Sebastián Pereyra: “El caso Boudou toma a

Politólogo, autor de una de las más rigurosas investigaciones sobre la corrupción que se hayan elaborado en las dos últimas décadas en el país, reflexiona aquí la compleja situación judicial del vicepresidente a la luz de la pérdida del poder K.

Por Redacción

OPINIÓN

Entrevista: Sebastián Pereyra, autor de “Política y transparencia”

Hace años que investiga y publica sobre política y corrupción en el país. ¿Qué le dice el caso Boudou desde esa experiencia profesional?

-En principio, y con independencia del devenir judicial de la causa pero sí desde la perspectiva política, el caso expresa la atonía o creciente desmejoramiento en términos de poder que tiene Cristina Kirchner: no está en condiciones de hacer nada que no le implique sumar más problemas de poder. La presidenta está flaca de poder.

-¿No hacer nada en términos de que eventualmente esté implicada en el caso Ciccone?

-No hablo de esa eventualidad, reflexiono desde la política; es más, mirando lo que es hoy lo que ayer se llamó poder K.

-¿Lo de hoy son migajas de aquel poder?

-Lo de hoy es luchas internas, pujas en camino a posicionarse para el 2015… es el convencimiento a lo largo de toda la línea K de que se avanza hacia ese año en condiciones de dificultades no imaginadas dos años atrás, y esto…

-¿Y esto qué?

-Esto libera o abona en parte las limitaciones de Cristina para plantarse ante el caso Boudou.

-Si no se puede avanzar desde la mirada política como para determinar que tiene las manos atadas porque posiblemente el caso Ciccone compromete la matriz histórica del poder K, o sea el matrimonio, y se acepta que hay luchas intestinas muy duras en el planeta K, ¿debe inferirse que dentro de ese esquema hay iguales al poder que ella tiene hoy?

-Iguales no, ella tiene la institucionalidad. Pero hay espacios que ya definen lo que quizá mañana sean territorios propios de poder. Eso es lo que esta semana comenzó a sucederle a Boudou en el Senado de la Nación. ¿Sabe qué es lo más elocuente en el caso Boudou en relación con el sistema de decisión K? Es un poder que venía de una, vamos a llamarla así, tradición de la que yo hablo en mi libro. Si leemos los casos fundados en sospechas de corrupción o manejo poco claro de cuestiones públicas en la era K, especialmente durante la gestión de Néstor Kirchner, y los reflexionamos desde lo términos de escándalo que generaron, el grueso de esos procesos implicó la salida de los funcionarios implicados. La degradación obligaba a sacarlos.

-¿La degradación de qué o de quién?

-La degradación del funcionario de cara a la sociedad cuando sí o sí existía la certidumbre de una conducta grave. Yo digo en mi libro que esa degradación siempre tiene una centralidad muy determinante en la dinámica de los hechos de esta naturaleza. En esa dialéctica debemos inscribir lo que sucedió, por caso, con la ministra de Economía Felisa Miceli, con funcionarios de Planificación por el caso Skanska o el caso de Pepe Albistur por el manejo de publicidad oficial. Kirchner, con todo el poder, el mayor poder que hubo en la década K, los desplazó. En términos puntuales, neutralizó la expansión del escándalo manejando en lo posible los costos que le implicaba.

-¿Con Cristina se volvió un poco al manejo que hizo Carlos Menem de casos de corrupción en su gobierno, dejar que las cosas corran y corran y ratificar de hecho a los sospechados?

-Puede ser leído así, es posible. Pero Menem mantuvo mucho poder a lo largo de su década. Pudo flaquearle al final, pero no más. Entonces, vuelvo a que los casos en términos de escándalo que más jaquean a Cristina la toman en tramos de creciente flaqueza de su poder en la interna del gobierno, de espacio K. Y, para reflexionar, un dato: no olvidemos además que Menem estuvo procesado, y creo que lo sigue estando por otras causas, por el caso de las armas. Salió absuelto, pero fue investigado en relación con su gestión como presidente en ese momento. Hoy podemos decir que el caso Boudou alcanza a un vice en ejercicio del poder. Pero vale aquel recuerdo a los fines de lo que posibilita la política en este país y en muchos.

-¿Me está diciendo que la política forma corruptos?

-No, nada de eso. Al reflexionar la corrupción solemos centrarnos en el personaje, en su ausencia de escrúpulos, moral, ética, lo que sea. Hacemos una biografía del personaje desde ese espacio. Pero el ejercicio del poder posibilita ya desde la política partidaria misma hasta cuando se asume un cargo institucional, la corrupción. Incluso la posibilita el ejercicio personalizado que define nuestro sistema político.

-¿Alienta a robar para la corona?

-Alienta todo ante la ausencia de controles del partido más ético que pueda existir sobre la forma en que logra recursos. No estoy excusando al corrupto, reflexiono en términos de posibilidades que se le presentan.

Recordando a Nino

El jurista Carlos Nino falleció en 1993, pero desde su gravitación como uno de los pensadores más creativos del tramo de la historia argentina iniciado con la transición a la democracia dejó una labor intelectual de mucha significación en temas que hacen a las conductas del país para con el derecho, la vida concretamente. En 1992, por caso, publicó “Un país al margen de la ley”, un trabajo emblemático en lo concerniente a la legendaria tradición de hacer de la anomia un estilo, una conducta.

En su libro “Política y transparencia. La corrupción como problema público”, Sebastián Pereyra recuerda que Nino advertía que al menos al momento de publicar su tratado no existía un estudio empírico sobre el tema de la corrupción en Argentina aunque el tema estuviera instalado masivamente en la sociedad. Y destacaba Nino, además: “Cualquier ciudadano público importante, cualquier juez del crimen o fiscal, cualquier embajador extranjero, tiene un rico anecdotario de casos de cohecho que ha podido observar y de las dificultades para denunciarlo, probarlo o juzgarlo”.

-Con independencia de cambios muy puntuales que puedan haberse dado en todo este andamiaje desde el momento en que Nino escribió su libro y el presente, no es menos cierto que cuando uno explora minuciosamente la corrupción que media en ese arco sigue vigente cierto abecé que él denunciaba como alentadores de la corrupción en el país -dice a “Río Negro” Sebastián Pereyra.

Veamos:

• Dificultad probatoria, debido a la lentitud, la organización del sistema judicial argentino y la falta de idoneidad para la investigación de fraudes.

• La falta de claridad normativa. La distinción entre un acto administrativo poco prudente y uno deshonesto no es clara.

• Los incentivos privados. Hay intereses económicos y oportunidades de negocios que se organizan al margen de la ley.

• Los mecanismos de selección de los funcionarios públicos.

• La profusión de reglas normativas que genera entre los ciudadanos la sensación de no poder distinguir las conductas lícitas de las ilícitas; por consiguiente, se genera una presunción de ilegitimidad permanente.

• El formalismo en el cumplimiento de las normas, orientadas a seguir la regla pero sin respetar su espíritu y finalidad.

• Los mecanismos de control en la función pública, ya que únicamente se realizan a priori de los actos administrativos, sin evaluaciones de los resultados.

• Una organización excesivamente burocrática de los trámites en la administración pública que multiplica la cantidad de funcionarios que pueden pedir algo a cambio para que el trámite avance.

Carlos Torrengo

carlostorrengo@hotmail.com