Sobre el accionar psiquiátrico

Por Ronaldo A. Varela (*)

Por Redacción

Desgraciadamente para él, la muerte de Juan Castro se transformó en una nebulosa que cubre la gran mayoría de sus contingencias. Tanto hay dudas sobre los problemas que tenía con la empresa de televisión, como dudas que tenía con su pareja, sus elecciones sexuales (íntimamente publicitadas a lo largo de su relación con los medios), el consumo de sustancias -que ya no era duda porque también provocó su íntima confesión frente a millones-, el consumo de sustancias previo a su acto presuntamente suicida y vaya a saber uno cuántas dudas más.

Desgraciadamente para él, la muerte de Juan Castro se transformó en una nebulosa que cubre la gran mayoría de sus contingencias. Tanto hay dudas sobre los problemas que tenía con la empresa de televisión, como dudas que tenía con su pareja, sus elecciones sexuales (íntimamente publicitadas a lo largo de su relación con los medios), el consumo de sustancias -que ya no era duda porque también provocó su íntima confesión frente a millones-, el consumo de sustancias previo a su acto presuntamente suicida y vaya a saber uno cuántas dudas más.

Pero en el último tiempo comenzó a tallar el tema de la «culpa» psiquiátrica hasta adquirir características de posible sanción legal (y si no llegara a serlo así, la sanción de la opinión pública que, obviamente, no se hace esperar en cuanto a categorizar las culpas en supuestos responsables).

Pero en el último tiempo comenzó a tallar el tema de la «culpa» psiquiátrica hasta adquirir características de posible sanción legal (y si no llegara a serlo así, la sanción de la opinión pública que, obviamente, no se hace esperar en cuanto a categorizar las culpas en supuestos responsables).

Los medios, a partir de un momento, comenzaron a puntualizar las obligaciones del psiquiatra, como si esto fuera tan fácil (hacerlo) como clavar un clavo.

Los medios, a partir de un momento, comenzaron a puntualizar las obligaciones del psiquiatra, como si esto fuera tan fácil (hacerlo) como clavar un clavo.

Lo que los informantes y formadores de opinión no saben es la enorme cantidad de problemas que los psiquiatras tenemos para hacer lo que, según protocolos de tratamientos, corresponde.

Lo que los informantes y formadores de opinión no saben es la enorme cantidad de problemas que los psiquiatras tenemos para hacer lo que, según protocolos de tratamientos, corresponde.

Desde la natural resistencia que todo paciente tiene a la sola mención de ir a consultar (al psiquiatra), hasta por todos aquellos pacientes que ya en la consulta «eligen» el tipo de tratamiento calcado a sus conveniencias, intentando manejar las conductas del profesional (esto es mucho más evidente en tratamientos de trastornos de tipo adictivo, puesto que en esos casos muchas veces la urgencia de fórmulas mágicas para obtener resultados inmediatos tapa la real incidencia de la enfermedad), el acercamiento al terapeuta es, por lo menos, complicado.

Desde la natural resistencia que todo paciente tiene a la sola mención de ir a consultar (al psiquiatra), hasta por todos aquellos pacientes que ya en la consulta «eligen» el tipo de tratamiento calcado a sus conveniencias, intentando manejar las conductas del profesional (esto es mucho más evidente en tratamientos de trastornos de tipo adictivo, puesto que en esos casos muchas veces la urgencia de fórmulas mágicas para obtener resultados inmediatos tapa la real incidencia de la enfermedad), el acercamiento al terapeuta es, por lo menos, complicado.

En cuanto al caso de referencia, era y es evidente que un trastorno depresivo con riesgo (no digo alto riesgo, sino riesgo a secas) de suicidio tiene como protocolo de conducta médica la internación. ¿Por qué?

En cuanto al caso de referencia, era y es evidente que un trastorno depresivo con riesgo (no digo alto riesgo, sino riesgo a secas) de suicidio tiene como protocolo de conducta médica la internación. ¿Por qué?

Por múltiples causas. Por contención de enfermería, por sedación medicamentosa o administración de antidepresivos, por aislar al paciente (no con sentido manicomial) y mantenerlo lejos del riesgo para sí o terceros, porque si el riesgo para sí es fácilmente demostrable por la tendencia al suicidio, en casos se puede dar que la decisión de final pueda ser impulsivamente «contagiada» a otras personas de interés vital incuestionable.

Por múltiples causas. Por contención de enfermería, por sedación medicamentosa o administración de antidepresivos, por aislar al paciente (no con sentido manicomial) y mantenerlo lejos del riesgo para sí o terceros, porque si el riesgo para sí es fácilmente demostrable por la tendencia al suicidio, en casos se puede dar que la decisión de final pueda ser impulsivamente «contagiada» a otras personas de interés vital incuestionable.

Ahora bien: ¿cuánta gente sabe acerca de los problemas que tenemos los psiquiatras cuando definimos esta conducta terapéutica: la internación?

