Rebelión en La Pampa

Redacción

Por Redacción

La voluntad de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y del cada vez más poderoso secretario legal y técnico Carlos Zannini de reemplazar en las listas electorales del oficialismo a peronistas veteranos por militantes relativamente jóvenes de La Cámpora ha enojado a muchos, entre ellos el senador Carlos Verna que, en señal de protesta contra el atropello del que se siente víctima, acaba de renunciar a su candidatura a gobernador de La Pampa. Su actitud contrasta con la del mandatario bonaerense Daniel Scioli que, haciendo gala de la docilidad frente a Cristina que lo ha caracterizado desde que inició su gestión como vicepresidente en mayo del 2003, está procurando convencer a sus simpatizantes de que nada le complace más que tener a Gabriel Mariotto como su compañero de fórmula. Aunque Verna afirma que a su entender es lógico que la presidenta quiera contar con legisladores que siempre estarán dispuestos a apoyar todas las medidas propuestas por el Poder Ejecutivo nacional, también dice que al armar las listas “hubiese sido preferible hacerlo hablando más que imponiendo”. Por ser Verna, que fue gobernador pampeano entre el 2003 y el 2007, una figura respetada en su distrito, se prevé que su rebelión prive a la presidenta de muchos votos en las elecciones del 23 de octubre. Cristina y Zannini parecen creer que el malestar que ha sembrado entre los peronistas su forma autocrática de decidir la oferta electoral del Frente para la Victoria se limitará a los directamente perjudicados, de suerte que no tendrán por qué preocuparse, pero, como debería haberles enseñado el resultado de los comicios que se celebraron el domingo pasado en Tierra del Fuego, no les convendría minimizar la importancia de los factores locales. Su estrategia electoral se basa en la idea de que el poder de convocatoria de Cristina es tan irresistible que será más que suficiente como para compensar el escaso atractivo de muchos integrantes de La Cámpora. El 23 de octubre sabrán si están en lo cierto, pero no sorprendería demasiado que una franja sustancial del electorado emulara a los fueguinos que, para disgusto de la Casa Rosada, optaron por votar en contra de la candidata apoyada por Cristina. Mal que les pese a la presidenta y sus asesores, los paracaidistas políticos no están bien vistos en ninguna parte. Como señala Verna, la veinteañera de La Cámpora que fue elegida por Cristina para encabezar la lista de aspirantes a diputados nacionales nunca ha militado en La Pampa, lo que a su juicio fue un motivo más que adecuado para repudiarla. Es probable que muchos pampeanos compartan dicha opinión. La presidenta apuesta a que la intención de voto que según las encuestas ostenta sea transferible a todos sus favoritos, que en el cuarto oscuro el electorado privilegie la lealtad hacia ella de los candidatos por encima de sus propias cualidades y trayectoria. Sin embargo, aunque no cabe duda de que para algunos todo debería subordinarse a la lucha que se ha entablado entre Cristina y la oposición en el escenario nacional, otros siguen siendo reacios a olvidar que en teoría la Argentina es un país federal y por lo tanto no les gusta en absoluto ver marginados a dirigentes que conocen para que ocupen su lugar jóvenes ignotos pertenecientes a una agrupación que, si no fuera por el apoyo material, político y propagandístico que recibe de la presidenta, difícilmente conseguiría el 1% de los votos. Hasta ahora, el deseo manifiesto de la presidenta de hacer de La Cámpora su propia guardia pretoriana con el presunto propósito de entregarle el manejo del Partido Justicialista sólo ha motivado extrañeza, ya que los militantes de esta organización se han destacado más por sus lazos personales, cuando no familiares, con Cristina y su marido fallecido que por sus logros, pero si bien el peronismo es un movimiento tradicionalmente “verticalista”, no está escrito que se resigne mansamente a ser colonizado por contingentes nutridos de “imberbes”. Y aun cuando resulte que pocos dirigentes se animen a emular a Verna, existe el riesgo de que lo hagan sectores del electorado que, si bien esperan que Cristina siga en el poder por cuatro años más, no quieren verse representados por personajes que, de ser otras las circunstancias, no se les ocurriría nunca considerar merecedores de su voto.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 860.988 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Jueves 7 de julio de 2011


