También tienen su historia

En la década del 40 el profesor Ing. Agr. Carlos Lizer y Trelles, destacado entomólogo argentino, coordinó el equipo de investigadores que localizó los sitios de posturas de las langostas voladoras que venían asolando las pampas argentinas desde el Chaco hasta el sur de Buenos Aires. El pesticida utilizado para fumigar y destruir los huevos de la langosta y acabar definitivamente con la plaga fue el DDT, un químico clorado que luego fue prohibido, pero que por entonces ya había permitido controlar desde la malaria (transmitida por un mosquito) en el sur de Europa y norte de África, hasta combatir los piojos de los niños que concurrían a las escuelas rurales de nuestro país. Más adelante en el tiempo, todos los agroquímicos clorados, que por entonces parecían “la panacea” universal, fueron absolutamente prohibidos por sus efectos tóxicos no deseados en el medioambiente y los seres vivos en general, incluidas las personas. Más tarde ocurrió lo mismo con los llamados “fosforados”, que hasta hace pocos años eran masivamente utilizados entre los productores de frutas y hortalizas de nuestro país y del mundo. Posteriormente apareció el grupo de los piretroides que, si bien se siguen utilizando, están objetados por sus efectos muy nocivos para los animales “de sangre fría”, como sapos, ranas, peces, lagartijas, culebras y otros. Y seguramente, las ciencias químicas encontrarán nuevas formulaciones. Obsérvese que muchos de aquellos productos eran fabricados por poderosas empresas multinacionales, que sin embargo, ante las evidencias y las consecuentes normativas precautorias –emanadas, entre otras, desde la Organización Mundial de la Salud–, debieron discontinuar la producción y retirar esos agroquímicos del mercado. En el globalizado mundo moderno cada vez tienen menos cabida los supuestos “agentes del mal” todopoderosos que sólo defienden sus intereses económicos. El prestigio social de las empresas y la regulación impuesta por las normas ISO y otras que regulan la fabricación y los servicios de todo el mundo también se difunden e imponen sin pausa. Quizás hoy las únicas excepciones que restan combatir y remover sean la producción y tráfico de armas y de drogas estupefacientes. Una antigua leyenda europea alude a un grupo de enanos de un pueblo del bosque, que decidieron armarse de grandes palos para combatir a un monstruo terrorífico que supuestamente asolaba a la comunidad. Luego de mucho caminar encontraron una cueva tras una gran piedra. Al penetrar y disponerse al ataque, sólo salió disparando de allí un pequeño conejo… Es bueno estar alertas, pero mejor aún es estudiar, comprender y adquirir conocimiento profundo sobre nuestros problemas. Esta leyenda demuestra que casi siempre los monstruos terroríficos están sólo en nuestra interesada imaginación. Como entre otros, así fueron los casos irracionales de las brujas de Salem o de la Santa Inquisición.


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