Los “chicos” que empezaron a imaginar INVAP: de una idea en Bariloche a una empresa tecnológica
Conrado Varotto reconstruye el camino que comenzó en 1971 con un grupo de jóvenes del Centro Atómico Bariloche. La idea era sencilla y ambiciosa: usar el conocimiento científico para “hacer cosas que sirvan”. Cinco años después nació INVAP.
A comienzos de los años 70, un grupo de jóvenes del Centro Atómico Bariloche empezó a hacerse una pregunta que terminaría teniendo consecuencias mucho mayores de las que entonces podían imaginar: qué podían hacer con todo lo que sabían.
Conrado Varotto, doctor en Física y egresado del Instituto Balseiro, todavía no tenía 30 años cuando ensayó una respuesta sencilla y, al mismo tiempo, ambiciosa: “hagamos cosas que sirvan”.
Medio siglo después, uno de los fundadores y primer gerente general de INVAP vuelve sobre aquellos años para reconstruir cómo una inquietud surgida entre jóvenes científicos comenzó a transformarse en una empresa tecnológica.
El regreso de Stanford y una pregunta en Bariloche
Era 1971 y Varotto acababa de regresar de Stanford, Estados Unidos, donde había conocido una relación entre ciencia, formación académica y actividad productiva diferente de la que encontraba en Argentina. “Cuando volví traté de amoldar esas ideas que tenía, teniendo en cuenta lo que había visto, pero acorde a las circunstancias de la Argentina”, recuerda.

Un “grupo de chicos” del Centro Atómico Bariloche se entusiasmó con la propuesta. La cuestión era cómo aprovechar el conocimiento científico que habían adquirido para desarrollar tecnología y resolver problemas concretos.
De esa inquietud nació el Programa de Investigación Aplicada (PIA). “Empezamos a interactuar con empresas aplicando los conocimientos que teníamos”, explica Varotto.
Los proyectos comenzaron a crecer y con ellos apareció un problema nuevo. Para avanzar necesitaban una estructura que permitiera trabajar con dinámica empresarial, pero que al mismo tiempo protegiera la continuidad del proyecto frente a los cambios políticos.
La búsqueda de una forma para aquella idea
“Argentina es un país pendular”, resume Varotto al explicar uno de los dilemas que enfrentaron. Una empresa privada convencional podía poner en riesgo un proyecto que utilizaba conocimiento, infraestructura y recursos humanos que habían sido desarrollados por el Estado. Había que encontrar otro modelo.
La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) resultó fundamental en ese proceso. Varotto destaca especialmente el papel de Carlos Castro Madero, quien asumió la presidencia de la Comisión en 1976 y respaldó la iniciativa. “Yo siempre lo considero prácticamente más fundador de INVAP que yo”, afirma.
Río Negro aportó la otra pieza decisiva. La provincia participó en la búsqueda de una figura jurídica hasta encontrar en la Ley de Sociedades del Estado la herramienta que permitiría constituir la empresa. Así, aquella inquietud que había comenzado entre científicos en Bariloche encontró en hace 50 años una estructura empresarial desde la cual crecer.
El vínculo con Río Negro que atravesó los gobiernos
Para Varotto, una de las claves de esa construcción fue la continuidad que consiguió el proyecto a pesar de los cambios políticos que atravesaron el país y la provincia durante las décadas siguientes.
El vínculo con Río Negro logró mantenerse más allá de las distintas administraciones. “Pasaron gobiernos de todos los colores y, sin embargo, siempre respetó la forma de ser de INVAP”, destaca.
La estructura elegida en aquellos primeros años permitió combinar una característica poco habitual: una empresa perteneciente al Estado provincial con capacidad para desarrollar proyectos tecnológicos, buscar clientes y competir en mercados nacionales e internacionales.
“Vos podés ser un visionario, pero con eso no vas a ningún lado”
Varotto se resiste a contar el nacimiento de INVAP como la historia de una sola persona. “Vos podés ser un visionario, pero con eso no vas a ningún lado”, sostiene. Una idea, explica, necesita un grupo dispuesto a convertirla en algo propio. “Fue una casualidad que yo fuera el que sacó la banderita, nada más”, dice al recordar su papel en aquellos comienzos.
Esa concepción colectiva terminó formando parte de una cultura de trabajo que, según describe, cada generación transmitió a la siguiente sin necesidad de establecerla formalmente. “No es que hay algo escrito que diga: ‘Nosotros vamos a seguir estos principios’. Es cultural y se va transmitiendo de unos a otros”, explica.
Las crisis y quienes tomaron la posta
La historia que comenzó en los años 70 estuvo lejos de avanzar en línea recta. INVAP atravesó crisis económicas, cambios políticos y momentos en los que su continuidad enfrentó enormes dificultades.
Al recordar esas etapas, Varotto destaca especialmente a “Cacho” Otheguy, quien lo sucedió y tuvo que conducir la empresa durante algunos de sus períodos más complejos. “Yo personalmente no hubiera podido afrontar lo que afrontó Cacho”, reconoce.
La frase vuelve sobre una idea que atraviesa su relato: INVAP pudo continuar porque las nuevas generaciones fueron tomando responsabilidades y sosteniendo una cultura construida colectivamente.
“Nos veo en Marte y en el más allá”
Cuando piensa en los próximos 50 años, Varotto recupera la misma lógica de los comienzos: imaginar primero, incluso cuando todavía no se sabe exactamente cómo alcanzar el objetivo. “Nos veo en Marte y en el más allá”, dice. Y enseguida amplía la idea: “¿Qué será? No lo sé. No hay límite”.
Cuando INVAP cumplió 30 años, Varotto había resumido su trayectoria con una frase: “30 años y un sueño mirando para atrás”.
Dos décadas después, el fundador cambia la dirección de esa mirada. “Ahora yo diría: 50 años y un sueño mirando al futuro”.
Es otra manera de regresar a aquella pregunta que un grupo de “chicos” empezó a hacerse en Bariloche a comienzos de los años 70: qué podían hacer con lo que sabían.
Comentarios