Quilla Hué, cooperativa ejemplo de autogestión y valoración del ser humano

Por Nicolás Malpedenicomalpede@hotmail.com

GENERAL ROCA

Comparten el conocimiento, aprenden, trabajan y van por más todos los días. Eso es lo que hacen los 32 asociados de la cooperativa Quilla Hué, que funciona en Roca hace más de 8 años y, pese a las crisis que se han registrado en los últimos años, ha podido mantenerse en pie y salir siempre adelante.

Quilla Hué se formó en abril del 2002, cuando una conocida empresa local entró en quiebra y terminó disolviéndose. “Ante esta situación nos juntamos un grupo de trabajadores y decidimos acercarle una propuesta a los dueños, para lograr negociar una continuidad”, explicó Alberto Pasín, presidente de la cooperativa. “Era eso o quedarnos sin trabajo”, confesó.

Fue así que se hicieron cargo del patio de comidas -ex Kimar- , ubicado en calle Tucumán al 1300, de la fábrica de pastas y de helados. “No fue para nada fácil poner todo en marcha, ya que tuvimos que alquilar las instalaciones y todas las máquinas”, indicó el representante de la cooperativa, y agregó que “de a poquito, con el excedente de los asociados, hemos ido comprando muchas herramientas y maquinarias”.

Pasín, con absoluta convicción, sostuvo que “el cooperativismo surge de los estados de necesidad, cuando quedás abandonado en el mundo y no tenés de dónde agarrarte”.

Las personas que trabajan en Quilla Hué no cobran un sueldo, sino que adquieren todos los meses un retiro del excedente que ellos mismos producen.

“Cuando sobra dinero luego del reparto, entre todos decidimos qué se hace con esa plata”, contó el referente de este grupo de trabajadores, al tiempo que destacó que muchas veces se invierte en capacitación “para que podamos crecer y no nos estanquemos”.

Una cooperativa, como cualquier empresa, pasa por épocas críticas y en esos momentos hay que tomar decisiones importantes. “Cuando hay crisis, por lo general, las variables de ajuste son los empleados, pero nosotros, por ejemplo, el año pasado la pasamos muy mal porque fueron meses terribles para la gastronomía y sin embargo seguimos los 32, a pesar de que en realidad había trabajo para 20”, señaló Pasín, con orgullo.

Cada jornada laboral en Quilla Hué es intensa, ya que las tareas comienzan a las 6 de la mañana y se extienden hasta pasadas las 00. Desde muy temprano se empieza con la preparación de las pastas, las cuales se comercializan en todo el Alto Valle, y de los variados menúes que se pueden degustar en el centro de comidas.

Las posibilidades de ascender parecen ser muchas y, a la luz de los hechos, Paola Lobo contó que empezó haciendo trabajos de limpieza allá por el 2006. “Después me dieron la posibilidad de desempeñarme en la caja y ahora soy la tesorera y encargada de la mayor parte de la administración”, expresó, con los ojos brillosos de alegría.

Como si esto fuera poco, se encuentra estudiando “Técnicas en Administración de Empresas”, con orientación en cooperativas, y Quilla Hué le paga estos estudios. Por lo tanto “mi compromiso es aprender y después devolver el conocimiento a mis compañeros todos los días, para que podamos ir creciendo juntos”, aseguró Paola.

Todos son patrones y trabajadores la vez. Todos intentan progresar y crecer, a partir de un fuerte compromiso con la causa. “Nuestro objetivo, en realidad, es muy chiquito: darle trabajo a los asociados”, finalizó Pasín.


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