“Tengo unos enemigos de mierda”
Es el periodista con más rating desde su programa en El Trece.
Jorge Lanata genera pasiones extremas. Lo ven cerca de dos millones de personas cada domingo desde el 15 de abril por la pantalla de El Trece, en su programa “Periodismo para Todos”. Pero buena parte de quienes crecieron con su estilo desenfadado no le perdona que trabaje en el multimedios de “Clarín”. Lanata es, en este momento, el periodista que más rating tiene y hay quienes lo ubican como la oposición más seria al gobierno. Él insiste en que sólo hace periodismo.
Lo que dice Lanata también es desmesurado. No tiene medias tintas a la hora de usar las palabras. Son su arma más contundente. Su modo más eficiente de comunicar lo complejo de manera simple. Su costado más feroz. Irreverente, asegura que sus enemigos “son pelotudos”. Que lo de “Página/12” le dio tristeza (que ignoren que él fue el creador). Que la presidenta está todo el tiempo intentando demostrar que es más inteligente de lo que es. Que el periodismo se ha convertido en una cuestión de fe. Un desborde verbal que queda sellado en el gesto que repite desde la pantalla: un fuck you enérgico que sus seguidores –que ha sabido amplificar con esa contundente ventana que es la tevé y entre los que hay niños y adolescentes– imitan sin pudor. La indiferencia, definitivamente, no es su mundo.
Lanata, en persona, fuera de la pantalla y lejos de las luces, no parece tan desmesurado. Es puntual para la entrevista con “Río Negro”. Y aparece, desde algún rincón de su enorme departamento, en el elegante palacio Estrugamou, en pleno barrio de Retiro, con sus clásicos tiradores y en medias. En este espacio hay silencio y calma. En el salón principal se amontonan cajas de tamaños diversos: Lanata está a punto de mudarse. Queda en pie parte de una biblioteca que tiene la colección de “Página/12”, el diario que fundó hace veinticinco años y que lo ignoró por completo en los festejos. Quedan dos vitrinas repletas de su colección de relojes de arena. Quedan todos los diplomas de sus logros periodísticos. Quedan cosas que lo definen.
Aquí, en el silencio de su departamento trabaja Lanata, en un ambiente que parece la antítesis de la desmesura que luego lleva diariamente a los mediodías de radio Mitre, los domingos a la tevé y, en breve, los sábados a las páginas de “Clarín”. Desde este silencio casi monástico, el hombre que le escribe una carta a la presidenta en la que no duda en llamarla “patética” planea salir de gira por todas aquellas provincias en las que su ciclo no se ve o, como él dice, “es confusamente difundido”: Entre Ríos, Mendoza, Tucumán y Río Negro (donde sólo se emite en el Alto Valle por el cable). A estos lugares planea ir a lo largo de este año, como si fuera la gira de una revista teatral y él, su estrella principal.
“Estamos confusamente difundidos en Entre Ríos, donde nos emiten a las tres de la mañana. Por lo que yo sé, en Tucumán Alperovich le sugirió con cierto énfasis al canal local que transmita todo Canal 13 menos a nosotros. En Mendoza Vila nos sacó de la tevé abierta y del cable porque ellos son dueños de ambos. O sea que el monopolio no es sólo ‘Clarín’. Y en Río Negro, gracias a las gestiones del amigo Pichetto, nos excluyeron del Canal 10”, apunta Lanata en la entrevista con “Río Negro”.
–Te acordás en todos los programas de Pichetto… Él asegura que no tuvo nada que ver.
–Y me voy a seguir acordando de él. Lo bueno es que yo voy a seguir haciendo periodismo cuando él ya no tenga más poder. ¿Sabés cuántos Pichettos vimos pasar? Primero me parece que es absurdo que nos censuren. En un punto nos hacen un favor porque agrandan el mito. Cuando no te pueden ver, todos quieren verlo. Lo que yo quiero es ir a las provincias en las que tenemos problemas. Conseguir un teatro o un estadio e ir como Mariano Iudica a decir “¡Dale!”.
–¿No es agregarle humor y teatralidad a la noticia?
