Pronóstico de final

No bastan los recambios para mejorar la gestión.

Redacción

Por Redacción

RÍO NEGRO

ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar

Río Negro pende hoy de la porfía oficial por el acuerdo petrolero, con sus implicancias económicas y políticas. Ese contrato, cualquiera sea el resultado parlamentario, dañará de muerte al Frente para la Victoria. La suerte del convenio con Petrobras ya depende de los votos en la Legislatura. El gobernador Weretilneck sinceró su orientación y anunció que no reabrirá la negociación con la petrolera, como exige gran parte de los legisladores. Ese cerramiento desemboca en una única tarea gubernamental: la acumulación y el recuento de adhesiones. Tal mayoría no está garantizada frente al forcejeo de la oposición pichettista, aferrada a su pedido de rectificaciones. En el oficialismo anidan dos razonamientos. El presidente del bloque, Pedro Pesatti, minimiza un eventual rechazo y reposa en la presión que cargará cada legislador si se opone. “Que salgan a explicar ellos”, repite. Hay otra línea enfocada en una afanosa captación de votos, pues entiende que una derrota significaría un alto riesgo para el gobierno. El frentista Facundo López lidera este rastreo, que avala Weretilneck pero excluye a los pichettistas. Mucha habilidad exigirá revertir posturas críticas, considerando que el gobernador adelantó que no habrá cambios. Varios legisladores fueron anticipando su negativa o sus condicionamientos. Altísimo sería el costo de quienes lo objetaron inicialmente si terminaran respaldándolo a pesar de que no aparezcan reformas, máxime frente a la susceptibilidad económica del asunto en cuestión. La mayor resistencia se cultiva en el pichettismo. El jefe de la Legislatura, Ariel Rivero, planchará el tratamiento del acuerdo en el recinto valiéndose de una interpretación del Reglamento Interno. Weretilneck se resigna y cerró todo trato con esos justicialistas. “Algún día tendrán que votar”, reaccionó. Afirma que lograría un apoyo institucional de YPF para orientar a los disidentes, pero dice que no lo solicitará. El gobernador está abocado a los radicales y cree sumar entre cinco y seis adhesiones. Las pistas hay que buscarlas en entendimientos previos y silencios actuales. Dos radicales aparecerían alineados, como la legisladora cipoleña Marta Milesi –con acuerdos en favor del plan político en Cipolletti de su hijo, Matías Pica– y el sanantoniense Adrián Casadei. Otro mutismo revelador de proximidad a la estrategia oficial estaría en el sureño Alfredo Pega, mientras que Alejandro Betelú atenuó su cuestionamiento expuesto en la audiencia, pero no lo suficiente aún como para que se advierta que pueda concluir votando un texto que vapuleó semanas antes. Aun si lograra esos cuatros radicales, al oficialismo sumaría 21 votos y le faltarían dos. ¿Aportaría el peperreísta Claudio Lueiro? Posiblemente. Weretilneck pone el cuerpo en esa exploración. El jueves convocó al jefe viedmense José Luis Foulkes. El legislador Darío Berardi está en esa agrupación radical que junta a quienes pertenecían al poder del fallecido Jorge Ferreira. En comisiones ese diputado pidió correcciones al acuerdo y Foulkes ya había adelantado al mandatario que no tendría margen si no existían cambios. Weretilneck no los hará, pero hurga convencerlos igual, por lo que en su despacho pidió al intendente repasar aportes y obras provinciales pendientes; por caso, el envío de subsidios atrasados o la demorada construcción del canal Montenegro, paralizada en febrero y que continúa así más allá de promesas de reinicio. El jefe capitalino mantendrá su relación pendular entre el gobernador y Miguel Pichetto. Valora la gestión del senador en la construcción de 372 viviendas que financia Nación. Foulkes flotará entre ambos océanos. No habrá que esperar de él ninguna rareza, por su personalidad y por su estrategia, considerando que anunció que intentará la reelección. Poco a poco las aspiraciones del 2015 pasan a imperar y, en ese sentido, se distinguirá cada posicionamiento frente a la construcción del régimen de las PASO. La mayor disparidad interna está en el radicalismo, desde aquellos que militan a favor sólo para confundirse en una fusión con la arista Magdalena Odarda hasta quienes apoyan orgánicamente pero descreen de sus ventajas. El