Prisión preventiva para los dos acusados

Altamirano fue considerado autor material. A Pichún le imputan ser partícipe necesario.




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Benavides reunió "pruebas directas" en contra de los detenidos y les impuso el procesamiento.

NEUQUEN (AN).- El juez Marcelo Benavides dictó ayer el procesamiento con prisión preventiva de Jorge Martín Altamirano y de Rafael Pichún, los dos involucrados en el asesinato de Richard Durán Soto, el joven que fue apuñalado en pleno centro de la ciudad el pasado 21 de enero. En ese mismo hecho sufrió graves heridas la novia de la víctima, Azul Cano.

En el caso de Altamirano, el juez lo procesó como "autor material de homicidio simple y de lesiones graves", mientras que Pichún está acusado de ser "partícipe necesario" en ambos delitos.

Al partícipe necesario le corresponde la misma pena que al autor. Para este caso, la escala va de 8 a 25 años de prisión.

Según se supo ayer, el magistrado se valió de las declaraciones de numerosos testigos que presenciaron los dos momentos claves: cuando Pichún le entregó algo envuelto en una franela a Altamirano, y luego cuando Altamirano le clavó un cuchillo en el vientre a Durán Soto.

"No son indicios, son pruebas directas", señaló una fuente judicial consultada por "Río Negro".

Los testigos, además de presenciar estos hechos, reconocieron en rueda de detenidos a ambos imputados como los partícipes en el asesinato.

Durán Soto, un joven de 22 años que jugó al fútbol en Villa Iris y en Independiente de Neuquén, murió apuñalado el domingo 21 de enero a las 7 de la mañana en la esquina de Rivadavia y Buenos Aires, a una cuadra de la avenida Argentina y a tres del monumento a San Martín.

La víctima estaba allí discutiendo con su novia Azul (22) cuando dos jóvenes en moto, que resultaron ser Altamirano y Pichún, se detuvieron a presenciar el entredicho.

Altamirano se acercó a la pareja, increpó a Durán Soto y le exigió que dejara de discutir con la chica. De acuerdo con los testigos, Durán Soto le dijo que no se metiera y luego se agarraron a golpes de puño.

Según lo que dijeron los testigos, Altamirano caminó unos metros hacia la moto donde lo esperaba Pichún, quien le pasó algo envuelto en una franela: resultó ser un cuchillo tipo Rambo que le clavó en el estómago a Durán Soto. Según la autopsia, la mortal puñalada le penetró 18 centímetros. Después, Altamirano hirió de gravedad a Azul y finalmente escapó.

Para el juez, Pichún es partícipe necesario porque sin su colaboración el homicidio no habría ocurrido. Altamirano estaba desarmado, y quizá todo habría terminado en una pelea a trompadas si no surgía el arma blanca.

Tras la resolución de ayer de Benavides los abogados defensores analizarán si apelan el procesamiento.


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