Ruslan y Oleg: dos visiones del país en la gélida Kiev
KIEV. – La sabiduría popular afirma que la ancestral guerra entre Rusia y Occidente por el destino de Ucrania acabó fragmentando a la antigua república soviética en el rompecabezas este-oeste que es hoy día. Los analistas también aseguran que el país es inherentemente inestable y que los rusos étnicos y los ucranianos que viven en el país son demasiado diferentes y están excesivamente polarizados para que alguna vez puedan convivir.
Todos habrían tenido muchos problemas esta semana para explicar el comportamiento de Ruslan Dmitruk y Oleg Antonov, mientras ambos buscaban un poco de calor ante un tacho de basura ardiendo, a modo de estufa, en un gélido parque de Kiev.
Dmitriuk y Antonov están en bandos opuestos en la crisis que lleva seis días azotando a su país, tras las pasadas elecciones.
Ambos viajaron a la capital, dicen, para expresar su apoyo a sus respectivos candidatos en el conflicto de poderes. Pero protestar toda la jornada aguantando los rigores del mercurio es tarea compleja para cualquiera, sea del bando que sea, por lo que el improvisado calentador ayuda a pasar el arduo momento.
Su debate bajo el frío se produce en voz alta y está acompañado de animados gestos con los brazos. El olor a humo se alza velozmente como una columna hacia el cielo, pero no se masca en esta situación de tensión ningún signo de violencia.
Dmitriuk, de 39 años, es oriundo de la región de Ternopil. Es un ucraniano étnico casado y con dos hijos. Trabaja de ingeniero en una empresa de construcción privada. Junto con su mujer, en total consiguen a fin de mes menos de 200 dólares. Para niveles ucranianos, es suficiente para salir adelante y ahorrar algo, aunque muy lejos de la riqueza. Es alto, lleva bigote y un abrigo de lana abultado. «Esta es una batalla del gobierno contra su propio pueblo. Por supuesto, el gobierno tiene algunos simpatizantes, pero es el mismo apoyo que en los tiempos soviéticos: gente demasiado temerosa para levantarse y luchar por sus ideales. Todos los ucranianos están hartos de tener gobiernos criminales y ahora una mayoría se alza en pos de la democracia», asegura en ucraniano.
– «¡Están luchando en favor de Estados Unidos!», contraataca Antonov en perfecto ruso. «Nuestro país necesita un gobierno fuerte y mi candidato es Yakunovich. El puede darnos eso. Y si crees que a nadie le gusta Yakunovich te invito a que visites Donbass!», afirma. Donbass es la región más industrializada de Ucrania, se habla ruso, y es la zona más poblada del país.
Antonov, de 44 años, es oriundo del corazón de esa región, la ciudad de Donetsk. Sus manos agrietadas son la prueba de su trabajo en una mina de carbón. Es un ruso étnico, tiene mujer y un hijo. Gana unos 250 dólares por mes. Ultimamente saca algo más debido al insaciable apetito de carbón de una pujante y reconvertida industria local del acero. Antonov es bajo de estatura, afeitado perfecto a la navaja, y campera de cuero típica de la clase trabajador – «Me acuerdo bien cuando nuestra economía era un desastre y las minas de carbón tuvieron que parar la producción. No tenía dinero para alimentar a mi familia», dice Antonov. Yanukovich llegó al poder y las minas volvieron a producir: ahora me gano doce hrivnas -dos dólares- más por turno», afirma. «¿Por qué no debería prestar mi apoyo al hombre que ha hecho esto por mí?», pregunta. «¿Porqué debería marchar junto a ustedes, revolucionarios, que ignoran las leyes y quieren derrocar a todo un gobierno sólo porque no les gusta el resultado de las elecciones?», añade.
Cuando se le pregunta qué otros países han influido en sus orientaciones políticas, cada uno responde coincidentemente que es un patriota y afirma del otro que es un títere del extranjero.
– «Soy ruso, pero eso no significa que quiera que Rusia asimile a Ucrania. Sólo quiero que me permitan hablar ruso, que mi hijo aprenda ruso y quiero visitar a mis parientes en la región de Kuban (una cercana provincia). ¿Qué hay de malo en ello?», dice Antonov. «Son ustedes, los occidentales, quienes quieren arrastrarnos a Europa, obligarnos a seguir sus leyes y a pagarles tributos», añade.
– «¿Es que te estoy prohibiendo ahora que hables ruso?», responde Dmitriuk. «¡Habla ruso si quieres! No creo que -hablando de la Unión Europea- quieras renunciar a sus sueldos. Ucrania necesita seguir su propio camino, eso es todo. No necesitamos guerras como la de Chechenia o dictadores como Putin», argumenta.
En medio de la fría noche de Kiev, Antonov afirma que lo mejor sería una Ucrania independiente y que la guerra no arreglar la cosas. Los dos también coinciden en la solución a la crisis: «¡Qué decida el Tribunal Supremo! No se puede evitar que la gente se manifieste por las calles. La policía y el ejército no deberían meterse en esto».
– «Si no pasara esto, seguramente nos habríamos tomado un vasito de vodka, como si nada»,dice Antonov. Al final, ambos se dan la mano y cada uno enfila hacia sus respectivas manifestaciones.
( Stefan Korshak -DPA)
Nota asociada: Opositores rompen con el gobierno de Ucrania
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KIEV. - La sabiduría popular afirma que la ancestral guerra entre Rusia y Occidente por el destino de Ucrania acabó fragmentando a la antigua república soviética en el rompecabezas este-oeste que es hoy día. Los analistas también aseguran que el país es inherentemente inestable y que los rusos étnicos y los ucranianos que viven en el país son demasiado diferentes y están excesivamente polarizados para que alguna vez puedan convivir.
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