “Perón. Una biografía”, Edt Grijalbo


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