Sigmund Freud, el viajero

Las impresiones íntimas de Sigmund Freud en sus viajes salen a la luz 63 años después de su muerte en un libro que recoge postales y correspondencia enviada a su familia.

VIENA, (ANSA).- La tercera pasión del gran médico vienés Sigmund Freud (1856-1939), después del psicoanálisis y la arqueología, eran los viajes. Italia fue siempre una de sus metas preferidas, como lo demuestran las postales que enviaba a su esposa Martha desde el lago di Garda, Roma o Palermo.

Por primera vez, 63 años después de la muerte del fundador del psicoanálisis, la correspondencia de viajes personales y privados con su familia, ha sido publicada en un libro titulado «Nuestro corazón apunta al Sur. Cartas de viaje 1895-1923», del editor alemán Verlag.

Todos los veranos, luego de enviar a su esposa Martha y a sus hijos de vacaciones a la montaña, en los Alpes, partía para hacer largos viajes. Además de visitar Italia en su totalidad, estuvo en Grecia, Suiza, Inglaterra y los Estados Unidos.

Al comienzo se movía en económicas carrozas postales, pernoctando en hosterías de poco precio. Más tarde, sus ingresos le permitieron trenes cómodos y grandes hoteles.

Pero fue después de convertirse en el «gurú» mundial del psicoanálisis, que con el honorario de un solo día de trabajo se podía permitir dos semanas de vacaciones en Italia.

Mientras viajaba, Freud escribía casi todos los días a su familia, en postales elegidas con gran cuidado, donde anotaba incluso sus impresiones más íntimas.

Para el padre del psicoanálisis, este irrefrenable deseo de viajar derivaba «de la estrechez y miseria de las condiciones de vida familiares sufridas en su juventud». Los viajes, explicó, son «una señal de libertad» y un «símbolo de la separación de su padre». Además, necesitaba huir de su ciudad, Viena, a la que vivía como una prisión.

«No sabes cuánto horror me produce Viena -contaba a un amigo- Hace apenas tres días que regresé y ya me volvió el típico malhumor de los vieneses. La vida aquí es una miseria».

En uno de los pasajes de postales que Sigmund Freud envió a su esposa Martha desde Venecia el 30 de agosto de 1895 le escribía: «Mi tesoro más querido (…) En este momento el clima es tórrido en todo el mundo. En cambio, en el agua y en los canales secundarios el calor es tolerable. A pesar de eso estamos muy bien. Programa de hoy: mercado del pez, compras, dos iglesias y la Giudecca. Por la tarde baño, luego paseo en góndola en el Canal Grande. Te he comprado una sombrilla veneciana, como la que he visto en casa de H. Aquí todo cuesta ridículamente poco. Cordiales saludos para tí y para todos los niños. Tu Sigm. Ya te he comprado la pulsera».

Freud murió exiliado en Londres el 23 de setiembre de 1939, a causa de un cáncer en el paladar y en la garganta, y los sufrimientos pasados en durante un viaje a Roma eran probablemente los primeros síntomas de su enfermedad.


VIENA, (ANSA).- La tercera pasión del gran médico vienés Sigmund Freud (1856-1939), después del psicoanálisis y la arqueología, eran los viajes. Italia fue siempre una de sus metas preferidas, como lo demuestran las postales que enviaba a su esposa Martha desde el lago di Garda, Roma o Palermo.

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