La “gran huerta” que imaginó en Bolivia se hizo realidad en Roca, con 85 hectáreas para proveer verduras desde la cordillera al mar
Quintín Rojas llegó a la Argentina proveniente de campos situados en los alrededores de Sucre, en Bolivia. En un principio hizo horticultura en el sur del país, pero las duras condiciones climáticas lo trajeron a la zona del Alto Valle, donde encontró las condiciones ideales para materializar su proyecto.
En General Roca la horticultura se abre paso entre chacras históricamente frutícolas y suma riqueza a una economía productiva cada vez más diversificada, que ya no solo tiene el eje en las peras y las manzanas que conquistan al mundo.
La historia de Quintín Rojas es una de las tantas que nacen con inmigrantes de países vecinos que llegan a la Patagonia con la mochila cargada de esperanza de poder construir un futuro mejor, siempre en base al esfuerzo constante y como fruto del trabajo diario. Así, hay miles de familias que hicieron de esta tierra su proyecto de vida.
La chacra de Quintín Rojas funciona los doce meses del año y combina producción a campo abierto con varias hectáreas bajo techo, y que también conjuga venta directa al público con distribución regional tanto hacia la cordillera como a localidades ubicadas bien al sur del país. El resultado de esta combinación es una chacra dinámica, familiar y en constante crecimiento.

Quintín Rojas llegó al Alto Valle en 2010 después de haber pasado por Chubut, donde trabajó en un emprendimiento ubicado entre las ciudades de Trelew y Gaiman. Allí se dedicó también a la horticultura, pero el clima más riguroso acortaba demasiado las temporadas productivas.
“Allá es más duro el clima, y eso acorta mucho la temporada, el clima te juega en contra. En esta zona es mejor que en el sur, de acá no me voy más…”, dice convencido a Río Negro Rural.
El contraste con Río Negro fue determinante para el cambio de rumbo del proyecto hortícola de la familia Rojas: la mayor estabilidad climática, la disponibilidad de agua y la cercanía a centros urbanos terminaron por consolidar su decisión de radicarse definitivamente en la zona.
“Primero comencé alquilando el campo y ahora ya pude comprar una parte, acá tengo 32 ha propias y en el otro campo tengo 25”.
Quintín Rojas, productor hortícola en General Roca.
Hoy trabaja unas 85 hectáreas en total, distribuidas entre el predio principal en Roca, que incluye unas 60 hectáreas, y otro campo que trabajan en la zona de Colonia Fátima, que suman unas 25 hectáreas más.
El trabajo sostenido a lo largo de los años le otorgó a la familia Rojas la posibilidad de adquirir varias hectáreas de esas chacras que en un principio fueron rentadas. “Primero comencé alquilando el campo y ahora ya pude comprar una parte, acá tengo 32 ha propias y en el otro campo tengo 25”, cuenta el productor.
Una chacra con producción todo el año
La diversidad de cultivos es la base del sistema productivo que pregonan los Rojas. La lista incluye lechuga en sus distintas variedades (manteca, repollada, morada), repollo, tomate, morrón, berenjena, apio, choclo y papa, entre otros productos de estación. La planificación busca que nunca falte mercadería disponible en ninguna época del año.

La lógica utilizada para producir es clara: cuando termina un cultivo, ese lote entra rápidamente en rotación para dar lugar al siguiente. El descanso del suelo es breve y planificado, lo suficiente para preparar la nueva implantación. Así, la chacra mantiene actividad permanente y asegura abastecimiento continuo a sus clientes.
El esquema productivo se divide entre campo abierto e invernaderos. Durante los meses cálidos, la mayor parte del trabajo se desarrolla al aire libre. Cuando bajan las temperaturas, los invernaderos toman protagonismo y permiten sostener el ritmo de producción. Actualmente, el establecimiento cuenta con unas ocho hectáreas bajo cubierta, una superficie clave para extender la temporada y anticipar cosechas tempranas.
“Prácticamente no se deja descansar la tierra, son unos 20 días sin producir y ya ponemos lechuga, en agosto ya ponemos otras plantas, y así continuamos todo el año, siempre hay algo para vender”.
Quintín Rojas, productor hortícola de General Roca.
El cultivo de lechuga ejemplifica esta dinámica: los ciclos productivos pueden reducirse notablemente bajo cubierta gracias a la temperatura y al manejo controlado del riego. “Prácticamente no se deja descansar la tierra, son unos 20 días sin producir y ya ponemos lechuga, en agosto ya ponemos otras plantas, y así continuamos todo el año, siempre hay algo para vender”, cuenta Quintín sobre el sistema utilizado.
El agua como eje del sistema
El riego es uno de los pilares de la chacra. La combinación de perforación propia y acequias asegura disponibilidad hídrica permanente, mientras que el riego por goteo permite administrar el recurso con precisión. Este sistema optimiza el uso del agua y reduce costos, algo fundamental en un contexto de insumos cada vez más caros.

