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Batalla campal en un vagón del tren de Neuquén

Policías territorianos debían arrestar a un soldado que estaba por partir hacia el regimiento de Covunco. Sus compañeros lo defendieron y volaron golpes de un lado a otro. "Somos soldados del Ejército, no reconocemos la autoridad de la policía del Territorio", dijeron.

Era el 1 de enero de 1939 en la ciudad de Neuquén. Como postal habitual, la estación de trenes era una romería. Gente iba y venía por los andes y los vagones del tren estaban colmados de conscriptos que se iban a incorporar al regimiento 10 de infantería de Covunco. La formación estaba a minutos de partir hacia Zapala.

Nada hacía presagiar que aquella rutina tan común en el pueblo de la capital podría ser modificada. Hasta que a metros de la estación, sobre avenida Argentina, vieron a dos policías territorianos, el sargento Ipuche y el cabo Bacán, correr desesperadamente para llegar a tiempo a la estación antes de que la formación partiera.

“La orden que debían hacer cumplir, era detener al conscripto Guillermo Sabatel, cuya captura había sido recomendada por la subcomisaría de Colonia Centenario, por estar acusado de hurto”, relató el historiador neuquino, Rodrigo Tarruella, en un escrito que se publicó en www.masneuquen.com.ar.
Allí comenzaría lo que se conoció como “la rebelión en el tren”.

Con ayuda de otros policías subieron al tren en busca de Sabatel. Los conscriptos con sus uniformes pero finalmente lograron dar con él e intentaron arrestarlo. Inmediatamente se levantaron todos sus compañeros y lo rodearon para evitar la detención. Uno de ellos, grito: “somos soldados del Ejército, no reconocemos la autoridad de la policía”.

Los policías fueron en busca de un sargento del Ejército que pudiera hacer desistir al reo, pero esto tampoco alcanzó.

Los soldados reforzaron la barrica alrededor de su compañero, “dispuestos a impedir de cualquier manera que lo detuvieran. Empezaron los forcejeos, luego siguió el intercambio de golpes. Los puños cerrados volaron de un lado a otro, acompañados de insultos. La desventaja numérica era evidente. Los representantes de la ley territoriana tenían las de perder. Sus garrotes no eran suficientes contra la férrea voluntad de los jóvenes soldados”, contó Tarruella.

El sargento de policía golpeado tomó una decisión, pero tenía un as bajo la manga. Ordenó la retirada y el tren emprendió su marcha hacia el destino previsto con Sabatel a bordo y el sabor de la victoria de los soldados.

Pero acá se jugaron los policías la última carta que tenían para cumplir la misión encomendada. Enviaron un telegrama al comisario de Zapala para que detuvieran al reo inmediatamente llegara el tren y por las dudas, le dieron aviso a los oficiales del regimiento para que se acercarán a la estación “por si se producían incidentes”.

Cuando la formación llegó a Zapala, Sabatel fue detenido sin más. “La gloria es efímera y hay que disfrutarla mientras dure”, concluyó el historiador.


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