Propuesta para el parque tecnológico de Bariloche
GUSTAVO GENNUSO (*)
Bariloche discute hoy su parque industrial y tecnológico. Está en camino una expropiación de tierras y se debería comenzar a trabajar en llevar al lugar servicios de infraestructura sin los cuales el parque no tiene sentido. Da la sensación de que los temas de debate tienen que ver con el sitio de instalación pero que poco hay planificado para darle contenido y proyección al mismo. En términos coloquiales, ¿para qué queremos un parque tecnológico? En este punto me quiero sumar a la discusión. Por diversas circunstancias –que es bueno que todos tengamos presentes– Bariloche ha sido pionera en aportar para el desarrollo tecnológico en áreas sensibles como lo nuclear, lo espacial y lo electrónico y también en cuestiones de reflexión técnica, como el pensamiento desarrollado sobre políticas energéticas latinoamericanas basadas en las necesidades humanas que desarrolló la Fundación Bariloche décadas atrás. A partir de la instalación del Centro Atómico Bariloche en la década del 50, comenzó a delinear un perfil propio asociado a la ciencia y la técnica. Desde misma institución, o motorizadas por este primer mojón, surgieron otras instituciones científicas como Fundación Bariloche y tecnológicas como Invap y Altec. En las últimas décadas la ciencia y la tecnología conformaron un conjunto profundamente interrelacionado que necesariamente se da en las instituciones mencionadas. A las mismas hay que agregarles la formación de profesionales, científicos y tecnólogos a través del Instituto Balseiro, la Universidad Nacional del Comahue y la reciente incorporación de la UNRN. Las empresas de tecnología han generado, a su vez, algunas actividades de apoyo en el sector privado; es decir que este incipiente perfil científico y tecnológico del que hablábamos se ha ido consolidando, aunque imperiosamente necesita ampliarse. Si bien sería muy interesante hablar de cómo trabajar para consolidar y hacer crecer lo que está, las características de ciudad pionera que mencionaba me animan a hacer una propuesta nueva que claramente se asienta en lo que ya hay pero que nos permite aspirar a un nuevo sector de empresas que se puedan instalar en nuestro próximo parque industrial, sin dejar de lado las otras. Vayamos al grano. La instalación de un parque industrial y tecnológico presupone un desafío para la ciudad y debemos ser capaces de incentivar a aquellas empresas que promuevan las tecnologías que cuiden el ambiente social y natural –entiéndase como ambiente social y natural el complejo entramado que se da en la interacción entre las comunidades, cultura y medio–. El mensaje tiene que ser claro respecto de la instalación de un parque industrial y tecnológico con empresas no contaminantes, pero presupone un escalón más el favorecer la instalación de aquellas que apunten a la mejora explícita del ambiente social y natural. En particular hay dos grupos de empresas que expresamente cuidan estas cuestiones: las sociales y las que promueven energías alternativas y sistemas sustentables. Claramente muchas cumplen los dos propósitos. Las empresas sociales Hay en la Argentina un conjunto de empresas que se pueden agrupar bajo el concepto amplio de las denominadas “sociales”. En general son aquellas que estatutariamente tienen como objeto la mejora social y/o ambiental. Más allá de definiciones precisas, hay un punto esencial de acuerdo: un negocio o empresa social utiliza mecanismos de mercado –esto es, ofrece un bien o servicio por el cual recibe un pago que cubre sus costos y genera excedentes– para brindar mayores beneficios a sectores de la sociedad que hoy están excluidos; o sea, una empresa social es un medio, no un fin en sí mismo. ¿De qué manera una empresa social logra generar estos mayores beneficios? Puede hacerlo porque su proceso productivo o de distribución genera oportunidades de empleo o de mejora de ingresos a personas en situación de vulnerabilidad –pequeños productores, mujeres que sufren violencia doméstica, personas con discapacidad intelectual, jóvenes en situación de riesgo u otros grupos que no tienen posibilidades reales de acceder al mercado de trabajo– o puede hacerlo