De Ucrania a Bariloche: la historia de Volodymyr, que encontró un nuevo hogar sin olvidar sus raíces
En el Día del Inmigrante, las historias de un ruso y un ucraniano que apostaron por desarrollarse en Bariloche. La mirada de esperanza, de agradecimiento y la nostalgia inmensa de migrar en busca de nuevos horizontes.
Volodymyr migró de Ucrania, con apenas 13 años. Foto: Chino Leiva
«En otoño, cuando caen las hojas de los álamos producen un aroma que me hace acordar de Ucrania. También en primavera, cuando florecen los árboles con esa brisa fresca, me conduce a mi país». Cuando tenía apenas 13 años, Volodymyr Seredenko abandonó Ucrania junto a su madre en busca de un futuro mejor en Argentina. Conocían poco y nada del país y ni siquiera hablaban el idioma. Ya llevan 29 años en estas tierras.
La madre de Volodymyr tomó la decisión de emigrar de Ucrania, siete años después de la caída de la Unión Soviética. «Cuando decidimos venirnos, hubo una ola de migración muy grande a fines de los 90. En gran parte, motivada por la situación económica, la fuerte crisis y devaluación. En esto ayudó mucho un convenio entre Argentina y Ucrania que facilitaba la visa de trabajo«, cuenta este ucraniano que hoy tiene 41 años.
Volodymyr destaca la difícil decisión de su madre de renunciar a todo en Ucrania para empezar de cero en Argentina. Un país culturalmente diferente, con un idioma que ni siquiera conocían. A él le resultó más fácil que a su madre. Arrancó comunicándose a través de señas y cuatro meses después, ya empezó a repetir algunas palabras que aprendía principalmente por la televisión.
«La mayoría de la gente llegó con la idea de trabajar y buscar un futuro mejor para ellos pero principalmente para sus hijos, tal como pasó con mi madre», reconoce. «Vivir en Ucrania era bonito -agrega-, había mucho por hacer y con muchos parques. Al principio, Argentina me pareció muy rara. Recuerdo que cuando entramos a Buenos Aires, vi los edificios pegados a la autopistas y me pregunté a dónde estaba. Venía de una ciudad con mucho verde, parques, atracciones».
Después de algunos años en Buenos Aires, a Volodymyr le ofrecieron un puesto en gastronomía por la temporada en Bariloche. Cuando estaba en camino, supo que habían contratado a otra persona. Así que aceleró la búsqueda y finalmente consiguió trabajo en un restaurante del centro. Lo que, en principio, fue trabajo temporario se convirtió en algo permanente. «Me gustó la gente de Bariloche, el clima, la naturaleza, la forma de vivir. Y me quedé», plantea este hombre que trabajó en hotelería, gastronomía, comercio y hoy, desarrolla un proyecto turístico.

Volodymyr valora, una y otra vez, la suerte de haber descubierto Bariloche y haber apostado por esta ciudad. Logró integrarse fácilmente y conocer a mucha gente que le tendió una mano. Se reconoce como una persona sumamente feliz. Pero en sus palabras se refleja la nostalgia de aquella ciudad donde nació, Járkiv. «A 300 o 500 metros de cada casa, hay un colegio con una cancha de fútbol, de vóley, de básquet, de acceso libre y gratuito. Entonces, uno se juntaba con amigos del mismo condominio a jugar», indica. Muchos de sus amigos, añade, no lograron adaptarse y emigraron a Canadá y Estados Unidos. Otros regresaron a Ucrania.
Volodymyr conoció a una barilochense con quien tuvo una hija, de 12 años, que nació en la ciudad donde eligió vivir. «Mi señora es de Bariloche y con ella tomamos mate. Amo el dulce de leche, pero me dijeron que le afloje que me iba a agarrar diabetes. Comparto que la carne más rica del mundo está en este país y amo esa emoción por el fútbol«, bromea.
Nunca pudo regresar a Ucrania y, no cree que sea posible por el momento. «Tengo responsabilidades con mi hija, mi señora y mi mamá. Si estuviera solo volvería para ayudar y colaborar. No soy un gran guerrero, pero aunque sea como chofer, para construir, para colaborar con la gente, con los civiles«, admite.
«¿Cómo impacta leer lo que pasa en Ucrania con la guerra?», se consulta. «Es muy triste. Me agarra una angustia tremenda cuando abro las redes sociales o veo los noticieros. Todos los días hay ataques en alguna ciudad«, responde con tristeza. Y agrega: «La guerra no se lo deseo a ningún país del mundo. Es mejor arreglar las cosas de forma diplomática. Pero cuando invaden tu país… Ucrania está en todo su derecho de defenderse y reclamar las tierras que le pertenecen. No es un país violento, es un país de producción agrícola«.