–Yo hago eso desde “Página/12”. Y después lo trasladé a otros medios. Si uno mira, mi carrera no es muy distinta . Yo diría que si algo queda de “Página” –más allá de la fundación de Reposo– es que “Página/12” creó una cosa: demostró que la renovación de las formas puede ser infinita sin afectar el contenido. Que a la hora de comunicar vos podés comunicar de diez maneras distintas y que eso no te vuelve poco verosímil. Nosotros hacíamos un fotomontaje en la tapa e igual tirábamos un ministro. No es que el fotomontaje nos quitaba credibilidad.
–¿Sos la contracara de “6,7,8”?
–“6,7,8” no es un programa periodístico. Básicamente no dan información. Técnicamente es un programa de críticas de medios. En verdad, es un programa de propaganda pura porque se basa en la repetición y en la extrapolación y trata de manipular a quien lo mira. Nosotros damos noticias. Ahora, si yo lo comunico de la manera más creativa que se me ocurre, para mí es mejor y no peor. Es lo que lo hace más popular. De otra manera no haría veinte puntos de rating en la puta vida.
–Al menos en los últimos años el periodismo televisivo es más bien de análisis. ¿Por qué ocurre eso?
–¡Vayan a laburar, loco! ¿Qué análisis? Análisis de orina en un frasco de mayonesa. Déjenme de joder. Vayan a laburar: todos analizan y nadie labura. La redacción ideal de un diario es una redacción vacía. Las redacciones de los diarios están llenas de gente y todos están hablando por teléfono. La realidad ocurre afuera; no ocurre en la redacción. Hacemos periodismo telefónico y últimamente hacemos periodismo por internet. Es un delirio. No digo que no lo usemos. Pero los periodistas tenemos que hablar con la gente.
–¿Por qué el periodismo está tan cuestionado en este momento?
–Porque se aleja de la información. Porque la gente se da cuenta de que el periodismo opina. Si en lugar de eso el periodismo comunicara hechos incontrastables, se acercaría a la verosimilitud. Cuanto más opinado es todo, más cuestionable es. Porque, además, cualquier pelotudo va y opina. ¿Por qué tengo que creer todo lo que dice cualquier pelotudo por la radio? Decime lo que pasó; no lo que opinás. Pero eso también es una cuestión de formación. Los chicos hoy en la facultad escriben editoriales.
–Viendo “Periodismo para todos”, uno tiene la impresión de que a veces los informes que presentás no son una novedad: el hotel de la presidenta, el made in China… Pero aun así, impacta. ¿En qué reside ese impacto?
–¿Sabés con qué tiene que ver? Con el poder de la tevé. Muchas veces dimos noticias propias. Pero otras veces estamos mostrando cosas que ya se sabían pero no se habían visto. Lo que yo me pregunto es: ¿cómo puede ser que en diez años nadie haya entrado al hotel de Cristina? Nosotros estamos haciendo televisión. Usamos la imagen. Yo soy periodista y voy a cubrir las cosas. Estoy en un momento de mi carrera en el que podría quedarme en un escritorio escribiendo boludeces. Pero me aburre. Nunca lo hice. A mí me encanta hacer lo que hago. Puedo ver las cosas, contarlo. Esa es mi manera de acercarme a la profesión. Yo tengo dos ideas con respecto al periodismo: preguntar es desobedecer porque cuestionás el objeto. Y la otra es que yo reacciono frente a la realidad porque la realidad me provoca algo: me enoja, me indigna, me emociona, lo que sea. Mi rol es pelearme con todos los gobiernos… Y está bien que sea así. Por eso, para mí, eso del periodismo militante no existe. Nosotros no podemos estar con el gobierno. No podemos estar con el poder. Tenemos que estar con la gente.
–Pero no es sólo periodismo militante el que está con el gobierno…
–No. También el periodismo militante puede estar con cualquier poder. Pero el periodismo es preguntar y el periodismo militante tiene respuestas. A mí no me gusta que piensen por mí. A mí me gusta pensar por mí solo. No me vengan a decir lo que tengo que pensar para que yo obedezca como un pelotudo porque básicamente, para mí, preguntar es desobedecer y lo otro es repetir. Obedecer es repetir, por eso no entiendo la disciplina partidaria.
–¿Qué diferencia hay entre “Día D”, que hacías en América, y “Periodismo para todos”?
