Razones para no bajar la edad de punibilidad a los 14 años
Veo diez razones para no bajar la edad de punibilidad a los 14 años: La primera, porque sería regresivo. En el Derecho Internacional de los Derechos Humanos rige el principio de no regresividad y de progresividad: está prohibido regresar a instancias anteriores de la cobertura de un derecho y sólo se puede avanzar en dicha cobertura. El Código Penal sancionado en 1921 establecía la edad de punibilidad en 14 años. Durante el gobierno peronista, en 1954, se estableció en 16 años. La dictadura derogó parcialmente esa norma y fijó la edad de punibilidad en 14 años. En mayo de 1983 la edad de punibilidad volvió a fijarse en 16 años. Regresar a la edad establecida por la dictadura no parece una medida dirigida a la mejor protección de nuestros adolescentes.
– Porque el único objetivo es el castigo. El mandato constitucional establece que el sentido de la privación de la libertad no debe ser el castigo sino la adecuada preparación para la vida en libertad. Sin embargo, la discusión de estos proyectos, luego de un hecho grave que involucró a un adolescente de 14 años, revela que el único objetivo es establecer políticas de castigo sobre esta población.
– Porque no es cierto que sea el único modo de brindar garantías a los adolescentes de 14 y 15 años. Decir que el único modo de que una persona acceda a las garantías constitucionales es introducirlo en el sistema penal es por lo menos una falacia. Las garantías las tenemos todas las personas de todas las edades, el problema es que muchas veces no se cumplen ni se respetan. Es responsabilidad de todos velar por que todas las garantías de todas y todos los ciudadanos se cumplan conforme la ley.
– Porque no se trata de sancionar más leyes sino de cumplir las que ya existen. La Convención sobre los Derechos del Niño y la Ley de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (26061) tienen plena vigencia, así como todos los tratados internacionales de derechos humanos que establecen todos los derechos a los que son acreedores cada niño y cada niña que viven en nuestro país. Sin embargo, la mitad de ellos carece de condiciones básicas de existencia: no tienen cloacas, agua potable, vivienda, educación ni salud de calidad, no viven en un ambiente sano ni tienen acceso a oportunidades, actividades recreativas, vacaciones, futuro.
– Porque la cantidad de adolescentes de 14 y 15 años que cometen delitos graves es ínfima. Diputados y diputadas, senadores y senadores deberían pensar si es justo sancionar una ley que, más allá de sus intenciones, será aplicada para el castigo y que significará un retroceso en cuanto a las políticas dirigidas a la infancia para atender, de modo punitivo, los hechos que comete un puñado de adolescentes. Según una investigación de UNICEF, la Subsecretaría de Niñez, Adolescencia y Familia y la Universidad Nacional de 3 de Febrero (http://www.unicef.org/argentina/spanish/Adolescentes_en_el_sistema_penal.pdf), sobre un total de 1.800 adolescentes menores de 18 años privados de libertad por causas penales en el país, un 17% es no punible, es decir, menores de 16 años: 300 adolescentes. El total de homicidios dolosos que se cometen al año en nuestro país es de unos 2.000. De esa cantidad, en unos 200 participan menores de 18 años. Y de esos doscientos, según declaraciones del director regional de UNICEF para América Latina y el Caribe, Nils Kastberg, en sólo 15 participan menores de 16 años (http://http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-123922-2009-04-26.html)
– Porque si el Estado no es capaz de controlar las instituciones de encierro que hoy tiene, mucho menos podrá controlar las que piensa crear. Todos los días hay noticias acerca de muertes en lugares de encierro (76 por causas violentas y/o dudosas durante el 2008, según los registros del Centro de Estudios en Política Criminal y Derechos Humanos). La Argentina ratificó el Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos y Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes en noviembre del 2004, pero no implementa los mecanismos de visita a los lugares de detención para prevenir los abusos, los malos tratos y la tortura.
– Porque el sistema penal es discriminatorio, selectivo, estigmatizante. Es decir: no persigue a todos por igual sino a los más pobres, los más vulnerables, los que menos «esfuerzo» tienen que hacer para caer en sus redes. Cuando los captura los separa del resto de la sociedad, y las huellas son más profundas y dolorosas cuando se provocan en niños y adolescentes.
– Porque los pibes son el eslabón más débil de los grupos delictivos y las empresas criminales. Casi siempre que un adolescente está inmerso en una situación violenta, es porque alguien con más edad y con más poder lo ha utilizado. Un niño de 14 años difícilmente robe un auto para cometer otros delitos. Lo más seguro y lo que indican todas las investigaciones es que recibe un arma y una paga miserable por conseguir ese auto que luego irá a un desarmadero, para que muchos de los que reclaman la baja en la edad de la punibilidad compren más baratos los repuestos para sus autos.
– Porque las penas previstas no son intocables. Se utiliza como un argumento a favor de la baja de edad de punibilidad el que se fijarán penas bajas. Pero estas penas pueden elevarse: basta que suceda algún hecho trágico o lo suficientemente difundido por los medios para que se dupliquen o tripliquen frente a un próximo clamor popular.
– Porque van a meter presas a las principales víctimas del neoliberalismo que esta sociedad votó y aceptó durante una década. Los adolescentes que hoy tienen 14 y 15 años nacieron entre 1994 y 1995, cuando millones de votantes reeligieron a Menem y sus políticas, con la consecuencia de desintegración social, marginación de millones de personas, destrucción de la escuela pública, pauperización y desempleo de los padres de estos adolescentes.
Los adultos tenemos la obligación de hacernos cargo de nuestras decisiones, no sólo de las que tomamos individualmente sino de las que avalamos, aceptamos o consentimos como sociedad. Y de ser consecuentes con lo mejor de nuestra historia, con la decisión que alguna vez tomamos de que los únicos privilegiados sean los niños. Aun éstos, los ajenos y demonizados.
CLAUDIA CESARONI (*)
Especial para «Río Negro»
(*) Centro de Estudios en Política Criminal y Derechos Humanos (Cepoc)
Veo diez razones para no bajar la edad de punibilidad a los 14 años: La primera, porque sería regresivo. En el Derecho Internacional de los Derechos Humanos rige el principio de no regresividad y de progresividad: está prohibido regresar a instancias anteriores de la cobertura de un derecho y sólo se puede avanzar en dicha cobertura. El Código Penal sancionado en 1921 establecía la edad de punibilidad en 14 años. Durante el gobierno peronista, en 1954, se estableció en 16 años. La dictadura derogó parcialmente esa norma y fijó la edad de punibilidad en 14 años. En mayo de 1983 la edad de punibilidad volvió a fijarse en 16 años. Regresar a la edad establecida por la dictadura no parece una medida dirigida a la mejor protección de nuestros adolescentes.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios
Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.
Gracias y disculpas por las molestias.
Comentar