La voluntad de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y del cada vez más poderoso secretario legal y técnico Carlos Zannini de reemplazar en las listas electorales del oficialismo a peronistas veteranos por militantes relativamente jóvenes de La Cámpora ha enojado a muchos, entre ellos el senador Carlos Verna que, en señal de protesta contra el atropello del que se siente víctima, acaba de renunciar a su candidatura a gobernador de La Pampa. Su actitud contrasta con la del mandatario bonaerense Daniel Scioli que, haciendo gala de la docilidad frente a Cristina que lo ha caracterizado desde que inició su gestión como vicepresidente en mayo del 2003, está procurando convencer a sus simpatizantes de que nada le complace más que tener a Gabriel Mariotto como su compañero de fórmula. Aunque Verna afirma que a su entender es lógico que la presidenta quiera contar con legisladores que siempre estarán dispuestos a apoyar todas las medidas propuestas por el Poder Ejecutivo nacional, también dice que al armar las listas “hubiese sido preferible hacerlo hablando más que imponiendo”. Por ser Verna, que fue gobernador pampeano entre el 2003 y el 2007, una figura respetada en su distrito, se prevé que su rebelión prive a la presidenta de muchos votos en las elecciones del 23 de octubre. Cristina y Zannini parecen creer que el malestar que ha sembrado entre los peronistas su forma autocrática de decidir la oferta electoral del Frente para la Victoria se limitará a los directamente perjudicados, de suerte que no tendrán por qué preocuparse, pero, como debería haberles enseñado el resultado de los comicios que se celebraron el domingo pasado en Tierra del Fuego, no les convendría minimizar la importancia de los factores locales. Su estrategia electoral se basa en la idea de que el poder de convocatoria de Cristina es tan irresistible que será más que suficiente como para compensar el escaso atractivo de muchos integrantes de La Cámpora. El 23 de octubre sabrán si están en lo cierto, pero no sorprendería demasiado que una franja sustancial del electorado emulara a los fueguinos que, para disgusto de la Casa Rosada, optaron por votar en contra de la candidata apoyada por Cristina. Mal que les pese a la presidenta y sus asesores, los paracaidistas políticos no están bien vistos en ninguna parte. Como señala Verna, la veinteañera de La Cámpora que fue elegida por Cristina para encabezar la lista de aspirantes a diputados nacionales nunca ha militado en La Pampa, lo que a su juicio fue un motivo más que adecuado para repudiarla. Es probable que muchos pampeanos compartan dicha opinión. La presidenta apuesta a que la intención de voto que según las encuestas ostenta sea transferible a todos sus favoritos, que en el cuarto oscuro el electorado privilegie la lealtad hacia ella de los candidatos por encima de sus propias cualidades y trayectoria. Sin embargo, aunque no cabe duda de que para algunos todo debería subordinarse a la lucha que se ha entablado entre Cristina y la oposición en el escenario nacional, otros siguen siendo reacios a olvidar que en teoría la Argentina es un país federal y por lo tanto no les gusta en absoluto ver marginados a dirigentes que conocen para que ocupen su lugar jóvenes ignotos pertenecientes a una agrupación que, si no fuera por el apoyo material, político y propagandístico que recibe de la presidenta, difícilmente conseguiría el 1% de los votos. Hasta ahora, el deseo manifiesto de la presidenta de hacer de La Cámpora su propia guardia pretoriana con el presunto propósito de entregarle el manejo del Partido Justicialista sólo ha motivado extrañeza, ya que los militantes de esta organización se han destacado más por sus lazos personales, cuando no familiares, con Cristina y su marido fallecido que por sus logros, pero si bien el peronismo es un movimiento tradicionalmente “verticalista”, no está escrito que se resigne mansamente a ser colonizado por contingentes nutridos de “imberbes”. Y aun cuando resulte que pocos dirigentes se animen a emular a Verna, existe el riesgo de que lo hagan sectores del electorado que, si bien esperan que Cristina siga en el poder por cuatro años más, no quieren verse representados por personajes que, de ser otras las circunstancias, no se les ocurriría nunca considerar merecedores de su voto.

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