La ganadería que degrada y la que regenera: cómo se toman las decisiones

La desertificación no es solo el resultado de cuánto se produce, sino de cómo se decide producir. Entender cómo se construyen las decisiones permite explicar por qué, en condiciones similares, algunos sistemas se degradan y otros se regeneran.

Redacción

Por Federico Boggio*

Si en el artículo anterior se planteaba el desafío de regenerar pastizales en sistemas productivos reales —muchas veces condicionados por años de degradación—, aquí el foco se desplaza hacia el proceso que define ese resultado: la forma en que se toman las decisiones en el manejo cotidiano.

Si la desertificación es consecuencia de decisiones acumuladas en el tiempo, el punto crítico no está solo en qué se hace, sino en cómo se decide hacerlo.

Durante mucho tiempo, el manejo ganadero se apoyó en esquemas relativamente estables: estructuras fijas, recorridos predefinidos y respuestas que se activan frente a determinadas condiciones. Este enfoque permitió ordenar la gestión en sistemas extensivos, pero también consolidó una forma de decidir muchas veces desconectada de la dinámica real del pastizal.

En ese contexto, muchas decisiones se toman por inercia. No porque sean incorrectas en sí mismas, sino porque responden a un marco que simplifica la realidad. Se ajusta la carga, se mueve la hacienda, se interviene sobre el campo, pero sin necesariamente interpretar qué está ocurriendo en el proceso.

Ahí aparece el problema.

Cuando el manejo se basa en reglas fijas, pierde capacidad de adaptación. Y en sistemas donde la variabilidad es la norma —como en la Patagonia—, esa pérdida tiene consecuencias directas sobre el funcionamiento del pastizal.

«Se ajusta la carga, se mueve la hacienda, se interviene sobre el campo, pero sin necesariamente interpretar qué está ocurriendo en el proceso».

Federico Boggio, director de HALKIS Consultores.

El punto no es eliminar la planificación, sino redefinir su rol.

Planificar no es anticipar exactamente lo que va a ocurrir, sino establecer un marco para decidir mejor: un marco que permita ajustar en función de lo que el sistema muestra, y no solo de lo que se esperaba.

Esto implica un cambio profundo en la forma de gestionar.

Las decisiones dejan de ser respuestas automáticas y pasan a ser el resultado de un proceso de observación, interpretación y ajuste. Ya no se trata de aplicar una secuencia, sino de leer el estado del pastizal y actuar en consecuencia. Ese proceso se expresa en decisiones concretas sobre cómo, cuándo y cuánto pastorear, que pueden descomponerse en un conjunto reducido de variables clave (Figura 1).

En ese proceso, el tiempo se vuelve la variable central. La forma en que se define ese tiempo —en relación con el estado de la planta— determina trayectorias de crecimiento muy diferentes (Figura 2).

Decidir cuándo entrar a un potrero, cuánto tiempo permanecer y cuándo salir deja de ser una cuestión operativa para convertirse en una decisión estratégica. De eso depende la frecuencia de uso de las plantas, su capacidad de recuperación y, en definitiva, el rumbo del sistema.

En ese sentido, el manejo deja de ser una sucesión de acciones para convertirse en la construcción de un patrón en el tiempo. Y es ese patrón —más que la carga o la práctica puntual— el que termina definiendo el resultado del sistema.

Esto no implica complejizar el manejo, sino hacerlo más preciso.

Un manejo simple puede ser altamente efectivo si está bien ajustado. Y uno complejo puede fallar si no responde a la dinámica del sistema. La diferencia no está en la técnica, sino en el criterio con el que se la aplica.

En este punto, el rol del productor no cambia en términos de responsabilidad, pero sí en la forma en que la ejerce.

Intercambio en territorio. El análisis colectivo de situaciones reales permite contrastar criterios y mejorar la toma de decisiones en el propio campo. Foto: Federico Boggio.
Intercambio en territorio. El análisis colectivo de situaciones reales permite contrastar criterios y mejorar la toma de decisiones en el propio campo. Foto: Federico Boggio.

Se trata de fortalecer un proceso de decisión continuo: observar, interpretar y ajustar de manera permanente en un sistema que está en constante cambio.

Y esto introduce un desafío adicional.

