El viaje soñado de tres hermanos que aman el animé: viajaron desde Río Negro hasta Japón

Nacieron en Choele Choel y hace 20 años que no convivían, pero se lanzaron a la aventura en enero. Contaron la experiencia de visitar Tokio, una ciudad con 39 millones de habitantes; comer pan de oro y de sentir el peso de la historia en Hiroshima.

Por Florencia Bark

A pesar de que sus caminos se dividen continuamente, los hermanos Pancrazi Sarti lograron un trayecto único e inolvidable: viajaron desde Roca a Japón. En 16 días, no sólo recorrieron más de 19.000 kilómetros en línea recta, sino que cumplieron una meta que ahora es parte de la historia familiar.

Sofía es bibliotecaria, David es músico y Gina paisajista. Tienen 36, 34 y 32 años y los tres nacieron en Choele Choel. Vivieron parte de sus vidas en Buenos Aires, pero los tres retornaron a su provincia natal. Hoy comparten mucho más que madre y padre. “Somos todos muy fan del manga y del animé”, relató Sofía, la mayor, a Diario RÍO NEGRO.

La cultura animé fue un antes y un después para ellos. En la década de los 90, cuando eran niños se despertó el gusto alrededor del televisor en la casa de la infancia. Al salir de la escuela, no veían la hora de llegar a ver Sailor Moon o Dragon Ball Z. Luego, de más grandes, Pokémon, Ranma 1/2 e Inuyasha.

El recuerdo compartido hoy es un tesoro que se mantuvo a lo largo de los años y a pesar de las distancias: los identifica. “Nos ha marcado mucho a lo largo de la vida, los tres tenemos tatuajes de distintos animes que nos representan”, aseguró Sofía. Son lectores de manga, la historieta japonesa que se lee de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo. 

Con el tiempo, Japón empezó a ubicarse como un objetivo en el mapa. Sobre todo para Gina (32), la menor, a quien definen como la más fanática de los tres. Ella atesora una exuberante colección de 150 títulos de manga y 1.200 tomos desde 2012.

Los pasajes de avión llegaron como un regalo caído del cielo: por parte de su mamá y su tía. “Fue un viaje soñado durante muchos años y se dio la chance de poder hacerlo los tres”, contó Sofía. Hacía 20 años que no convivían, por lo que se lanzaron a la aventura de volver a estar bajo el mismo techo en este enero. Y así, poco a poco, empezaron a fantasear con la idea de cruzar el océano. 

Siempre fueron muy cercanos. El barrio les permitía inventar los juegos más divertidos en la calle. La juventud los separó cuando empezaron a estudiar en la universidad, en distintas etapas se mudaron.

Sofía vive en Roca hace seis años y trabaja como bibliotecaria en la Universidad Nacional de Río Negro en Allen. David tiene 34 años y es profesor de trompeta. Vive en su ciudad natal. Gina es panificadora y diseñadora de paisajes. Actualmente vive en Choele. 

Sofía se encargó de la organización previa: hoteles, pasajes, traslados, destinos. “Hay mucha información y fue muy difícil hacer la curación de todo eso”. La travesía duró 16 días, fueron 2 días de viaje a la ida y 2 días y medio para la vuelta por las escalas. 

Respecto del idioma, Gina ya había estudiado japonés y Sofía había realizado algunos cursos básicos durante la pandemia en Roca, pero lo que más los ayudó a comunicarse fue saber inglés y usar el traductor. Las ciudades contaban con mucha cartelería y señalización en inglés. 

Durante el viaje, canciones e imágenes les evocaron recuerdos de su vida y su ligazón con la cultura animé. Hubo varios días en que empezaban compartiendo un mate a la mañana y luego cada uno hacía su propio recorrido según sus intereses. Al final del día se encontraban para cenar. Siempre estaban en contacto por Whatsapp, se mandaban fotos y hasta se compraban regalos.

“Al adentrarme al universo, conocí el término manga y poco a poco llegué a mis primeras convenciones de manga y animé (…) Las posibilidades de interacción con el mundo asiático se dispararon”.

Gina Pancrazi Sarti, hermana menor.

Momentos y sitios significativos en Japón


Además del gusto en común por las historietas y animaciones japonesas, cada uno de ellos aprovechó el viaje para explotar sus intereses personales y visitaron lugares emblemáticos. 

Sofía quería pisar especialmente el sitio donde cayó la bomba nuclear el 6 de agosto de 1945, a las 8.15 am hora japonesa y lo hizo con sus hermanos. Ese fue uno de los momentos más significativos del viaje. 

Al llegar al monumento, llevó un sticker de las Madres de Plaza de Mayo para dejar en el lugar. Para ella se trató de un momento emotivo y simbólico. “Los derechos humanos es algo que me atraviesa mucho«, aseguró. 

«Me pareció que en un lugar donde se había cometido semejante atrocidad era pertinente llevar algo de quienes me enseñaron sobre los derechos humanos”.

Sofía Pancrazi Sarti, hermana mayor.

“Tokio fue una monstruosidad. Son 39 millones de personas viviendo en una ciudad, eso es una locura”, contó. También visitaron jardines japoneses, el barrio de las librerías y el histórico Hiroshima. 

Hicieron varios trayectos en tren bala, un medio de transporte público que puede recorrer unos 600 km en dos horas y media. “Comimos pan de oro, que es una lámina finita de oro que se pone como decoración en las comidas”, comentó.

La amabilidad de los japoneses es algo que les tocó el corazón. «Ante una consulta, parecía que asumían una responsabilidad a la hora de ayudarnos que no terminaba hasta cerciorarse que estuviéramos en el lugar correcto yendo a la dirección correcta”, ejemplificó Gina. 

Un logro familiar llegar a Japón


“Como familia fue un gran logro que hayamos podido ir y como hermanos, fue re lindo compartirlo. Fue desafiante y nos tuvimos que adaptar mucho, sobre todo cuando teníamos hambre, empezaban las peleas”, dijo Sofía entre risas.  

Para Gina, fue importante haber podido adaptarse en conjunto a la dinámica del país, sus ritmos y su cultura. «Nos apoyamos continuamente a la hora de ubicarnos y trasladarnos de un lado a otro, sin hacer ruido fuimos cubriendo muchas veces el despiste del otro o la desatención que puede generar estar en un lugar atiborrado de personas y de información visual”, balanceó Gina.

Todavía no pudieron volver a encontrarse para dimensionar y balancear el suceso vivido, pero llegados hace menos de un mes, los recuerdos e imágenes están intactas y brotan como si todo hubiera sucedido ayer.


A pesar de que sus caminos se dividen continuamente, los hermanos Pancrazi Sarti lograron un trayecto único e inolvidable: viajaron desde Roca a Japón. En 16 días, no sólo recorrieron más de 19.000 kilómetros en línea recta, sino que cumplieron una meta que ahora es parte de la historia familiar.

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