“¿Qué es eso de ser republicano?”

Por Redacción

Cuando escuchamos a través de los medios de comunicación hablar a algún dirigente político acerca de la república o de los principios republicanos, ¿se entiende realmente de qué se está hablando? Sin pretender constituirme en una especie de medidor del conocimiento colectivo, me da la sensación de que por lo menos buena parte de la ciudadanía desconoce a qué aluden tales conceptos, y de ahí la razón de estas líneas. Para empezar, digamos que saber qué es una república es algo importante, porque básicamente esa condición es la adoptada por nuestra Constitución Federal para el gobierno nacional y, por imperio de su artículo Nº 5, para el provincial. Una república supone muchas cosas, pero simplificando implica que el poder surgido de la soberanía del pueblo –único e indivisible– se ejerce a través de departamentos –poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial–, con el objetivo de evitar la suma del poder público. Se intenta a través de dicho esquema impedir el nacimiento de tiranos o dictadores, aun los elegidos democráticamente. Es que la democracia, técnicamente, es un modo posible –aunque no único– de elección de los representantes del pueblo. De manera que, como ocurre en Argentina, si el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes, tiene que elegir a estos últimos a través de un sistema democrático de mayorías y minorías. Por lo tanto, un gobierno puede ser democrático –por haber sido elegido por la mayoría del pueblo en elecciones amplias y libres–, pero no necesariamente republicano, ni a la inversa. Pero la república como concepto no se agota en la famosa división de poderes propuesta por Montesquieu allá por fines del siglo XVIII. Supone también la idea de que en un país existen instituciones y que los representantes del pueblo –y sus partidos– deben alternarse en el ejercicio del poder. Y, como decíamos al principio, entender qué es y cómo funciona una república, en nuestro país al menos, no puede tomarse como un ejercicio de simple cultura general, porque por imperativo constitucional no es una opción, debemos serlo. No obstante ello, en la Argentina –en parte por desconocimiento y en otra, por las malas prácticas del grueso de nuestros representantes, quienes no han entendido que el poder es un medio y no un fin en si mismo–, ser republicano pareciera ser algo así como una aspiración seudointelectual de un minúsculo sector de la sociedad. Evidentemente, a nuestra clase dirigente –la cual tiene la mayor responsabilidad para hacer de este país una república– la república real no le interesa. Es que lamentablemente nuestro país hoy por hoy está lejos de serlo, y ni que hablar de la mayor parte de sus Estados provinciales. Es democrático –si no se es muy riguroso con el contenido del concepto, claro–, pero republicano seguro que no. ¿Cómo podría serlo con dirigentes y partidos políticos mayoritarios que persiguen el poder por el poder mismo y cuya única pretensión es la de perpetuarse en él? ¿Cómo podría serlo con dirigentes que ningún mérito tuvieron en su vida civil y que, en cambio, luego de décadas de ejercicio ininterrumpido de la actividad política se han convertido en millonarios? ¿Cómo podría serlo con dirigentes mesiánicos que se creen portadores de la verdad revelada? En definitiva, el problema no es tanto que nuestro país se encuentre gobernado por regímenes que nada tienen de republicanos, sino que éstos pretenden hacerle creer a la sociedad –y lamentable lo logran con mucho éxito– que vivimos en una república progresista. En síntesis, más allá de lo que diga nuestra Constitución, es evidente que sin dirigentes y partidos políticos que hagan carne las prácticas republicanas resulta imposible construir una verdadera república. Pero para que esto ocurra –o empiece a ocurrir al menos– la sociedad en su conjunto debe primero tomar conciencia de esta realidad. Martín Antonowicz DNI 29.159.269 Neuquén

Martín Antonowicz, DNI 29.159.269 Neuquén


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