–Plata. La diferencia es ésa. Que me fui por un día a San Martín de los Andes y voy y vuelvo en el día, en avión. O a Angola. Parece una boludez pero algunas ideas que yo tenía que hacer en cartón en “Día D” hoy las hago en serio. La diferencia, cuando lo ves en pantalla, es atroz: es la diferencia entre una kermés y Disney. Y es la primera vez que tengo el apoyo de un canal entero. Nunca antes en mi carrera tuve el apoyo de todo un canal.
–¿Y en América, donde se emitía “Día D”?
–Teníamos todo el tiempo conflicto de que si dábamos o que no dábamos.
–¿Hay condicionamientos en El Trece?
-Cero. Totalmente cero
–Héctor Magnetto, el CEO de “Clarín”, ¿qué papel cumple?
–Magnetto parece el hombre del Renacimiento. Si Magnetto puede hacer todo lo que dicen sería increíble. El gobierno implantó un par de convicciones que son increíbles. Una es que los periodistas somos como cagatintas sin criterio. Eso muestra que los tipos no conocen los medios. Nadie que haya trabajado en un medio puede pensar que uno puede leer todo lo que está por salir. Lo que pasa es que ellos quieren que sus medios sean así.
–En los últimos años se instaló la idea de que todos los contenidos de la prensa responden a intereses y no a hechos de la realidad. ¿Por qué?
–Lo que pasa es que el periodismo se transformó en una cuestión de fe. Desaparecieron los hechos. El otro día escuchaba a Matías Martin entrevistando a Víctor Hugo Morales; le preguntó por Boudou y Víctor Hugo le dice que de eso no hablaba porque es un invento de “Clarín”. No hermano. No es un invento. Ya no se discuten los hechos. Después pensá lo que quieras, pero el hecho existió: existió Vandenbroele, renunció Rafecas, renunció Righi, lo cagaron al fiscal Rívolo. No es que el hecho no existe. Después miremos si está manipulado o exagerado. Pero el hecho existe.
–¿Se dejó de creer en los hechos?
–Es raro eso. El gobierno sobredimensiona el rol de los medios, pero a la vez hace muchos años que un gobierno no entendía tan bien el rol de los medios. Nosotros teníamos una buena relación con Néstor Kirchner. Cuando él hizo la campaña había dos programas periodísticos, el de Grondona y el mío. Él estaba peleado con Grondona; entonces iba a al mío. Y cuando Cristina tuvo que denunciar que la seguía la SIDE de Eduardo Duhalde (a cargo de Carlos Soria), lo dijo en “Día D”. Pidió por favor venir. Siempre cuento una anécdota que me parece una metáfora de lo que ocurrió después. A la semana de asumir Kirchner, voy a la Casa Rosada y me impresionó que me encontré con Aníbal Fernández puteando por un recuadro de diez líneas que había salido en el “Cronista Comercial”. Y me dice: mirá lo que escribió… y me nombra a un tipo que yo no conocía. Yo conozco a casi todos los periodistas porque hace mil años que laburo y me llamó la atención que a ése no lo conocía. Pero el jefe de Gabinete estaba preocupado por diez líneas que había escrito un periodista que nadie conocía. Y digo: ¿qué les pasa a estos tipos con los diarios? Para mí, eso es una metáfora de lo que pasó después. Y si te fijás, Cristina dedica diez minutos todos los días a hablar de lo que dicen los diarios.
–¿Por qué crees que ocurre?
–Podría decir que es inseguridad. Pero si lo tengo que analizar políticamente, yo diría que Perón hacía los diarios; no estaba preocupado por los diarios. Y ellos sí. Aparte hay una coyuntura rara en este tiempo porque desde hace algunos meses perdieron iniciativa política. Dejaron de estar delante de los hechos y ahora están atrás. Todo lo que hacen, se evapora. Fijate YPF: duró una semana el tema y se acabó. Esto ya es raro. Pero a ellos les preocupa mucho el relato; lo que queda. El gobierno piensa que lo que queda es lo real y a veces lo que queda es lo real y a veces no. El peor enemigo del doble discurso es el tiempo. Y ellos tienen un doble discurso. El tiempo lo deja en evidencia, desnuda el doble discurso y la idea central de este gobierno es el doble discurso: ellos hablan para la izquierda y gobiernan para la derecha. ¿Y quienes son los únicos que lo pueden hacer notar? Nosotros. Y más ante la inexistencia de la oposición.
–¿Te sentís la oposición?
