¿Qué se come?
la peña
jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar
En casa teníamos un regla que, cuando los bolsillos lo permitían, poníamos en práctica. Y con el tiempo trasladé esa costumbre a mi propia familia. El que cumplía años, el Día del Padre, el de la Madre, el Niño y todos esos acontecimientos por el estilo, daban el derecho al protagonista central del día a elegir la comida, almuerzo o cena, para esa jornada. Y gracias a esa regla nos teníamos que bancar que cuando otro elegía podría ocurrir que fuera algo que no nos gustara, pero pactos son pactos y debíamos mordernos la lengua. Por eso tengo que asumir que los cumples de otros significan que uno debe aceptar la elección. Eso sí, cuando me toque a mi los demás tendrán que quedarse mudos. Mi padre era bastante previsible, elegía siempre asado, no salía de esa regla, pero cuando se salía del libreto había que agarrarse. Elegía nervios de pata a la no se qué cosa, o guiso de mondongo y hasta en un cumple suyo llegamos a comer puchero. Además de que a mis hermanos y a mi no nos gustaba ninguna de esas opciones, en casa no había alternativas y se comía un solo menú. Y si era posible, en la noche se comía lo que quedaba. Lo criticable era que creíamos que ni el puchero, ni los nervios de pata ni el guiso de mondongo eran comidas distinguidas para un cumpleaños, nos parecía más de lo mismo y elegir ese menú era como un día cualquiera. Pero nunca logramos hacerlo cambiar de opinión, se mantuvo firme con su viejo e histórico menú. Con los años descubrí que en realidad comía bastante sano, que su vida estuvo alejada de todo lo que fuera costoso, de las golosinas y que sólo en sus últimos tiempos descubrió el placer de los chocolates, por ejemplo. Claro, ahora lo puedo decir, pero en mis tiempos de niñez me parecía que había comidas más ricas para ocasiones especiales. Probablemente nuestros padres pensaban igual, pero no podían admitir en esos días que los bolsillos no daban para eso, que se comía lo que se podía pagar, así de simple. Igual, con mucho trabajo se las ingeniaron para que de vez en cuando el asado estuviera presente, unas buenas empanadas y algún que otro manjar. Hoy justamente, seguro ya se definió qué se come, quién quiere asado, quién empanadas, quién prefiere las pastas y cuáles esperan una comida sorpresa. En este país de inmigrantes un mismo domingo puede ser tan diferente como las costumbres de la familia. Es que se mezclan tantas tendencias a la hora de comer que muchas veces al juntarse varias familias, termina habiendo de todo. Unos llevan pastas, otros empanadas, otros dicen “voy a tirar unas costillas a la parrilla” y no faltan los que se inclinan por otras opciones. En definitiva, como ocurre con navidad o Año Nuevo, uno se junta para comer, para charlar y se dedica apenas un rato para el brindis. Ni hablar de la mezcla de bebidas, porque son tan variadas como las familias que se juntan. Y a la tarde, que casi se mezcla con el almuerzo porque las sobremesas son interminables, viene la segunda parte con las cosas dulces. Eso sí, para la noche ya nadie se aguanta, sobre todo los dueños de casa que se bancaron visitas todo el día y la cena desaparece. Que no falte el vino, que no falte el entusiasmo, que el brindis resuma afectos, porque en todo caso lo de la comida apenas es un detalle. Cada espacio compartido, cada comida en familia tiene tanto valor que muchas veces nos damos cuenta tarde, cuando los protagonistas ya no están.
la peña
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios