Subordinación y valor

Por Redacción

No se equivocaban por completo aquellos que habían especulado en torno a la posibilidad de que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no permitiera a Daniel Scioli ser el candidato presidencial del Frente para la Victoria a menos que se dejara acompañar por su hijo, Máximo, por tratarse de un miembro de la familia gobernante. A su modo, el secretario legal y técnico Carlos Zannini es integrante del clan de los Kirchner, razón por la que se supone que, si Scioli triunfa en las elecciones, como vicepresidente obedecería al pie de la letra todas las órdenes de la señora aunque, claro está, a veces trataría de darle consejos, como viene haciendo desde hace una treintena de años. Sea como fuere, si bien no cabe duda de que la presencia de Zannini en el binomio oficialista ha motivado el entusiasmo de los comprometidos con lo que llaman “el proyecto” que en el 2003 pusieron en marcha Néstor Kirchner y su esposa, no hay garantía alguna de que ayude a Scioli, cuya subordinación a Cristina parece absoluta, a conseguir los votos de los aún indecisos que necesitaría para derrotar a sus rivales, de los que el mejor ubicado es el jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri que, a diferencia de él, maneja a dedo su propia agrupación, el Pro. Si bien la relación de Scioli con Zannini y Cristina podría cambiar en el caso de que lograra mudarse a la Casa Rosada, mientras dure la campaña electoral tendrá que defenderse contra quienes lo acusarán de ser un personaje insólitamente débil que no está en condiciones de gobernar el país. En una sociedad de cultura política tan exageradamente presidencialista, cuando no caudillista, como la imperante en la Argentina, la imagen así supuesta podría perjudicarlo mucho. De acuerdo común, la decisión, que es de presumir fue de Cristina, no de Scioli, de hacer de Zannini el candidato a vicepresidente significa que los kirchneristas están mucho más interesados en asegurar la continuidad del “modelo” que aspiran a “profundizar” que en arriesgarse permitiendo un eventual cambio con el propósito de aprovechar los conflictos resultantes con la esperanza de retomar el poder. Que sea así puede entenderse, pero resta saber si será posible mantener por mucho tiempo más “el modelo” que dicen haber instalado. No es una cuestión de voluntad sino de la falta cada vez más evidente de los recursos financieros necesarios para que la economía siga funcionando sin experimentar barquinazos inmanejables. Con miras a convencer a la ciudadanía de que le convendría votar por los candidatos kirchneristas en las elecciones que pronto se celebrarán, el gobierno está tratando de estimular un boom de consumo, pero a juicio de la mayoría de los especialistas sólo se trata de un alivio pasajero, ya que tarde o temprano llegará la hora de pagar los costos. Mal que les pese a Cristina, el ministro de Economía Axel Kicillof, Scioli y Zannini, la inflación dista de ser un cuco neoliberal y frenarla no será fácil, la recesión que afecta a la industria y a las precarias economías regionales es una realidad y también lo es la asfixia financiera que se ha visto agravada por el default parcial. Si bien hasta ahora el país no ha sufrido un colapso equiparable con los muchos que pusieron fin a “modelos” inviables anteriores, las perspectivas distan de ser tan promisorias como quisieran hacer creer los voceros gubernamentales, entre ellos la presidenta misma. Zannini tiene fama de ser un operador político sumamente astuto, un experto consumado en el arte de inventar esquemas que sirven para aumentar el poder de la agrupación que tanto ha contribuido a consolidar, pero pocos le han atribuido sentimientos democráticos. Antes bien, como están subrayando los alarmados por el autoritarismo kirchnerista, ha sido el encargado de impulsar la colonización de reparticiones estatales e instituciones afines por “militantes” de La Cámpora y por otros de actitudes parecidas, de tal modo eliminando los controles y poniendo el Estado al servicio de la presidenta, en lugar del país en su conjunto, como corresponde. Es legítimo prever pues que, si Scioli triunfa en las urnas, Zannini se dedicaría a impedir que se desvíe un ápice del camino trazado por Cristina sin preocuparse por las consecuencias de la rigidez excesiva en una etapa en que cierta flexibilidad podría resultar imprescindible.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Jueves 18 de junio de 2015


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