Debate educativo en Chile: ¿deberán frenar las pantallas como en Suecia para mejorar la lectura?

Mientras Europa retrocede hacia el papel, Chile refuerza su Plan Nacional de Lectura y lanza la campaña "Modo Aula" para regular celulares. El desafío de mejorar la comprensión lectora en un país donde el 51% de los estudiantes admite distraerse con dispositivos.

Redacción

Por Redacción

La noticia de Suecia destinando 100 millones de dólares para comprar libros impresos resonó en los pasillos de las instituciones educativas de Santiago. En Chile, la realidad es urgente: según los últimos reportes de la OCDE, el país enfrenta un déficit estructural en comprensión lectora que afecta tanto a jóvenes como a adultos.

Ante este escenario, el Ministerio de Educación (Mineduc) ha movido sus fichas para 2026, apostando por una inversión masiva de 15 mil millones de pesos para imprimir 15 millones de textos escolares, bajo la premisa de que «trabajar con papel es mejor que con otras herramientas», según palabras del propio ministro Nicolás Cataldo.


Reactivación educativa en Chile: entre el aroma a papel y el código QR


A diferencia del apagón digital radical de algunas naciones nórdicas, Chile busca una «tercera vía». El nuevo Plan Nacional de Lectura, Escritura y Oralidad (LEO), lanzado recientemente, propone una integración donde el libro físico recupera su trono como herramienta de alfabetización profunda, pero sin abandonar la alfabetización digital necesaria para el siglo XXI. La subsecretaria de Educación, Alejandra Arratia, ha enfatizado que estas competencias son «aprendizajes fundamentales» para cerrar las brechas profundizadas por la pandemia.

Sin embargo, los datos de la evaluación PISA 2022 para Chile son claros: los estudiantes que se distraen con sus celulares en clases obtienen, en promedio, 15 puntos menos en sus evaluaciones. Esta «fuga de atención» es el enemigo que el gobierno busca combatir con la iniciativa «Modo Aula», que entrega orientaciones para regular —y en algunos casos prohibir— el uso de dispositivos móviles durante la jornada escolar.


Chile: la ciencia local respalda la «fricción» del aprendizaje


Expertos de la Universidad Católica y la Universidad de Chile coinciden con los hallazgos del Instituto Karolinska. Estudios locales advierten que el acceso al celular con internet se ha adelantado a los 8 o 9 años en el país, lo que impacta directamente en la capacidad de atención sostenida y en la regulación emocional.

«No es solo lo que las pantallas hacen, sino lo que los niños dejan de hacer: jugar, conversar y procesar textos largos en papel«, señalan desde los centros de neurociencia nacionales. La apuesta para 2026 incluye no solo libros, sino la creación de un «muro de palabras» y estrategias de mediación lectora que busquen reconectar al estudiante con la experiencia física del lenguaje, evitando que la tecnología sea un fin en sí misma.


Chile: ¿hacia una ley de desdigitalización escolar?


El debate legislativo en Chile ya está sobre la mesa. Mientras que el Mineduc impulsa un «cambio cultural» que involucra a las familias para que el control de pantallas no se quede solo en el portón de la escuela, diversos sectores piden normativas más estrictas inspiradas en el modelo sueco.

La pregunta que queda en el aire para los directivos y apoderados es si la tecnología, que prometía democratizar el conocimiento, no terminó por fragmentar la capacidad de entenderlo.


La noticia de Suecia destinando 100 millones de dólares para comprar libros impresos resonó en los pasillos de las instituciones educativas de Santiago. En Chile, la realidad es urgente: según los últimos reportes de la OCDE, el país enfrenta un déficit estructural en comprensión lectora que afecta tanto a jóvenes como a adultos.

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