Si se apunta al 2014, que no siga



opinión

Pocas personas son capaces de generar sensaciones tan encontradas como Diego Maradona. Por un lado, enternece cuando habla con tanta pasión de la camiseta, de sus hijas y de los afectos. Por el otro, provoca extremo animadversión cuando incurre en groserías, subestima a los rivales y mal atiende a periodistas.

Más para los que lo hemos visto tan altivo como jugador, nos dio mucha compasión verlo detrás del Kun Agüero recibir -con tanto dolor- el tercer gol alemán.

Indudablemente Maradona encontró en la selección un espacio terapéutico y en su rol de motivador grupal no tuvo mayores grietas.

Ello es muy importante, aunque insuficiente. Los grandes equipos de deportes colectivos de la actualidad demuestran que se deben respetar los sistemas que alternan en su protagonismo a los jugadores que los ejecutan.

Las individualidades están para encontrar espacios o para florear las jugadas, pero no son un fin en sí mismas. Rinden y lucen, siempre en función de un juego de conjunto. Las demostraciones de Alemania, España y Holanda son en tal sentido suficientemente elocuentes.

Jugar tácticamente implica un orden colectivo y ello lleva mucho trabajo, convencimiento y capacidad en el entrenador, que luego debe ser asimilado por sus dirigidos.

Así hay directores técnicos que se convencen de un estilo y luego lo ejecutan seleccionando a tal fin a los jugadores, y están los que se adaptan a los futbolistas para luego definir a que jugarán. Pues bien, Argentina fue un híbrido. Si bien apostó ideológicamente a un juego ofensivo, este no estuvo sustentado en un andamiaje táctico y estratégico que lo respaldara.

En el primer partido comprometido contra una gran potencia, la apuesta pareció más a una timba. No se puede jugar un pleno a la capacidad individual de dos o tres jugadores, ya que es una ruleta donde se puede ganar, pero también perder mucho. Maradona, en este Mundial, tuvo la oportunidad histórica de jugar con las mejores cartas y no las supo utilizar.

No cabe dudas que puso lo mejor de sí y eso cabe reconocerlo, pero para ser técnico de la selección le faltan mayores conocimientos tácticos y estratégicos, cuestiones donde el estudio y la experiencia en el banco son gravitantes y donde Argentina cuenta con, al menos, tres buenos exponentes (Bianchi, Bielsa y Martino).

Para muchos hablar en contra de Maradona parece una herejía. Allí es donde se mezclan los tantos. No se valora al hombre de tantas vidas en una, ni al extraordinario jugador que fue. Simplemente al director técnico.

Por ello si se apunta al 2014 –con varios jugadores mundialistas por delante–, si se persigue un futuro acorde con el tipo de juego que practican las grandes potencias, si pretendemos no seguir viviendo del Mundial 1986; aunque dudo mucho que así ocurra, mejor será que no siga.

*Abogado. Prof. Nac. de Educación Física. marceloangriman@ciudad.com.ar


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Si se apunta al 2014, que no siga