Mirá este invento del Conicet que preserva alimentos frescos para su consumo

Nat4Bio es una propuesta innovadora y sustentable que tiene como objetivo evitar el desperdicio de alimentos a lo largo de la cadena productiva.

El Conicet lo hizo de nuevo. Aunque muchos de sus trabajadores están transitando un momento de angustia por el futuro de sus puestos de trabajo, otros logran concretar investigaciones e invenciones científicas que facilitan nuestra vida. La situación de sostenimiento del instituto se conoce. Hace algunos pocos días el Directorio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) comunicó que antes del 28 de febrero se publicarán los resultados de las convocatorias de becas doctorales. Aseguran que en primera instancia están garantizadas 600 becas en lugar de las 1.300 anunciadas el año pasado. En este caso, la noticia es otra.

Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), cerca de un tercio de la producción de alimentos a nivel mundial se desecha o desperdicia. Esta situación – con repercusiones sociales, económicas y medioambientales adversas – es aún más crítica si se toma en cuenta lo que sucede con frutas y verduras frescas, donde entre un 40 y un 50 por ciento del total producido se descarta y termina en la basura; lo que significa que casi la mitad de los recursos, costos y esfuerzos para producirlas son desaprovechados en el camino que va desde el campo a los hogares.

Con el objetivo de dar respuesta a esta problemática, el investigador del Conicet Leandro Sánchez, junto a una plantilla de especialistas, se propusieron desarrollar una alternativa natural y sustentable para proteger frutas y verduras en la etapa postcosecha. Y mirá lo que descubrieron: la propuesta dio origen, hace dos años, a la fundación de Nat4Bio, una empresa de base tecnológica (EBT) tucumana.

Desde la fundación de la EBT, el equipo de microbiólogos, biotecnólogos, ingenieros industriales y agrónomos elabora un bioproducto capaz de defender a los cultivos ya cosechados ante distintas amenazas patógenas, y así preservar los alimentos frescos para su consumo. Se trata de un recubrimiento o película comestible, que se aplica sobre la superficie de frutas y verduras, formado por biopolímeros microbianos y compuestos producidos por microorganismos nativos seleccionados.

De acuerdo a Leandro Sánchez, uno de los miembros fundadores de la EBT, se trata de “un caso exitoso de innovación, que apunta a solucionar un fenómeno global adverso, al prolongar la vida útil de los cultivos”.

Mirá cómo cambia: esta es la comparación entre una fruta tratada con producto Nat4BBio (derecha) vs palta sin tratamiento (izquierda) luego de 21 días de conservación.

Foto: gentileza investigador.

Este es otro ejemplo: así es la comparación entre un limón tratado con el recubrimiento y otro que no.


Cómo funciona Nat4Bio


Nat4Bio otorga a los cultivos una protección dual, no sólo de agentes patógenos, sino que también actúa como “escudo invisible” al sellar las heridas que pueden generarse durante la cosecha y preservarlo de fenómenos físico-químicos, como la deshidratación. Además, la película controla la transpiración, respiración y liberación de gases del fruto, y ayuda a prevenir la oxidación y el daño que pueda ocasionar el frio que se genera en las cámaras de conservación.

“Con el uso de la formulación logramos reducir la tasa de respiración. Hay una hormona que producen ciertas frutas que se llama ‘etileno’. Cuando dejas una palta al lado de otra, maduran juntas, al igual que las bananas o los mangos, y esto está vinculado a la producción de etileno. Pues bien, esta película reduce la producción de etileno y logra que la fruta dure más tiempo”, explica Sánchez. En este sentido, aunque en la actualidad la EBT produce principalmente un bioproducto para cítricos, también cuenta con prototipos para otras frutas, como peras, manzanas, paltas, arándanos, frutillas y, próximamente, planean expandir el servicio para cobertura de mangos y bananas.


De Tucumán al mundo, historia de Nat4Bio


En 2022, Sánchez y Julia Fariña, también investigadora del Consejo en el PROIMI en aquel momento, fundaron Nat4BIO junto al ingeniero industrial Joaquín Fisch, tras conocerlo en el marco de un programa latinoamericano de formación de empresas de base científica -organizado por una aceleradora latinoamericana- que tenía el objetivo de crear equipos en los que se combinara la experiencia en ciencia y negocios.

Rápidamente, la empresa fue seleccionada por otro proceso de aceleración internacional de biotecnología que propuso sumar la iniciativa a su programa de mentoreo en New York, y gracias a la cual recibieron inversión adicional. “El capital otorgado fue esencial para hacer las primeras contrataciones, adquirir equipamiento y pactar servicios para desarrollar el MVP (“Producto Mínimo Viable”, por sus siglas en inglés), llevando esa línea de investigación del laboratorio al campo”, subraya Sánchez. No obstante, el investigador destaca también que esta innovación se sustenta en estudios -que comenzaron con su beca doctoral y continuaron tras su ingreso a la carrera de investigador del CONICET- que tuvieron como foco principal el desarrollo de nuevos bioproductos que representen una solución a problemáticas de las industrias de Tucumán y de la región noroeste de la Argentina.

En este sentido, el investigador considera que el producto desarrollado tiene en cuenta dos aristas: la compleja situación del desperdicio de los alimentos, y la disminución de la utilización de compuestos químicos de síntesis, “algunos de ellos nocivos para la salud y el medioambiente”. De hecho, el avance en la prohibición del uso este tipo de productos a nivel mundial implica para la industria el desafío de sustituirlos por alternativas efectivas, que se encuentren en los márgenes de costos y que se caractericen por ser inocuas y naturales.

Por su cuenta, el CEO y socio fundador de la EBT, Fisch, afirma: “Somos los primeros en utilizar metabolitos microbianos para desarrollar recubrimientos comestibles sin residuos químicos para protección de fruta fresca”. Desde su inauguración en 2022, la startup fue reconocida por numerosas organizaciones internacionales como TechCrunch, Santander X, Hello Tomorrow, Creative Destruction Labs. “Desde que fundamos la EBT, nuestro proceso de desarrollo de clientes validó la enorme necesidad que tiene la industria por este tipo de productos, ya que hoy no cuenta con alternativas biológicas que compitan en costo/beneficio con los de carácter sintético”, señala Sánchez , y agrega: “Esto reviste una enorme oportunidad, tanto para la empresa como para el CONICET, que obtendrá regalías sobre ventas al ser, el primer producto para cítricos, un co-desarrollo”.

“Es importante poder contar con procesos de transferencia de tecnología ágiles que permitan llevar desarrollos científicos a productos y servicios, no sólo para generar un impacto positivo, sino también para producir un retorno de la inversión -vital para las primeras etapas de la investigación- que el Estado hace en ciencia y tecnología”, concluye Fisch.

*Con información de Conicet


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