a través de la generación y/o distribución de productos que mejoran la calidad de vida de sectores vulnerables permitiendo el acceso a los mismos (agricultura familiar, discapacidad, sectores de pobreza urbana o rural, etcétera). Dentro de las empresas sociales podemos encontrar diversidad. Las hay de servicios y de producción. Un relevamiento iniciado por la Universidad Di Tella da cuenta de que en la Argentina ya hay más de 100 empresas sociales. A modo ilustrativo esta misma universidad nos muestra que la distribución es la misión de los negocios sociales. En el momento actual las empresas sociales ya exhiben los primeros armados de un ecosistema propio que les permita desarrollarse dentro del mercado, es decir que ya hay sistemas de inversión, proveedores, marketing y comercialización para este tipo de empresas. Su principal meta, como ya lo especificamos, es el desarrollo de un ambiente social más sostenible y fundamentalmente reparador. Dentro de este ecosistema, considero de fundamental importancia tener locaciones amigables para su instalación donde en forma individual o con modalidades asociadas puedan desarrollarse. Hay diferentes entidades que agrupan a este tipo de empresas, como Sistema B, Njambre y ENI Di Tella. El parque tecnológico de Bariloche podría ser esta locación a partir de disponer ventajas comparativas para este tipo de empresas y asociarlo a un sistema de apoyo a las mismas que debiera darse a través del armado de una incubadora y clínica. Empresas de energía alternativa y sistemas sustentables Encuadramos aquí a aquellas cuyos productos están destinados a la preservación ambiental. Si bien es necesario caracterizarlas en detalle, a modo indicativo podríamos decir que son las que se dedican a la producción de sistemas para el uso de energías limpias o las que trabajan en la mejora del ambiente desde la sostenibilidad. Hay en la Argentina un incipiente conjunto de empresas que trabajan en la generación de productos o sistemas que utilizan energías limpias y sustentables: se fabrican generadores eólicos de diferente escala, calefones solares y sistemas de calefacción solar, entre otros. Por ejemplo, la Cámara Empresaria de Medio Ambiente (CEMA) agrupa a 64 compañías que proveen bienes y servicios para la preservación del ambiente y la mejora de la calidad de vida. Bariloche presenta un ámbito muy adecuado para que estas empresas se instalen aquí. Cuenta con un sistema educativo y científico-técnico que puede aportar mucho a la innovación tecnológica en este campo. Facilitar la llegada de estas empresas a nuestro parque tecnológico marcaría un rumbo y la potencialidad de hacer una masa crítica que genere servicios adicionales. ¿Por dónde empezar? A modo de inicio, propongo que desde los gobiernos responsables se disponga de facilidades para la instalación de este tipo de empresas que, obviamente, necesitan una tipificación más detallada. Entre estas facilidades se puede ofrecer: • acceso a la tierra en el futuro parque tecnológico a través de una subvención parcial o total por el Estado de modo de atraerlas a Bariloche • acceso a un sistema de incubadoras y clínica de empresas que brinde un soporte legal, administrativo y comunicacional –la incubadora y clínica de empresas forma parte de otra propuesta pero sintéticamente podemos decir que es un soporte técnico compartido para las empresas– • beneficios impositivos provinciales y locales Tomada la decisión, se necesita una política de búsqueda de este tipo de empresas que puede comenzar con la convocatoria desde Bariloche a congresos, seminarios y convenciones que nuclean estos tipos de empresas. Ya muchas lo hacen con financiamiento propio o de organismos nacionales o privados. Basta mencionar los encuentros de maquinaria para la agricultura familiar que organiza el INTA o los encuentros de empresas sociales de Njambre y Fundación Ashoka. Hay conformado un conjunto de recursos estratégicos que suman a lo que Bariloche puede ofrecer. Tenemos la oportunidad de nuevamente ser pioneros. No la dejemos escapar. (*) Ingeniero. Fundador de la empresa social Emprendimientos de Tecnologías para la Vida (ETV)
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