gobernador presentó su croquis: la posibilidad de la simultaneidad con Nación, la elección de la fórmula cerrada y una asignación de cargos legislativos por un sistema de mayoría y minoría. Pichetto objeta esas tres trazas, especialmente que se pueda convocar a primarias juntamente con el proceso nacional –sería el 9 de agosto de 2015–. Weretilneck quiere reservarse esa marcha por si vincula finalmente su proceso político a un referente nacional, como al liderazgo de Sergio Massa del Frente Renovador. Pichetto busca liberar su papel de cualquier impacto nacional, puntualmente del kirchnerismo. No quiere bifurcaciones de proyectos nacionales en Río Negro aunque, en especial, trata de ahuyentar todo lo que pueda el impacto de la empinada retirada del gobierno nacional. Son esquirlas que lo golpean. Lo sabe, y por eso lo incomoda –cada vez más– la defensa pública del procesado vicepresidente Amado Boudou. Descubrió la complejidad de la situación cuando el fin de semana sufrió una reprimenda en un negocio barilochense. Bariloche reveló también que difícilmente el Frente sobreviva al derrumbe de la relación de Weretilneck y Pichetto. Se ignoraron en el cerro Catedral. Además, el intendente roquense Martín Soria –quien ratificó su candidatura para el 2015– erosiona diariamente esa sociedad del PJ con Weretilneck que edificó su padre, Carlos Soria. Todo eso es historia. El jueves el Consejo del PJ se reunirá en San Antonio y asomará –por primera vez– el desplome de la alianza. Los protagonistas directos admiten ese desmoronamiento. Lo hacen con diferentes desenlaces pero la misma conclusión. El pichettismo está convencido de que el mandatario no se quedará en el FpV y por eso el senador lo desafió con confrontarlo en las PASO. En cambio, Weretilneck detecta que el PJ lo apartará directamente porque ese partido optará por participar solo en las primarias del año próximo. Queda todo reducido a la responsabilidad del rompimiento: irse o ser apartado. Con o sin acuerdo con Petrobras, la reelección del gobernador está esencialmente atada a su administración y, en realidad, no se perciben signos de reacción. A cinco meses del recambio de sus ministros, Obras Públicas y Desarrollo Social continúan con sus problemas de concreción. Las construcciones de los primeros cinco meses del 2013 llegaron a 162 millones frente a los casi 97 millones del presente año. Es cierto que el organismo de Julio Arrieta afrontó la decisión de la paralización de las obras en el primer semestre, pero la recuperación se hará esperar porque escasean expedientes de licitaciones, salvo dos llamados para construir CEM por parte del programa nacional y un tendido eléctrico en Cipolletti. No apareció aquel paliativo declamado en que esa suspensión serviría para cumplir los trámites y relanzarse a partir de agosto. No habrá avalancha de obras. Tampoco Arrieta estrechó lazos con Weretilneck, quien volvió a su tradicional doble comando (revitalizando al secretario Alejandro Echarren). Es más, el ministro confronta con la jefa del DPA, Raquel Morales. Así, tras seis meses de tramitación no comienza la ampliación de la planta depuradora de Cipolletti, con un financiamiento disponible del plan Más Cerca por ocho millones. Los pliegos siguen en constante revisión por las diferencias entre Arrieta y Morales. Ricardo Arroyo tampoco logró revertir la endeble gestión de Ernesto Paillalef. Incluso, repasando los números, las transferencias a programas en el período enero-mayo del año pasado superan al del actual ejercicio al pasar de 40 a 35 millones. Esas dificultades explican la deserción de Ester Acuña y de Alejandro Jenks en las delegaciones de Bariloche y de Viedma. Hay razones de desajustes del alejamiento de Acuña que se ocultan, como que se anotició cuando ya se había resuelto que el mandatario entregaría aportes del programa Habitar por fuera de la necesaria evaluación y comunicación a su delegación. Pasaron tres ministros, pero los ministerios conservan las viejas complicaciones. Ya sería hora de preguntarse si las dificultades no atañen a la real afectación de recursos, a las trabas o negligencias burocráticas o, tal vez, a la particular conducción política. Ese mando, ese liderazgo, cuya capacidad de supervivencia está a prueba.


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