Tomar decisiones en este contexto implica operar con incertidumbre. No hay recetas universales ni valores óptimos trasladables de un campo a otro. Lo que funciona en un lugar puede no hacerlo en otro, incluso bajo condiciones similares.

Por eso, la calidad de las decisiones se vuelve central.

No en términos de “acertar siempre”, sino de construir un proceso que permita aprender, corregir y mejorar en el tiempo. De esa calidad dependen no solo los resultados ecológicos, sino también la eficiencia productiva y la sostenibilidad económica del establecimiento.

«La calidad de las decisiones se vuelve central. De esa calidad dependen no solo los resultados ecológicos, sino también la eficiencia productiva y la sostenibilidad económica del establecimiento».

Federico Boggio, director de HALKIS Consultores.

En ese camino, el aprendizaje colectivo cumple un rol clave, porque es allí donde el proceso de decisión se hace explícito y puede ser analizado.

Contrastar experiencias, discutir decisiones y analizar resultados con otros productores o técnicos amplía la capacidad de interpretación. No para copiar soluciones, sino para construir criterio.

Pero ese intercambio solo es valioso cuando se centra en los procesos y no solo en los resultados. Saber que un sistema “anda bien” o “anda mal” aporta poco si no se entiende cómo se tomaron las decisiones que llevaron a ese resultado.

En cambio, cuando los productores comparten cómo definen el momento de entrada, qué observan para decidir la salida o cómo ajustan la duración del pastoreo frente a un año distinto, el intercambio se vuelve operativo. Deja de ser una conversación general y pasa a ser una herramienta concreta para mejorar el manejo.

En ese sentido, el rol técnico también cambia. No se limita a transferir recomendaciones, sino que ayuda a estructurar el proceso de decisión: ordenar la observación, hacer explícitos los criterios y acompañar la interpretación del sistema en contexto.

Análisis y puesta en común. La discusión de observaciones y criterios permite transformar la experiencia en decisiones de manejo más ajustadas.
Análisis y puesta en común. La discusión de observaciones y criterios permite transformar la experiencia en decisiones de manejo más ajustadas. Foto: Federico Boggio.

Ese tipo de intercambio —entre pares y con soporte técnico— no reemplaza la decisión individual, pero la vuelve más robusta.

Porque en sistemas complejos, mejorar no depende de aplicar mejores recetas, sino de desarrollar mejor criterio.

Y ese criterio no se construye en abstracto, sino sobre situaciones concretas, en campos reales, enfrentando restricciones productivas, climáticas y económicas.

Ahí es donde empieza a hacerse visible la diferencia. No como una receta, sino como una trayectoria.

«Cuando los productores comparten cómo definen el momento de entrada, qué observan para decidir la salida o cómo ajustan la duración del pastoreo frente a un año distinto, el intercambio se vuelve operativo».

Federico Boggio, director de HALKIS Consultores.

Una trayectoria que, en algunos casos, permite revertir procesos de degradación y recuperar funcionamiento ecológico sin resignar producción. Y en otros, aun con buenas intenciones, no logra modificar el rumbo del sistema.

Esa diferencia —que no siempre se explica por los recursos disponibles, sino por cómo se construyen las decisiones en cada sistema— es la que empieza a hacerse visible cuando se analizan experiencias concretas.

Y es ahí donde el manejo deja de ser una práctica para convertirse en un proceso.

Un proceso que no se define por una técnica en particular, sino por la forma en que se toman las decisiones que la sostienen.

Y es en ese proceso —más que en las prácticas aisladas— donde se empieza a marcar la diferencia entre sistemas que se degradan y sistemas que se regeneran.

Esa diferencia no siempre es visible en el corto plazo. Pero se construye, decisión a decisión, sobre el mismo campo.

Y es justamente en esos casos donde esa construcción puede observarse con mayor claridad.

(*) Ingeniero Agrónomo Federico Boggio.
Director HALKIS Consultores.
Email: federicoboggio@halkis.com.ar


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Si en el artículo anterior se planteaba el desafío de regenerar pastizales en sistemas productivos reales —muchas veces condicionados por años de degradación—, aquí el foco se desplaza hacia el proceso que define ese resultado: la forma en que se toman las decisiones en el manejo cotidiano.

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