Dice Rojas: “En este momento no ocupo mucha agua porque tengo sistema de riego por goteo y uso una perforación, con unas bombas eléctricas o un motor a combustible se puede manejar bien sin desperdiciar”.
El manejo hídrico varía según el cultivo y la época del año, con programaciones específicas para cada lote. La eficiencia del sistema permite sostener la producción incluso en períodos de altas temperaturas, aunque el calor extremo sigue siendo un desafío.
Tecnología y mecanización
La chacra cuenta con maquinaria propia, desde tractores pequeños hasta equipos de mayor potencia destinados a las labores pesadas de suelo. La mecanización ha reemplazado tareas que antes se realizaban manualmente, como la aplicación de fitosanitarios, mejorando la eficiencia y reduciendo tiempos de trabajo.

“Maquinaria tenemos casi todo propio, tractores de 25 a 130 hp, los más grandes son para pasar el disco en el campo”, explica Quintín.
La incorporación tecnológica no se detiene. Entre los proyectos futuros aparece la posibilidad de sumar drones para monitoreo y aplicaciones, un paso que refleja la adaptación de la horticultura regional a nuevas herramientas. En el campo ya se realizaron algunas pruebas con drones que dejaron conforme al productor y espera contar con esta tecnología en próximas temporadas.
Costos, insumos y rentabilidad
Pero no todo es color de rosas en el emprendimiento. El contexto económico impacta directamente en la actividad. Semillas, fertilizantes y otros insumos cotizan en dólares y han experimentado fuertes aumentos en los últimos años. Aun así, la diversificación de cultivos permite sostener el equilibrio económico.

“Este año está tranquilo, nos quedamos con lo que tenemos hasta ahora. No fue un año bueno, los insumos se fueron para arriba, semillas, fertilizantes, todo cotiza en dólares…”, cuenta el productor sobre uno de los inconvenientes con los que tienen que lidiar cada año.
La fertilización se basa principalmente en el uso de guano de gallina, una práctica extendida en la zona que aporta materia orgánica y nutrientes al suelo. En materia sanitaria, el manejo es moderado y enfocado en el control preventivo.
El productor reconoce que no todos los cultivos tienen la misma rentabilidad, pero el conjunto del sistema termina cerrando en positivo, lo que permite sostener la actividad y proyectar nuevas inversiones. “Cuando podamos vamos a hacer más invernaderos y ampliar la superficie de riego por goteo”, explica Rojas.
Trabajo familiar y organización diaria
La chacra funciona como una empresa familiar. Quintín trabaja junto a su esposa y sus tres hijos, quienes participan activamente en las tareas diarias. La jornada comienza antes del amanecer y se divide entre la atención al público, las labores de campo y la logística de carga y distribución.

La venta directa es uno de los rasgos distintivos del establecimiento. En la chacra conviven clientes minoristas, verduleros y distribuidores que compran en volumen. Este modelo permite ofrecer precios más accesibles que los del circuito tradicional y mantener una relación cercana con los compradores.
Además del mercado local, la producción viaja hacia distintos puntos de la Patagonia, incluyendo ciudades de la Línea Sur, Bariloche, San Martín de los Andes, Esquel, Comodoro Rivadavia y Trelew.
Logística y comercialización
La comercialización se realiza en bultos cerrados, un formato pensado para abaratar costos y facilitar la distribución. Muchas familias compran en conjunto y dividen la mercadería en el lugar, lo que refuerza el vínculo directo entre productor y consumidor.
El establecimiento también ha trabajado con grandes centros comerciales a través de intermediarios, una experiencia que podría retomarse en el futuro si las condiciones financieras resultan favorables.
Mirada a futuro
El crecimiento continúa siendo una meta permanente. Entre los planes figuran la construcción de más invernaderos, la ampliación de la superficie cultivada y la incorporación de nuevos cultivos, como la frutilla, que requiere conocimientos específicos antes de su implementación.
También aparece la posibilidad de producir papa en suelos más livianos y sumar infraestructura de riego. La expansión, sin embargo, está condicionada por la disponibilidad de maquinaria y los fondos necesarios para incorporar nuevas tierras.
La historia de Quintín Rojas refleja la de un productor que construyó su presente paso a paso, desde sus orígenes rurales en los alrededores de Sucre, en Bolivia, hasta su consolidación en el Alto Valle. La horticultura le permitió generar estabilidad económica, sostener a su familia y pensar que el esfuerzo valió la pena.
El trabajo es intenso y constante, y en esa combinación se sostiene una chacra que produce sin pausa y que sigue creciendo temporada tras temporada.
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En General Roca la horticultura se abre paso entre chacras históricamente frutícolas y suma riqueza a una economía productiva cada vez más diversificada, que ya no solo tiene el eje en las peras y las manzanas que conquistan al mundo.
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