–A mí el gobierno me quiere tirar a ese lugar; quiere que esté en ese lugar. Pero yo no voy a estar en ese lugar. No me importa estar en ese lugar. Es lo que el gobierno le hizo a “Clarín”. Yo no soy la oposición porque no soy candidato a nada ni lo voy a ser. No compito en elecciones. No es esa mi relación con la gente.
–Pero trabajás para “Clarín”, un medio que antes criticabas.
–El gobierno fue hábil en crearse un enemigo imaginario. Enemigos con los que no tiene mucho costo pelearse. Los militares son unos. Una cosa es la época de Raúl Alfonsín, cuando había autoacuartelamientos, y otra ahora cuando los militares tienen 95 años. A mí me parece bien que los metan en cana. Yo luché toda mi vida para que eso ocurra. Me parece bien. Ahora, el fantasma militar… ya está. Es pegarle a un muerto. Cuando el gobierno se pone de enemigo a “Clarín”, se pone un enemigo que no compite con él. Es gracioso, porque el gobierno tiene el argumento de que está en contra de las corporaciones por “Clarín”, pero el resto de las corporaciones están con ellos. ¿O con quién está Techint, Pérez Companc, los cerealeros?
–¿La noticia forma opinión?
–Claro, según cómo la edites.
–¿Y cuál es tu paradigma para editarla?
–Editar es elegir. Y un medio es una ventana. Yo le digo a la gente: “Vení y mirá por mi ventana. Mirá lo que se ve; se ve esto, aquello. Yo elegí vivir en esta ventana. Te voy a contar esta ventana”. Eso es un medio: es una manera de ver el mundo. Y por eso, la edición es básica. Lo básico del periodismo es transformar la actualidad en tema. La actualidad está; vos la encuadrás desde tu ventana.
–¿Quién creés que es tu público? Muchos sostienen que te ve la derecha.
–En este momento me es difícil decir quién me ve. La tevé abierta es horizontal, es muy popular. Yo tengo que hacer un programa que vea y le interese al chico que lleva los carritos del supermercado y al sociólogo también. Ése es el desafío: cómo hago para comunicar ideas simples o complejas y ser atractivo para personas tan distintas. Ése es mi desafío profesional.
–¿Pero qué sentís cuando te halaga Cecilia Pando?
–Yo no me puedo hacer cargo de que me mire Cecilia Pando.
–Pero te debe pesar…
–No. Me parece un argumento imbécil. A mí me gustaría tener buenos enemigos. Pero no los tengo. Tengo unos enemigos de mierda. A mí me gustaría tener un gran hijo de puta de enemigo, pero un gran hijo de puta que me cagara, que me obligara a discutir. Pero no, mis enemigos son unos pelotudos.
–Muchos de tus enemigos actuales son personas que trabajaron con vos en “Página/12”.
–Hay de todo ahí. Es loco eso… La mitad de los “6,7,8” trabajó en “Clarín” y la otra mitad conmigo. Y hay chicos que están ahí porque no podrían estar en otros lados, hay otros que lo hacen con convicción, creen en eso, y otros que lo hacen por plata. Hay de todo. Y eso de Pando lo manijeó la usina del gobierno y lo manijeó porque me quieren acorralar ahí. Pero yo no tengo nada que hacer ahí, no tengo nada que ver.
–¿Politizás a los televidentes?
–Hay una cosa importante: saber te vuelve responsable. Cuando vos sabés, tenés que hacer algo con esa información. Sartre decía que la verdad es una venda que cuando se corre no puede volver al mismo lugar. Y es así: cuando sabés algo cambiaste. Ya no podés decir que no sabías. Te cagué: ahora sabés. Ahora, tenés que hacer algo con eso. Pero no me pidas a mí que haga algo con eso. Yo no puedo hacer algo con eso. Yo hice mi laburo. Yo te cuento lo que está pasando.
–Pero creás opinión…
–Mi trabajo es contar lo que está pasando. Lo que la gente espera es que uno le cuente lo que sabe, que lo demuestre y que lo cuente de la manera más creativa posible.
–¿Te independizás de lo que opina después la gente?
–A mí no me importa eso.
Verónica Bonacchi
Carlos Torrengo
“Para mí, preguntar es desobedecer y lo otro es repetir. Obedecer es repetir”, se enoja Lanata.
El conductor de “Periodismo para todos”, habló en exclusiva con “Río Negro”.
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