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Casimiro Gómez, la primera inmobiliaria de Neuquén

El español adquirió el 80% de las tierras del antiguo Paraje Confluencia. Compró a un 1 peso la hectárea y luego la vendió al municipio a 500 o 600 pesos, para la radicación de la capital.

La historia siempre se ocupa de posicionar a los pioneros de pueblos como casi héroes. Pero sin quitarle mérito a muchos, hay quienes tienen un lado B que también merece ser conocido. Es el caso de Casimiro Gómez, un español que llegó a Buenos Aires en las últimas décadas de 1800 y a sus 13 años comenzó a incursionar en el mundo de la talabartería.

Se lo reconoce por haber sido el terrateniente local que donó las tierras para el asiento de la nueva capital en el entonces Paraje Confluencia. ¿Donó? No fue así. Ahí vamos a la historia de la primera inmobiliaria de la ciudad de Neuquén.

Su incansable trabajo y su ambición de progreso lo empujó por allá por 1879, a convertirse en un reconocido empresario con su propia fábrica de cueros, “La Nacional”, una de las más importantes de Argentina. Y este dato no es menor. Gómez se convirtió en el principal proveedor de monturas y equipajes reglamentarios del Ejército Argentino, que comandado por Julio Argentino Roca llevó adelante la denominada “Conquista del Desierto”.

Sus productos no se pagaba en dinero. La fuerza nacional le entregaba terrenos de la zona de la Confluencia a cambio y fue así que Casimiro Gómez se convirtió en propietario de las tierras lindantes a la estación Neuquén de Ferrocarriles del Sud, punto central a partir del cual se desarrolló la capital neuquina. Misma metodología utilizaba para ampliar su patrimonio en Buenos Aires, Santiago del Estero y La Pampa, entre otras provincias.

Ya siendo un acaudalado terrateniente, Gómez vio la llegada de la extensión del ferrocarril en 1902, a aquel caserío de adobe con aspiraciones de ser gran ciudad. Y “ni lerdo ni perezoso” empezó a percibir que allí existiría un gran negocio.

El tren que permitía la comunicación y el transporte directo con el centro del país, hizo que las tierras en Neuquén se revalorizaban un 50%. Casimiro Gómez negoció entonces con los otros propietarios de terrenos la compra a precios irrisorios, quedándose así con el 80% del suelo capitalino. Sus vínculos con el entonces gobernador del Territorio, Carlos Bouquet Roldán y el ministro del Interior, Joaquín V. González, favorecieron lograr sus objetivos.

Así, el terrateniente compró nuevas tierras a 1 pesos la hectárea que luego de conformar la sociedad anónima Nueva España (una especie de inmobiliaria), se las vendió al municipio de la capital a valores de entre 500 y 600 pesos la hectárea. En otros casos, las cedía a cambio de beneficios y excepciones impositivas.

Así, quedaría demostrado que no fue el benefactor de la nueva capital, sino simplemente un hábil comerciante que supo sacar provecho de los tiempos que se estaban viviendo en el territorio.


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