Se viene un efecto dominó en Israel
El jefe del Estado Mayor israelí, Dan Haluz, ha pagado con su renuncia el precio de una guerra en el Líbano que el país ha percibido que ha salido mal.
Casi medio año después del final de la contienda contra la milicia radical chiíta Hizbollah y semanas antes de la publicación del informe de una investigación oficial, Haluz ha asumido las consecuencias del curso que tomó la intervención militar, en la que los objetivos declarados la liberación de dos soldados secuestrados y el desarme de Hizbollah no se consiguieron.
La caída del oficial, descrito con frecuencia como arrogante, no causa sorpresa. Inmediatamente después de la guerra ya había sido fuertemente criticado por haber vendido rápidamente acciones mientras las tropas salían de los cuarteles para su despliegue bélico.
La guerra y sus consecuencias han supuesto para Haluz la fase más difícil de su vida, según dijo él mismo.
En el 2002, despertó indignación después de que la Fuerza Aérea matase en la Franja de Gaza al líder de Hamas Salah Shehade, junto a su esposa y tres hijas. Haluz criticó después en una entrevista una dedicación obsesiva a los sentimientos que, según dijo, no es legítima en las Fuerzas Armadas. «Si de todos modos quieren saber qué siento al lanzar una bomba, se lo digo: siento una ligera sacudida en el plano de sustentación cuando se quita el cerrojo a la bomba. Acaba un segundo después y eso es todo».
Su renuncia podría ahora tener un efecto dominó adicional en el gobierno israelí, debilitado ya por otros escándalos. Y es que está creciendo la presión sobre el ministro de Defensa, Amir Peretz (del Partido Laborista) y sobre el propio primer ministro, Ehud Olmert (de Kadima) para que sigan el ejemplo del general. No se puede responsabilizar a Haluz de todos los fracasos, dijo el diputado Ofir Pines-Pas, del Partido Laborista. «La cúpula política no está libre de errores», agregó. Sahava Gal-On, jefa de la fracción del partido de izquierda Meretz, exigió más dimisiones. Varios políticos reclamaron que Olmert y Peretz no puedan seguir tomando decisiones sobre la sucesión de la cúpula del Ejército.
Mientras que a Peretz se le achaca escasa experiencia en cuestiones de seguridad nacional, Olmert recibe críticas desde dos frentes.
Sólo horas antes de la retirada de Haluz, la Fiscalía General del Estado inició investigaciones oficiales por presunta corrupción.
Olmert es sospechoso de haber influido ilegalmente, siendo ministro de Finanzas, en la privatización de un banco para favorecer a empresarios que conocía.
También lo ha debilitado un escándalo en torno de su directora de oficina, Shula Zaken, quien fue puesta bajo arresto domiciliario. Ella y el director de la autoridad fiscal israelí, Jacky Matza, están acusados de haber creado una red criminal en el cargo. Habrían concedido alivios fiscales y puestos de trabajo a cambio de sobornos.
«Por miedo a la próxima guerra no puedo dormir por las noches», fue citado ayer Roni Tzvangenboim quien, tras la guerra, se convirtió en un exponente de reservistas contrarios al conflicto. «No nos interesan las categorías de derecha e izquierda. Estamos ya hartos de los juegos políticos, los escándalos y los fracasos. El bastón de mando de la última guerra debe ser sustituido completamente», dice.
La pérdida de confianza en el gobierno israelí se refleja también en una encuesta reciente. Según ésta, las relaciones de poder entre el partido de Olmert, Kadima, y el opositor Likud, de derecha, en elecciones anticipadas se invertirían ahora. Kadima caería de los 29 escaños actuales en el Parlamento a 12, según el sondeo publicado por el periódico «Haaretz».
Sólo el 14% de los israelíes dice que está contento con el gobierno de Olmert.
CARSTEN HOFFMANN
DPA
El jefe del Estado Mayor israelí, Dan Haluz, ha pagado con su renuncia el precio de una guerra en el Líbano que el país ha percibido que ha salido mal.
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