Río Negro es la tercera provincia con más casos por cantidad de habitantes

Los datos estadísticos confrontan la visión optimista del gobierno provincial. La curva de contagios se mantiene a pesar de los casos recuperados.

A pesar de los mensajes optimistas que brinda la secretaria de Políticas Públicas de Salud de la Provincia, Mercedes Ibero, Río Negro tiene uno de los peores índices de contagios por coronavirus por cantidad de habitantes, superior a muchas de las regiones más pobladas de nuestro país. Neuquén, que tiene una relación no mucho mejor, presenta otros indicadores que muestran que la curva se aplanó: varios días sin nuevos casos.

El exdirector de Epidemiología de la Provincia Juan Cruz Astelarra sostiene que no basta con la mirada de los infectólogos, es preciso un trabajo más comunitario (ver aparte).

En reglas generales, el covid-19 no llegó a los barrios y las poblaciones con menores recursos de cada ciudad. Una simple lectura de lo que está ocurriendo en las villas de la ciudad de Buenos Aires debería disparar una acción preventiva.

La provincia con peor relación entre los casos detectados y la cantidad de habitantes la tiene Tierra del Fuego, con 82 cada 100.000 personas (hubo un foco inicial por el turismo); le sigue la ciudad de Buenos Aires, con 45,6 y en tercer lugar, Río Negro, que tiene 34,6 casos cada 100.000 habitantes.

Los números surgen del gran trabajo estadístico que Juan Andrés Fraire (@TotinFraire), investigador del Conicet, pone a disposición de todos en la web, igual que Jorge Aliaga (@jorgeluisaliaga), físico y exdecano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.

«El 22 de abril el ministro de salud de Río Negro afirmó que están trabajando 30 epidemiólogos, si así fuera no se entienden los datos”.

Marcio Alazraqui, director de la Especialización en Epidemiología (UNLanús).

La situación de Río Negro se observa más complicada que la de provincias muy pobladas, como Santa Fe, que no sólo tiene menos contagiados en términos nominales sino que además presenta una relación contagios/habitantes de solo 6,9 contra el mencionado 34,6 de Río Negro.

La situación “hace que se deban adaptar herramientas y estrategias a veces muy distintas a las que nos han enseñado como médicos, y aún a todas las que hemos desarrollado como generalistas. Algunas herramientas son estadísticas para evaluar lo que está pasando y qué puede pasar; comunicacionales, cómo se informa, qué se informa (la comunidad debe saber versus no hay que alarmar; el mayor miedo del sector gobernante: nos van a culpar) no solo del desarrollo del evento, sino de las medidas de prevención y de los problemas que surjan de su aplicación, y de cómo presentarlas a los que toman las decisiones para que estas sean las mejores posibles”, publicó la Asociación Rionegrina de Equipos de Salud.

Hisopados

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tests se habían realizado hasta el miércoles pasado en la provincia de Río Negro, según la información oficial.

“En Río Negro la tasa de mortalidad es de 3,5%”, informó el gobierno de Arabela Carreras esta semana. El director de la especialización en Epidemiología de la Universidad Nacional de Lanús, Marcio Alazraqui, tras leer el documento del gobierno, advirtió, en un artículo que publica Río Negro que ese valor “es incorrecto. El autor de la nota confunde la ‘tasa de letalidad’ con la ‘tasa de mortalidad’. No se trata de un simple error, sino de una cuestión conceptual, que confunde al lector porque se trata de dos conceptos que tienen significados muy diferentes, y que son utilizados por la demografía y la epidemiología desde sus orígenes”.

Un especialista pide una “visión epidemiológica”

Juan Cruz Astelarra, exdirector de Epidemiología de la Provincia, le recomendó al gobierno de Arabela Carreras una mirada de la crisis sanitaria con mayor acento en la epidemiología (“que no es lo mismo que la infectología”, advierte), más trabajo de campo en conjunto con los centros de salud que despliegan las políticas de atención primaria y con los comités de emergencia locales. Además sugirió intensificar los testeos entre los grupos de riesgo, como fuerzas de seguridad y personal de salud, a los que les sumó las y los cajeros de supermercados.

“Estamos corriendo por detrás, nunca nos pusimos delante” de los acontecimientos en relación con la pandemia.

