El surtidor más famoso de Neuquén

Fue la primera gasolinera que existió en la capital. Fue diseñada e instalada por la empresa Siam Di Tella en 1936. Funcionó hasta 1950. Hoy sigue en pie en San Martín y avenida Argentina.

Lo que se ve en la foto parece ser a primera vista un grupo de vecinos esperando el colectivo y autos estacionados sobre la vereda. Pero en realidad, es uno de los hitos históricos de la ciudad de Neuquén.
En ese lugar, en la actual esquina de San Martín y avenida Argentina, funcionó el primer surtidor de combustible de la ciudad de Neuquén, lo fue es recordada por la gasolinera Chacabuco, diseñada por la empresa argentina Siam Di Tella e instalada en 1936.

Hay que pensar el lugar no como una estación de servicio de las que se conocen ahora sino como solo un pequeño surtidor, una manguera y un encargado de cargar el combustible, cobrar el costo del servicio y permanecer acodado al surtidor hasta la llegada del próximo cliente. Y por detrás un pequeño edificio de dos plantas. En la planta baja funcionaba la gasolinera y el primer piso vivía el dueño, Antonio Gula, de la misma con su familia.

¿Y por qué justo en ese lugar? ¿Fue por azar? ¿Porque las tierras eran de la empresa? No, fue estrategia pura. Es que por aquellos años, lo que hoy se conoce como calle San Martín era la traza de la ruta 22, que conectaba al resto del país con la Patagonia.

Cualquier viajero que por ejemplo, quisiera llegar hasta Bariloche indefectiblemente debía pasar por Chacabuco para no quedarse a mitad de camino.

Pero no era solo expendio de combustible. Allí también se prestaba el servicio de monitores del rodado: motor, cubiertas y líquidos en general. Solo le faltaba un “barcito” donde tomarse el café en vasito de papel con un medialuna. Pero sin duda fue el antecedente de lo que vendría años después.

El surtidor funcionó hasta 1950. Se cerró la firma pero el artefacto quedó allí en la vereda. Le pasaron las nuevas veredas, el asfalto, el entubamiento del gran canal de riesgo, las pegatinas y gratifis. Las nuevas generaciones durante años pasaron por su lado sin siquiera percibir que algo distintivo tenía.

Hasta que en 2013, cuando se conformó el colectivo de artistas y vecinos autoconvocados que en dos oportunidades destaparon el anfiteatro del Parque Central, que había sido tapado por el municipio capitalino.

Luego de esa “gesta” y logrado el objetivo este grupo cruzó la calle y se vio frente a frente con el surtidor. Corroboraron su valor histórico y nuevamente pusieron manos a la obra. Lo limpiaron, repararon algunas partes que estaban rotas, lo pintaron respetando los colores originales de la empresa y colocaron cartelería contando su historia.

Tiempo después se lo declaró parte del patrimonio de monumentos históricos de una capital, que ya poco testimonios arquitectónicos le quedan en pie. Pero la gasolinera Chacabuco sigue allí, de pie.


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