El régimen chavista liberó a Nahuel Gallo, el gendarme argentino que estuvo secuestrado 448 días en Venezuela
El cabo primero dejó la temida cárcel de El Rodeo 1, donde permaneció cautivo e incomunicado durante más de 15 meses. Su esposa confirmó la noticia a través de las redes sociales y aseguró que ya se encuentra volando hacia la Argentina para reencontrarse con su familia.
El gendarme argentino Nahuel Gallo fue liberado este domingo después de padecer 448 días de un secuestro político perpetrado por el régimen chavista en Venezuela. El cabo primero de la Gendarmería Nacional Argentina dejó atrás los muros de la temida cárcel El Rodeo 1, un penal de máxima seguridad donde fue víctima de desaparición forzada, permaneciendo sin comunicación con su familia, sin un proceso judicial formal y privado de cualquier tipo de asistencia legal o consular.
La liberación de Gallo se enmarca tras la reciente incursión militar internacional que culminó con la captura y extradición de Nicolás Maduro a Nueva York -donde enfrentará cargos por terrorismo, entre otras acusaciones-.
El régimen chavista, ahora descabezado y debilitado, comenzó a abrir las puertas de sus prisiones como un gesto político calculado para intentar descomprimir la presión internacional y sostenerse en el poder bajo el mando provisional de Delcy Rodríguez.
El primer indicio firme de su liberación había ocurrido esta misma semana, cuando el gendarme pudo comunicarse telefónicamente por primera vez con su mujer, María Alexandra.
Esa llamada, cargada de llantos de alivio y risas nerviosas, sirvió para confirmar que Agustín Nahuel Gallo estaba vivo y que, efectivamente, sobrevivía en las celdas de El Rodeo 1.
La comunicación fue posible gracias a una huelga de hambre iniciada por los prisioneros extranjeros, quienes exigían ser incluidos en la ley de amnistía que el régimen había aprobado recientemente para los presos políticos locales.
La reconstrucción de un viaje que se transformó en pesadilla
Para comprender la magnitud de las 10.750 horas de angustia que vivió la familia, es necesario retroceder hasta febrero del año pasado.
Nahuel, destinado en el escuadrón de Uspallata en Mendoza, había viajado a la ciudad venezolana de Anzoátegui para visitar a su pareja y a su pequeño hijo, Víctor, que por entonces tenía poco más de un año.
El gendarme había solicitado la autorización correspondiente a su fuerza, contaba con una carta de invitación y tenía previsto ingresar por un paso fronterizo formal.
El día de su llegada, el contacto con su esposa fue normal hasta que un mensaje advirtió sobre una supuesta «demora menor» en la frontera.
Con el correr de las horas, el tono cambió drásticamente. El último mensaje que recibió María Alexandra fue tan breve como aterrador: «Me están llevando». No hubo tiempo para explicaciones ni preguntas. A partir de ese instante, el silencio lo ocupó todo y la figura de la desaparición forzada comenzó a tomar forma.
Meses más tarde, el propio Nicolás Maduro utilizaría la figura de Gallo en una cadena nacional para acusarlo, sin presentar una sola prueba, de formar parte de una conspiración internacional para asesinar a Delcy Rodríguez.
Frente a las crecientes amenazas y el asedio constante de las fuerzas de seguridad bolivarianas, María Alexandra y su hijo debieron ser rescatados en mayo a través de un operativo secreto de extracción en el que también participó el Ministerio de Seguridad argentino, con el apoyo estratégico de Estados Unidos y Colombia.
La familia logró cruzar la frontera por Cúcuta y volar finalmente hacia Buenos Aires, dejando atrás la vida que conocían pero poniendo a salvo sus vidas.
Después de 448 días de desesperación, Nahuel Gallo volverá a suelo argentino tras haber sido víctima de una detención ilegal por parte del régimen chavista.
El gendarme argentino Nahuel Gallo fue liberado este domingo después de padecer 448 días de un secuestro político perpetrado por el régimen chavista en Venezuela. El cabo primero de la Gendarmería Nacional Argentina dejó atrás los muros de la temida cárcel El Rodeo 1, un penal de máxima seguridad donde fue víctima de desaparición forzada, permaneciendo sin comunicación con su familia, sin un proceso judicial formal y privado de cualquier tipo de asistencia legal o consular.
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