La librería más antigua de la Patagonia renace y el recuerdo de «Bocha» habita entre los libros

Abrió sus puertas hace medio siglo en un pequeño local de Roca con apenas 50 ejemplares. Sobrevivió a la dictadura, crisis económicas y cambios culturales. Ahora, la emblemática librería logró el sueño de tener "casa propia".

Por Florencia Bark

Entre el aroma a papel y el olor a pintura fresca, se alza intacta la imagen de “Bocha” Salgado, fundadora de la librería más antigua de la Patagonia, que hoy sigue en pie en Río Negro. Un escritorio de madera, parte del mobiliario original, aún da la bienvenida a este espacio emblemático de Roca, que celebra 57 años de historia.

Librera y docente, «Bocha» supo trascender su pasión por los libros y la lectura. Aunque partió hace una década, su presencia parece persistir en cada rincón, como si todavía estuviera sentada en la banqueta desde la que recibía a sus clientes.

Fotos: Andres Maripe.

En más de medio siglo, el comercio pasó por doce locales y once mudanzas. Pasaron generaciones enteras: quienes compraron sus libros escolares, luego llevaron a sus hijos y hoy acompañan a sus nietos. Ahora, la historia suma un hito: la inauguración de un espacio propio, una verdadera casa de libros.

“Si llegamos hasta acá, ya no nos pueden sacar más”, dice Fernanda Salgado, hija de Bocha, entre risas. Desde el 1 de abril, es propietaria del inmueble ubicado en calle San Martín 1119. “Tener local propio es el sueño del pibe”, resume y agrega, con emoción: “Lamentablemente mi mamá no lo pudo ver, pero seguro estaría muy contenta”.

Fotos: Andres Maripe.

Acostumbrada a la austeridad y al perfil bajo, Bocha probablemente habría considerado excesiva esta celebración. Pero, después de tantos años de esfuerzo y sacrificio, la inauguración resulta merecida. En las palabras de Fernanda se condensan décadas de trabajo silencioso: de alquiler en alquiler, sosteniendo una librería en un país donde, como ella misma dice: “Hay que tener mucho amor para dedicarse a la venta de libros. No se hace plata con esto, se vive”.

El nuevo local cuenta con unos 100 metros cuadrados, amplias estanterías y espacios pensados para la lectura. El característico color amarillo, sello de identidad, sigue presente. Además, incorpora un patio: un detalle significativo para quienes consideran a Quimhue mucho más que un comercio.

Una mujer que creció entre libros


“Yo soy hija de una librera”, se presenta, como si esa frase lo explicara todo. Creció entre libros: los miró, los tocó, los olfateó y, apenas pudo, los leyó. Desde entonces, nunca dejó de disfrutarlos. A los siete años ya pasaba sus tardes en la librería, acompañando a su madre.

Fotos: Andres Maripe.

Más tarde se mudó a Buenos Aires, donde trabajó como jefa de ventas en una distribuidora de libros. Años después regresó a Roca para continuar con el legado familiar. Durante décadas sostuvo el negocio que sostenía su madre sola, con 70 años y jornadas de más de nueve horas, seis días a la semana.

Su vínculo con la librería también está atravesado por momentos difíciles. A los 15 años, junto a su hermana, debió hacerse cargo del local luego de su clausura, cuando su madre fue detenida durante la última dictadura.

Fernanda trabajó codo a codo con Bocha hasta su muerte. Hoy, para muchos, sigue siendo “la librería de Bocha”. Y lejos de ser una carga, para ella es un orgullo.

Fotos: Andres Maripe.

Fernanda encuentra una razón simple para seguir: “Lo hago porque me gusta”. Y, fiel a su estilo, agrega: “Soy jubilada de la mínima, entonces tengo un sueldazo”, pero enseguida aclara: “Me gusta porque Quimhue no es una librería común”.

Un lugar de encuentro


La historia comenzó en 1968, en un pequeño local sobre calle Tucumán, de apenas tres metros de frente y unos pocos títulos. Lo más grande era la convicción de Bocha: acercar libros a la comunidad. El crecimiento fue lento, pero constante. Siempre marcado por la precariedad de los alquileres y la resiliencia frente a los vaivenes del país. La librería no solo sigue en pie: se expande.

Fotos: Andres Maripe.

«Quimhue» es mucho más que un comercio: es un refugio cultural, un espacio de encuentro y amistad, un lugar amado por generaciones. Quizás ahí radique su secreto.

No se entra solo a comprar. Se entra a conversar, a debatir, a compartir un mate. “Acá podés venir a charlar, a mirar libros y engancharte en una conversación”, cuenta Fernanda.

Si algo define a esta librería es su capacidad de resistir y reinventarse. “Durante la dictadura la librería estuvo clausurada dos meses y mi mamá estuvo presa seis meses por tenencia de libros prohibidos”, recuerda Fernanda. Fue liberada con un sobreseimiento provisional, que recién se convirtió en definitivo seis años después.

Fotos: Andres Maripe.

Cuando el local reabrió, Fernanda y su hermana lo sostuvieron hasta el regreso de su madre. Pero los sacudones continuaron: en diciembre de 1978, su hermana María Victoria fue secuestrada en Buenos Aires. La historia de la librería y de la familia quedó atravesada por las secuelas del golpe de 1976.

También sobrevivieron a las crisis económicas: el Rodrigazo, la hiperinflación del ’89, el colapso de 2001 y los derrumbes actuales. Cada etapa dejó marcas, pero no logró quebrar el proyecto.

Un faro en tiempos difíciles


En un contexto donde la venta de libros cae y muchas librerías cierran, la librería roquense resiste. Según la Cámara Argentina del Libro, las ventas cayeron un 20%. En el caso de Quimhue, Fernanda estima que la baja supera el 30% interanual en los últimos dos años.

Este momento es catastrófico, pero no solo para la librería, para todos. ¿Quién llega a fin de mes hoy?”, se pregunta. “Pedirle a alguien que compre un libro cuando no cubre lo básico es no entender la realidad. Por suerte, la gente no deja de leer: están las bibliotecas populares”.

Quimhue logró algo difícil de construir: una comunidad real. No virtual, no efímera. Una comunidad que se sostiene en el encuentro. La última mudanza lo dejó en evidencia: 29 personas colaboraron de forma voluntaria como parte del entramado afectivo que se tejió durante años.


Entre el aroma a papel y el olor a pintura fresca, se alza intacta la imagen de “Bocha” Salgado, fundadora de la librería más antigua de la Patagonia, que hoy sigue en pie en Río Negro. Un escritorio de madera, parte del mobiliario original, aún da la bienvenida a este espacio emblemático de Roca, que celebra 57 años de historia.

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