Scioli y la gobernabilidad

Por Redacción

Cuando un dirigente peronista da a entender que el movimiento en cuyo nombre habla es el único que está en condiciones de garantizar la gobernabilidad, lo que quiere decir es que a los compañeros más revoltosos les sería difícil soportar por mucho tiempo que un presidente de otro signo ocupara lo que algunos aún llaman “la casa de Perón”. Es por lo tanto preocupante que el candidato presidencial del Frente para la Victoria, Daniel Scioli, se haya puesto a asegurarnos que, merced al “respaldo del Partido Justicialista”, tendrá el poder suficiente para defender “la institucionalidad y la gobernabilidad”, como si creyera que, en el caso de que triunfara un rival en las elecciones que pronto se celebrarán, correrían peligro las instituciones democráticas y la paz social. Como Scioli, que es un político experimentado, sabrá muy bien, en boca de un peronista la palabra “gobernabilidad” tiene connotaciones amenazadoras, ya que sirve para advertirnos que un presidente radical, progresista o liberal sería incapaz de mantener tranquilos a los “muchachos” sindicales o los militantes de lo que suponen es el movimiento nacional por antonomasia. Aunque el peronismo ha cambiado mucho en los últimos años y no cabe duda de que en la actualidad amplios sectores se sienten plenamente consustanciados con la democracia “burguesa” que antes despreciaban, muchas corrientes internas siguen resistiéndose a abandonar actitudes propias de la primera época. Como acaba de recordarnos la conducta de ciertos prohombres del oficialismo tucumano, tales personajes sólo respetan las reglas democráticas cuando es de su interés hacerlo. Si por algún motivo temen ver menguado su poder, no vacilarán en violarlas, como en efecto hicieron aquellos activistas tucumanos que quemaron urnas, llenaron otras de votos para el candidato kirchnerista Juan Manzur e intimidaron a opositores con el propósito evidente de torcer la voluntad popular. Por desgracia, tales prácticas, como otras que son características del clientelismo desembozado tan típico de las provincias feudales, suelen brindarles los resultados deseados. También funcionan las amenazas insinuadas por quienes hablan de lo fundamental que es la gobernabilidad. En un país con tantos problemas sociales como el nuestro, millones se sienten atemorizados por la posibilidad de que todo se venga abajo, como sucedió en los días finales de la gestión del presidente radical Fernando de la Rúa antes de lograr los peronistas reemplazarlo definitivamente por uno de los suyos. En una democracia madura, virtualmente todos dan por descontado que un gobierno legitimado por los votos se mantendrá en el poder hasta que, conforme a la Constitución vigente, el electorado decida a favor de una alternativa, pero ocurre que nuestra democracia todavía no se ha consolidado, de ahí la alarma provocada por los escándalos, a veces acompañados por actos de violencia, que se han producido últimamente en distintas partes del país. Asimismo, bien antes de iniciarse la larga temporada electoral se instaló la sensación de que en esta oportunidad “la transición” de un gobierno a otro podría resultar ser traumática. Por cierto, lo visto hasta ahora parece presagiar una etapa tumultuosa debido a la resistencia de los beneficiados por “la década ganada” a permitir que el poder cambie de manos. ¿Se ha propuesto Scioli aprovechar tales temores? Si su intención es asustar a la gente hablando del espectro de la ingobernabilidad, o sea, del violento caos en medio de una crisis económica inmanejable, el clima político se hará aún más tenso de lo que ya es a causa de los truculentos episodios que se han registrado en Tucumán y Jujuy. En política, el miedo es siempre un mal consejero; quienes se sienten amenazados no tienen otra opción que prepararse para defenderse contra los presuntamente dispuestos a pisotear sus derechos, lo que plantea el peligro de que haya aún más conflictos. Así las cosas, convendría que Scioli, el candidato de una agrupación que no se ha distinguido por su voluntad de someterse a las reglas constitucionales o por su respeto por las instituciones democráticas, se esforzara por convencernos de que en este ámbito, por lo menos, no comparte las posturas de aquellos compañeros circunstanciales que se suponen “revolucionarios”.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Viernes 28 de agosto de 2015


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