Resistencia a frío
El Jardín de Casa
Habiendo entrado en el otoño, una de las principales preocupaciones que tenemos ahora los “locos por las plantas” es qué va a pasar cuando comiencen los fríos invernales. Si bien aún nos quedan estimativamente los meses de abril y mayo, no es cuestión de quedarse dormido… “cocodrilo que se duerme, es cartera”. Todos los que tenemos jardines en esta región del Alto Valle, norte de la Patagonia, tenemos una idea bastante aproximada de cuáles son las plantas resistentes y cuáles las sensibles, por lo que se supone que hemos tomado las precauciones del caso, plantando en lugares estratégicos -protegidos y soleados en invierno- los arbustos y árboles medianamente resistentes e incluso creando microclimas con arbustos protectores o algún espejo de agua que ayude a estabilizar mínimamente las temperaturas. A las más sensibles, que son la gran mayoría de las tropicales o subtropicales, lo ideal sería plantarlas en macetas o macetones que se puedan poner a resguardo de las heladas pero, si no se las puede trasportar por su peso o por estar plantadas en el jardín, además de las precauciones anteriormente citadas, podemos recurrir a triquiñuelas de manejo del agua de riego. El daño que producen las heladas en los tejidos y vasos conductores de savia, son similares a los que sufren las cañerías domiciliarias expuestas a bajas temperaturas. El agua en su interior se congela, aumenta de volumen y la presión que ejerce el hielo produce la rotura, en este caso, de los tejidos. El contenido celular se derrama, los tejidos mueren y nosotros percibimos en el aire el olor característico de ese fenómeno. Una medida interesante es comenzar a reducir la frecuencia y volumen del riego. Un arbusto o un árbol, mientras reciba abundante riego con agua de buena calidad, se verá estimulado en la circulación de savia y producción de tejidos nuevos y tiernos. En cambio si ve reducir paulatinamente ese aporte de agua, disminuirá la circulación de savia, se produce un detenimiento del crecimiento vegetativo, se acelera la abscisión de follaje y los tejidos se van deshidratando. El gran obstáculo, es saber hasta qué punto se puede restringir ese aporte de agua, sin dañar al vegetal y eso, colega, es una cuestión de sensibilidad muy difícil de explicar, pero que la mayoría afortunadamente tenemos y que practicamos “semblanteando” a la planta, lo que nos permite darnos cuenta de cuál es el límite. Para darle una guía “de bolsillo”, digamos que si en la época de crecimiento el suelo debería estar siempre húmedo, a partir del otoño debe estar “tirando a seco”, sin desecarse totalmente y eso se comprueba a “ojímetro” o tomando una pequeña muestra en la mano… si mancha la mano, está demasiado húmeda para este caso y si se desgrana totalmente, demasiado seca. Vaya haciendo experiencia desde ahora -aún le quedan dos meses para corregir errores- y tenga en cuenta que los vegetales son sumamente resistentes y sabrán compensar los desvíos en el tratamiento, que difícilmente sean demasiado graves. ¡Avanti, bersaglieri!
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