De todos modos, este médico con décadas de experiencia en el sistema sanitario, que hoy está retirado y vive en El Bolsón, parte de una premisa: “la única certeza es que no hay ninguna certeza”.

Explicó que un epidemiólogo, a diferencia de los especialistas en infectología, no miran a una persona, a un paciente, sino a una comunidad, que “tienen referentes; cada barrio es particular”.

“Esta es la complejidad que no se está usando en la provincia”, advirtió antes de hacer notar que el gobierno no está siendo asistido por “30 epidemiólogos”, como se informó de manera oficial.

La detección del paciente cero habría sido importante en un inicio; “ahora es tarde”, consideró Astelarra en virtud de la diseminación comunitaria del virus. La excepción podría ser si se detecta un nuevo foco.

“Lo más difícil de cambiar son los comportamientos de las sociedades; la nuestra hace gala de no cumplir las normas”, fue crítico, aunque enseguida dijo que ante esta crisis los argentinos demostraron una “responsabilidad admirable”, que fue una “enorme barrera” para crecimiento de los contagios. Se lo atribuye en gran medida a la política del presidente Alberto Fernández.

De todos modos, su pensamiento es que en ciudades donde no hay circulación comunitaria del virus, debe ablandarse el aislamiento social. Es una medida en función de “lo económico, lo social y también de la mente de cada uno”. Y puso como ejemplo la ciudad donde vive, que tuvo dos contagios, importados, sin que se hayan detectado más casos. De hecho, en El Bolsón se comenzó a flexibilizar la cuarentena.

“Hay que aclarar que ni en Argentina ni en Río Negro va a haber una catástrofe ni fosas comunes. Rescato la actitud social; me maravilla cómo se está cumpliendo”. Y se preguntó por qué en Neuquén la situación parece más controlada. “El río no es un antiviral”, dijo.

En Cipolletti hay más flexibilizaciones y más casos

La flexibilización en Cipolletti comenzó, paradójicamente, con el incremento de casos positivos de covid-19. Entre el 30 de abril y el 6 de mayo se registraron 10 nuevos contagios en la ciudad. Si bien desde el Comité de Crisis entienden que se trata de una situación “normal” y que no hay un incremento exponencial de casos, la curva que venía cayendo comenzó a subir.

Luego de nueve días sin contagios, el último había sido el 21 de abril, el jueves 30, justo cuando se resolvió levantar algunos bloqueos y reactivar el comercio, se registraron dos casos positivos. Al día siguiente se sumó uno más.

El miércoles, el municipio comunicó una nueva flexibilización que comenzará a funcionar desde el lunes y que establece la apertura de muchos sectores comerciales.

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Roca y Allen: cómo será el regreso del comercio

La Cámara de Agricultura Industria y Comercio de Roca presentó ayer al Municipio una propuesta, con un esquema de horarios y protocolos de seguridad diferenciados por rubros para el regreso progresivo de la actividad desde la semana próxima.

La intención es que el gobierno local eleve toda la información a la Provincia en las próximas horas, para que la ciudad sea incorporada en los decretos que flexibilizaron la cuarentena. Una vez que surjan esos instrumentos, la intendenta María Emilia Soria emitirá una resolución de adhesión para que los cambios entren en vigente.

En Allen a partir del lunes estarán habilitados los comercios minoristas y mayoristas de “productos no esenciales” tras varios reclamos locales al Municipio y la Provincia.

La intendenta Liliana Martín explicó que la ciudad fue incluida en el decreto que se dictó hace unos días para 30 localidades. Pero aclaró que el Municipio tendrá la facultad de definir los horarios con la Cámara de Industria y Comercio de Allen (CICA).

Desde la cámara roquense adelantaron que los rubros indumentaria y calzado, bazar, ópticas y librerías –además de otros minoristas de productos no esenciales– serán los primeros en ser autorizados a abrir tres días a la semana, durante la mañana. A ellos se sumaría el personal del servicio doméstico, jardineros, servicios profesionales y la obra privada, cada uno con pautas específicas.Cervecerías, gastronómicos y heladerías continuarían sin atención al público, pero con la opción de delivery o take away. Peluquerías y autopartes se sumarían al esquema de cuatro horas, pero con un protocolo especial de protección para prestadores y clientes.

Las actividades vinculadas al deporte y la estética están más complicadas y desde CAIC se indicó que buscan elaborar un protocolo para que –aquellos que pueden– funcionen al aire libre.


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