Se entregó el ex policía pero no lo reconocieron



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Leonardo Bergara fue citado a una rueda de reconocimiento. Al igual que las otras, fue negativa.

BUENOS AIRES (Télam).- El ex policía José Pardini, quien estaba prófugo desde hace 20 días acusado de ser el principal sospechoso del secuestro de Leonardo Bergara, se entregó ayer a la Justicia y, tras no ser reconocido por la víctima, su esposa y dos testigos, quedó preso.

Su abogado, Gabriel Tartaruga, dijo que su defendido no tiene nada que ver con el caso y que hoy, una vez que acceda a la causa, va a declarar ante la fiscal Silvia Cavallo y el juez Luis Armella, del fuero federal de Quilmes.

En tanto, la casa del empresario se encontraba ayer custodiada por varios móviles policiales ya que ayer a la mañana recibió una amenaza de muerte a través de una llamada telefónica al 911 policial, en la que una voz masculina aseguraba: “Bergara, vas a ser boleta”.

Fuentes judiciales informaron que Pardini se presentó ayer a la madrugada junto a su defensor en la sede de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) Quilmes. La entrega ocurrió un día después de que el propio gobernador Daniel Scioli le pidiera públicamente al sospechoso, que fue echado de la fuerza en 1990, que se ajustara a derecho porque sino lo iban a ir a buscar a donde sea.

Los investigadores aseguraron que Pardini “es un viejo conocido” en el ámbito judicial de Quilmes, ya que era investigado en varias causas, una de ellas, por los delitos de “amenazas y coacción”, actualmente abierta y contra el juez Armella. Es más, el magistrado lo investiga desde el año pasado por otro delito y, en el marco de esa pesquisa, fue cuando Pardini “envió un mensaje intimidatorio” al juez, lo que motivó la posterior denuncia y la apertura de un expediente por “coacción”.

Tras quedar detenido, Bergara y su esposa se presentaron en la DDI Quilmes ya que la fiscal ordenó que Pardini sea sometido a una rueda de reconocimiento ante la pareja y dos testigos del caso, dijeron los informantes.

Uno de estos testigos es un albañil del barrio del secuestrado y otro, un hombre que vendió un chip de teléfono celular desde donde se realizó una comunicación a los aparatos intervenidos por los investigadores. En esa comunicación sospechosa se habla de la comida para el “chancho”, tal cómo se denomina en la jerga policial a una persona que está secuestrada.

“Las cuatro ruedas de reconocimiento fueron negativas”, aseguró ayer Tartaruga al salir de la sede policial.


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