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Villa Florencia: hacer patria no era sencillo en Neuquén

El barrio es uno de los más antiguos de Neuquén. Sus pioneros domaron las chacras y lo sumaron a una ciudad de progreso. Florencia Ochavagavía y Enrique Nordenström, nombres claves.

Villa Florencia es uno de los barrios más antiguos de la ciudad de Neuquén. La semilla de la barriada tiene nombres y apellidos: Florencia Ochavagavía y Enrique Nordenström, quien entre 1909 y 1911 fue presidente del Consejo Municipal de la nueva capital del Territorio del Neuquén.

El matrimonio llega a la zona de la Confluencia en 1902, luego de haber estado radicado en las localidades de San Martín y Junín de los Andes. En aquellos años, lo urbano está circunscripto a lo que hoy se conoce como microcentro. Todo el resto de la capital era barda y médanos hacia norte y chacras productivas hacia el sur.

Nordenström, junto a su esposa, adquirió la chacra 39 de un extenso loteo que la sociedad anónima Nueva España había puesto a la venta porque sus tierras pasaron a ser improductivas, cuestión que doña Florencia se encargó de refutar para que dedicó su vida no solo a la crianza de sus 14 hijos, sino también a cultivar y cosechar frutas y verduras y al cuidado de las pasturas para sus vacas y caballos.

La llegada de los Nordenström-Ochavagavía dio lugar a la llegadas de nuevas familias provenientes de Río Negro, interior de Neuquén y de Chile. Y así el pueblo fue tomando forma.

Pero por aquellos años la vida cotidiana no era tarea sencilla. El barrio que fue bautizado con el nombre de la mujer pionera, que tuvo una activa participación de la vida social y solidaria de la comunidad, estaba atravesado por un gran canal sobre la actual calle Luis Beltrán que era utilizado para regar las chacras. Literalmente partía el barrio al medio y para poder resolver el tránsito de los vecinos de un lado a otro, se había construido un puente de hierro a la altura de calle Chaneton.

Por allí también pasaba el cauce natural del arroyo Durán, que fue desviado por los vecinos de la barriada.
En el libro “Historias de los barrios neuquinos”, publicado por el Centro de Estudios de Historia Regional de la Universidad Nacional del Comahue y la municipalidad de Neuquén, vecinos de Villa Florencia recordaron cómo era vivir cuando todo estaba por hacerse.

Los habitantes del barrio recuerdan que por aquellos años, debían caminar por médanos y chacras hasta la costa del río Limay para conseguir leña para calefaccionarse. El mejor lugar para conseguirla es lo que hoy conocemos como isla 132, donde la abundancia de sauces permitía obtener fácilmente la materia prima del calor.

Para las salidas nocturnas los vecinos debían proveerse de un farol propio porque solo existía un farol apostado en lo que hoy es la avenida Mosconi y calle Láinez. El agua era todo un trastorno. La única canilla pública estaba instalada en la esquina donde hoy funcional el colegio Don Bosco. Así nació esta capital.


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