Jorgelina, la neuquina que tiene sueños que se le cumplen sin pedir nada

Se convirtió en una innovadora en el arte de restaurar muebles viejos. Autodidáctica y creativa encontró la forma de generar su propio sustento.

Jorgelina-Alegra, Alegra-Jorgelina, un combo de nombres que les puso estilo y originalidad a la restauración de muebles, a la carpintería y a la tapicería en la ciudad de Neuquén y desde hace un tiempo al resto del país. “Un sillón Alegra no se encuentra en ninguna parte del mundo”, dicen sus clientes.

Detrás de cada sillón, respaldar de cama o silla, hay una historia de independencia, autogestión, ambición de la buena y creatividad.

Jorgelina Mantecón tenía 8 años cuando se dio cuenta de que era poseedora de un espíritu emprendedor. Ella quería encontrar una manera de ganar dinero para hacer, sin depender de nadie, todo aquello que tenía ganas. “Desde comprar su golosina favorita hasta conquistar el mundo”. Para “Jor”, el mundo no tiene límites y en esta historia no se puede refutar esa premisa.

“Empecé a vender pulseritas, después vendí pan y otras cosas. Siempre desde muy chica busqué la manera de tener mi propio dinero”, contó la emprendedora.

Esa niña tenaz y aventurera se convirtió en adolescente, sus gustos fueron cambiando y comenzó a pensar en nuevos propósitos para su vida. Su mayor aspiración, que la conserva aún, era viajar por el mundo. También descubrió las maravillas de la práctica del kitesurf.

Pero para ambas cosas se requiere de mucho dinero que ni ella ni su familia tenían. A los 14 años tuvo su primer trabajo. «Hice de todo. Trabajé en cosas que no me gustaban, pero me permitían tener un ingreso. Ahorraba y me iba de viaje”, contó.

Así, de “mochilera y gitana” como se define ella, viajó por Europa y el continente asiático. En la India no solo conoció una cultura diferente, sino que también comenzó a germinar una semilla artística que en ese momento ni ella misma sabía que había plantado.

Pasaron los años y Jorgelina cumplió 20 años. Fue entonces que resolvió abandonar el nido familiar e irse a vivir sola. Su nuevo hogar debía ser vestido pero nuevamente la falta de recursos económicos la pusieron frente a un desafío.

“Fue cuando empecé a armar mis propios muebles. Silla o sillón viejos o en mal estado me los traía a casa y yo misma los restauraba, los retapizaba”, recordó.

Allí fue cuando aquella semilla de la India dio su primer brote. Impactada por los colores, por los diseños y la calidad de las telas, “en cada viaje que hacía me traía las telas. Viajaba con una mochila de mochilera y allí me traía todo lo que podía”, dijo.

Los muebles de su casa los publicaba en Facebook, en ese momento solo para sus amigos vieran lo que estaba haciendo como hobby. Hasta que apareció alguien que le preguntó si le vendía una silla “de esas”.

Después de varias consultas, Jorgelina se dio cuenta de que “la cosa iba por ahí” y arrancó restaurando muebles para otros. Inició su emprendimiento en la casa de los viejos, hasta que quedó chica. Tanta goma espuma, tantos rollos inmensos que no cabían en ningún lado, tantas herramientas. Y ahí apareció alguien fundamental en esta historia: la abuela Berta, que le abrió las puertas de su casa para ser usada como taller. Y allí mismo nació Alegra. “Tus muebles alegran la casa, me dijo y fue que definí que mi emprendimiento se iba a llamar Alegra”, aseguró Jorgelina.

Los pedidos empezaron a duplicarse, la casa quedó chica y “alquilé un local para armar un nuevo taller. Pero después de un tiempo también quedó chico”, agregó.

Y vinieron otros locales en diferentes puntos de la ciudad porque Alegra se expandía. Hasta finalmente encontrar el lugar perfecto en calle Bahía Blanca 1154. Actualmente el equipo está conformado por su capitana, Jorgelina, y otras ocho personas más que le dan vida a los muebles viejos.

“Yo siempre busco diseños y estilos que no se parezcan a nada de lo que ves en otros lados. Me contaron algunas personas que cuando entraron a una casa y vieron una silla o un sillón mío, dijeron «es un Alegra». Esa identidad propia es la que quiero conservar”, contó la emprendedora.

Hoy, con las ventas cuatriplicadas y hasta quintuplicadas desde que inició su proyecto en 2016, el horizonte es amplísimo pero sencillo. “Seguir creciendo y hacer lo que más me gusta. Estamos buscando cosas nuevas todo el tiempo. Eso es Alegra”, concluyó. Creatividad y espíritu emprendedor, es la clave.


Talleres y seminarios, la punta del ovillo


Jorgelina Mantecón no se considera una artista, sino una creativa, aunque podríamos pasar horas discutiendo con ella sobre lo que es el arte y sobre lo que ella crea.

Pero más allá de todo debate, tiene plena conciencia de que lo que hace debe ser compartido. “La creatividad no es egoísta”, dijo. Por eso lanzó una serie de cursos y seminarios que dicta en su taller de Bahía Blanca 1.154.

El 16 de diciembre comenzará el seminario de respaldos de cama. Los participantes podrán llevarse el respaldar que elaboren en el taller.

Los interesados en participar se pueden comunicar por privado con Jorgelina en alegra_neuquén de Instagram y Alegra, muebles de diseño en Facebook.


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