Sensación dérmica

por ENRIQUE CAMINO

rnredaccionviedma@yahoo.com.ar

Los violentos hechos delictivos con la continua aparición de armas de fuego dominaron la escena en la ciudad y con insinuaciones de final abierto, pese a que la preocupación por la pesada mochila reunió a la plana mayor de las autoridades municipales, la policía, fiscales, comerciantes y también miembros de juntas vecinales.

Las frías estadísticas le dieron la razón al secretario de Seguridad de la provincia, Miguel Bermejo, quien advirtió en el encuentro que los barrios capitalinos son menos peligrosos que los de otras ciudades rionegrinas como Bariloche o Cipolletti de mayor densidad poblacional.

Incluso el mapa del delito va en esa línea. Entre el 2003 y 2005 se registraron un promedio de más de 600 situaciones incriminantes en los tres primeros meses del año y llamativamente se redujo durante lo que va del año con 534 hechos.

El relevamiento aún no tiene una interpretación sobre los factores que movieron la curva hacia el descenso, en la cual juegan varios aspectos sobre desocupación y medición acerca de cómo impactan las políticas públicas.

Lo perturbante es que esa radiografía de carácter científico denota un modo de operar de los delincuentes que sí hay que tomar en cuenta. De ese medio millar de delitos hay 21 robos calificados. Sobre todo registrados en los últimos meses de la encuesta parcial y entre esa tipificación se incluye uso de armas con intimidación a personas o violencia de por medio.

Los propios autores del mapa admiten que acaso esto último marca lo que piensa la gente en la calle cobrando vida un entorno de inseguridad.

Pero a su vez, la Cámara de Comercio -por medio de su presidente, Abel Degliantoni- introdujo otro elemento: los comerciantes se están armando, dado que parecen confiar peligrosamente más en su valentía que en el accionar policial o judicial.

Además, el empresario reveló que resulta inquietante que los comerciantes ni siquiera cuentan con un manual de instrucciones.

Al menos para saber cómo actuar si algún delincuente les pone el caño de la pistola en la cabeza, como le ocurrió a un taxista días atrás, quien salvó milagrosamente su vida porque el disparo a la nuca le dio en el cuello.

El que maneja una billetera en la calle tampoco tiene otras salidas en la seguridad.

Pues, la conmoción por los robos a mano armada no se puede mitigar con la contratación de servicios privados de seguridad. Quizá una empresa pueda hacerlo porque en la actualidad -según fuentes del sector- se necesitan por lo menos 2.000 pesos para solventar ese tipo de servicios.

Un quiosquero o un almacenero, quienes apenas llegan al mes para soportar los costos mínimos, no pueden ni siquiera pensar en ello.

Ese disparo que salvó milagrosamente al trabajador del volante quizá actuó como el detonante para que el poder decisorio se juntara.

Ante los micrófonos, y luego de la reunión, el intendente Jorge Ferreira, el jefe de la Policía, Jorge Ucha o Bermejo consideraron positivo el encuentro prometiendo desde el área de seguridad más policías en la calle. La desventura es que la complejidad y la escasez de ideas no puede por ahora mitigar lo que la gente siente en la piel.


por ENRIQUE CAMINO

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