En Bariloche se topó con varios ucranianos, muchos de los cuales llegaron a partir de la guerra con Rusia en el último tiempo. Hoy aspira a conformar una colectividad a fin de preservar las tradiciones y la cultura de su país en diversas festividades.
Cuando se le pregunta por sus sueños, asegura que solo espera poder seguir trabajando, disfrutar del crecimiento de su hija y de esta vida que él eligió. «Me gusta del argentino que levanta la vista. Eso de no estar siempre agachado, siempre. Y espero que esta guerra termine de una vez por todas y la gente inocente deje de sufrir».
«Nos enamoramos de los argentinos»: la historia de la familia rusa que echó raíces en Bariloche
Pese a que lleva apenas tres años en Bariloche, Sergio se comunica en un español perfecto. Le resultó sencillo aprender el idioma ya que, al ser guía de turismo, habla cuatro lenguas. Llegó junto a su esposa Julia y su hija, desde Moscú en mayo de 2023, un mes antes del inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania.
Había conocido Argentina en 2018 en una visita turística y asegura que, en ese momento, «algo pasó en su corazón». «Era mi primera vez en este continente y me enamoré de los argentinos. Por eso, volví en 2019; en 2020 ya no pude por la pandemia porque estaba todo cerrado», dice este guía de turismo.
Advierte que está en contra de la guerra y que solo pretende vivir en paz. «Elegimos un país donde nos sentimos libres«, acota este ruso de 51 años.

La pareja lleva tres años en la Patagonia Argentina donde se siente plenamente integrada. «El idioma abre puertas y hemos conocido mucha gente. Pero a su vez, nos encontramos con muchos inmigrantes de Rusia. Cuando llegamos, solo había tres familias rusas; ahora, hay 50 que llegan también de Bielorrusia y Ucrania«, valora.
Sergio y Julia se sumaron rápidamente a la colectividad rusa en Bariloche y participan en los distintos actos que encabezan junto a otras colectividades. «Hay un coro ruso y grupos de baile. Vivimos como inmigrantes, pero lo sentimos nuestra casa. En otros países, no saben nada de Rusia», dice.
¿Qué rescata de las costumbres argentinas? Sergio valora ese intento constante del argentino de «disfrutar la vida. Se trabaja lo necesario para poder compartir tiempo con su familia. Yo quiero vivir así».
«Apostamos a construir nuestra vida en Bariloche y estamos contentos con esa decisión. Hoy, conocemos muchos sobre la historia y la cultura argentina. Si elegís vivir en un país, hay que entenderlo», plantea.
Admite que, en algún momento, les gustaría regresar a Rusia para visitar a los familiares que quedaron allá, pero en este momento «no es seguro viajar y la situación financiera tampoco lo permite».
"En otoño, cuando caen las hojas de los álamos producen un aroma que me hace acordar de Ucrania. También en primavera, cuando florecen los árboles con esa brisa fresca, me conduce a mi país". Cuando tenía apenas 13 años, Volodymyr Seredenko abandonó Ucrania junto a su madre en busca de un futuro mejor en Argentina. Conocían poco y nada del país y ni siquiera hablaban el idioma. Ya llevan 29 años en estas tierras.
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