Ahora bien: ¿cuánta gente sabe acerca de los problemas que tenemos los psiquiatras cuando definimos esta conducta terapéutica: la internación?

Si comenzamos la evaluación por el lugar donde uno vive, Bariloche, me animo a decir que prácticamente no hay ninguna clínica privada que acepte a paciente psiquiátrico alguno.

Si comenzamos la evaluación por el lugar donde uno vive, Bariloche, me animo a decir que prácticamente no hay ninguna clínica privada que acepte a paciente psiquiátrico alguno.

El hospital, que como todo nosocomio hace lo que puede, siempre y cuando no le entre a fallar el recurso humano (lo mejor que tenemos en Salud Pública), ni está preparado ni muchas veces tiene lugar para este tipo de pacientes. Sin embargo, siempre está.

El hospital, que como todo nosocomio hace lo que puede, siempre y cuando no le entre a fallar el recurso humano (lo mejor que tenemos en Salud Pública), ni está preparado ni muchas veces tiene lugar para este tipo de pacientes. Sin embargo, siempre está.

Uno podría suponer, entonces, que la preocupación pasaría a la seguramente incuestionable responsabilidad de las obras sociales: negativo.

Uno podría suponer, entonces, que la preocupación pasaría a la seguramente incuestionable responsabilidad de las obras sociales: negativo.

Pese a que hay leyes nacionales que imponen la obligación de cobertura de los tratamientos (e internaciones) psiquiátricos, son pocas las obras sociales que las cumplen. Prácticamente ninguna, por lo menos en estas localidades.

Pese a que hay leyes nacionales que imponen la obligación de cobertura de los tratamientos (e internaciones) psiquiátricos, son pocas las obras sociales que las cumplen. Prácticamente ninguna, por lo menos en estas localidades.

Y si por casualidad lo hacen, la cobertura que determinan generalmente está acotada a los tiempos mínimos, que no tienen en cuenta los de la enfermedad psiquiátrica. Ni hablar de los montos adjudicados a la posible prestación. No alcanzarían ni para mantener costos operativos mínimos de las instituciones. Si hablamos nuevamente de la realidad de la provincia, la obra social provincial (Ipross) distribuye como «reparto» a las prestaciones de todos los médicos psiquiatras de la provincia, a través de un sistema capitado con Federación Médica, cifras tan irrisorias que provocan el éxodo de los prestadores del sistema de seguridad social, lo que genera obviamente la falta de atención de los pacientes.

Y si por casualidad lo hacen, la cobertura que determinan generalmente está acotada a los tiempos mínimos, que no tienen en cuenta los de la enfermedad psiquiátrica. Ni hablar de los montos adjudicados a la posible prestación. No alcanzarían ni para mantener costos operativos mínimos de las instituciones. Si hablamos nuevamente de la realidad de la provincia, la obra social provincial (Ipross) distribuye como «reparto» a las prestaciones de todos los médicos psiquiatras de la provincia, a través de un sistema capitado con Federación Médica, cifras tan irrisorias que provocan el éxodo de los prestadores del sistema de seguridad social, lo que genera obviamente la falta de atención de los pacientes.

Pero a estos problemas se suma otro, a mi criterio, modificable.

Pero a estos problemas se suma otro, a mi criterio, modificable.

En la provincia de Río Negro, hace unos años, se promulgó una ley que en sus objetivos manifiestos (esto dicho en forma sintética) promovía la protección del paciente mental. Para ello -esto es mi opinión personal- creaba una serie de limitaciones al ejercicio de la profesión de tal manera que, queriendo evitar la creación o continuación de los sistemas manicomiales, sutilmente proveía al paciente mental de la protección necesaria para protegerse ¿de quién?: de los psiquiatras.

En la provincia de Río Negro, hace unos años, se promulgó una ley que en sus objetivos manifiestos (esto dicho en forma sintética) promovía la protección del paciente mental. Para ello -esto es mi opinión personal- creaba una serie de limitaciones al ejercicio de la profesión de tal manera que, queriendo evitar la creación o continuación de los sistemas manicomiales, sutilmente proveía al paciente mental de la protección necesaria para protegerse ¿de quién?: de los psiquiatras.

Esto dicho así suena poco entendible. Pero baste revisar un poco puntualmente esa ley (que antes de ser creada fue consultada en los grupos de Salud Mental de varias localidades y recuerdo haber estado en estas «consultas» en el de Bariloche) para verificar que el único lugar de internación posible para casos PSI es el hospital (o estructuras de Salud Pública), previo avisar al juez de turno que determinará si el accionar solicitado -la internación- es la medida correcta.

Esto dicho así suena poco entendible. Pero baste revisar un poco puntualmente esa ley (que antes de ser creada fue consultada en los grupos de Salud Mental de varias localidades y recuerdo haber estado en estas «consultas» en el de Bariloche) para verificar que el único lugar de internación posible para casos PSI es el hospital (o estructuras de Salud Pública), previo avisar al juez de turno que determinará si el accionar solicitado -la internación- es la medida correcta.

No hay posibilidad, en la provincia de Río Negro, de instituir formalmente y con todas las letras establecimientos psiquiátricos específicos dedicados no a generar manicomios o pacientes cronificados hasta el desgaste total, sino a lo que está destinada la moderna psiquiatría, por lo menos en otras partes del mundo: la atención de la urgencia PSI y las internaciones mínimas con alta programada, con la contención familiar necesaria y la esperanza de superar el trance y volver a la sociedad. Esto -otra vez opino personalmente- es cuidar con responsabilidad al paciente, no batallar contra el ejercicio de la profesión con modelos importados de lugares del mundo donde sí existieron manicomios y la evolución de la psiquiatría pasó por experiencias seguramente de temor con respecto a los eventuales curadores. Pero ésta es la historia de la humanidad y la evolución de una profesión que, con orígenes en las artes de la magia para curar a sus pacientes, es hoy en día ejemplo de evolución en todos sus aspectos terapéuticos.

No hay posibilidad, en la provincia de Río Negro, de instituir formalmente y con todas las letras establecimientos psiquiátricos específicos dedicados no a generar manicomios o pacientes cronificados hasta el desgaste total, sino a lo que está destinada la moderna psiquiatría, por lo menos en otras partes del mundo: la atención de la urgencia PSI y las internaciones mínimas con alta programada, con la contención familiar necesaria y la esperanza de superar el trance y volver a la sociedad. Esto -otra vez opino personalmente- es cuidar con responsabilidad al paciente, no batallar contra el ejercicio de la profesión con modelos importados de lugares del mundo donde sí existieron manicomios y la evolución de la psiquiatría pasó por experiencias seguramente de temor con respecto a los eventuales curadores. Pero ésta es la historia de la humanidad y la evolución de una profesión que, con orígenes en las artes de la magia para curar a sus pacientes, es hoy en día ejemplo de evolución en todos sus aspectos terapéuticos.

Entonces, y volviendo al desgraciado episodio de Juan Castro y de las responsabilidades inherentes a la participación de profesionales del área (a pesar de haber ocurrido el hecho en la Capital Federal, por lo que algunas de las consideraciones referidas a las realidades provinciales no le competen), sugiero a los medios que antes de emitir opinión, conozcan todos estos detalles que después de que los hechos pasan, no son tenidos en cuenta más que por los que conocemos las cosas desde el lado de adentro.

Entonces, y volviendo al desgraciado episodio de Juan Castro y de las responsabilidades inherentes a la participación de profesionales del área (a pesar de haber ocurrido el hecho en la Capital Federal, por lo que algunas de las consideraciones referidas a las realidades provinciales no le competen), sugiero a los medios que antes de emitir opinión, conozcan todos estos detalles que después de que los hechos pasan, no son tenidos en cuenta más que por los que conocemos las cosas desde el lado de adentro.

Si bien las conductas están protocolizadas en el accionar terapéutico, muchas veces cuesta definir la real condición de alienación de un paciente respecto de disponer de sus propias decisiones o actos, mucho más en trastornos de adicción donde la sutil diferencia se plantea en elecciones que son categorizadas como elecciones de vida, sin tener en cuenta la real incidencia de enfermedad que tienen.

Si bien las conductas están protocolizadas en el accionar terapéutico, muchas veces cuesta definir la real condición de alienación de un paciente respecto de disponer de sus propias decisiones o actos, mucho más en trastornos de adicción donde la sutil diferencia se plantea en elecciones que son categorizadas como elecciones de vida, sin tener en cuenta la real incidencia de enfermedad que tienen.

Si no se es consciente como paciente o familiar de la categoría de enfermedad, mucho menos se va a buscar el accionar correcto que la psiquiatría propone y se termina justificando un abandono de tratamiento o firmando altas no autorizadas por el médico, en las que siempre queda constancia de la condición del paciente o su familiar como totalmente responsables de la decisión.

Si no se es consciente como paciente o familiar de la categoría de enfermedad, mucho menos se va a buscar el accionar correcto que la psiquiatría propone y se termina justificando un abandono de tratamiento o firmando altas no autorizadas por el médico, en las que siempre queda constancia de la condición del paciente o su familiar como totalmente responsables de la decisión.

Si esto es así, la psiquiatría termina vencida por la propia determinación de elección de las conductas humanas.

Si esto es así, la psiquiatría termina vencida por la propia determinación de elección de las conductas humanas.

¿Debe ser así?

¿Debe ser así?

(*) Médico psiquiatra, adicciones y perito forense

(*) Médico psiquiatra, adicciones y perito forense


Comentarios

Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.


Gracias y disculpas por las molestias.



Comentar
Exit mobile version