Tres años de prisión para un marido golpeador
El hombre le pegó a su pareja desde el noviazgo, durante el embarazo y después de divorciados. Ambos viven en Rincón de los Sauces. La mujer ocultó su situación durante mucho tiempo, hasta que finalmente lo abandonó. La condena quedará en suspenso. El autor no irá a la cárcel, pero tendrá que someterse a un tratamiento psicológico
NEUQUEN (AN)- «Nos encontramos ante un claro y típico cuadro de violencia familiar», afirmó la Cámara Criminal Primera, que ayer condenó a tres años de prisión a Raúl Ceferino Rouret por las continuas palizas que le daba a su esposa, Silvia Edith Tapia.
Rouret, de 32 años, fue condenado por «lesiones graves y lesiones simples». No irá a la cárcel, pese al pedido expreso del fiscal Alfredo Velasco Copello, pero deberá someterse a un tratamiento psicológico y no podrá acercarse a menos de 100 metros de su ex pareja. El defensor Hugo López alegó emoción violenta, que fue desestimada.
Las palizas que aplicó a su ahora ex esposa, por las cuales fue condenado, ocurrieron en Rincón de los Sauces en 2000 y 2002, aunque según quedó evidenciado durante el juicio oral el maltrato comenzó casi con la convivencia de la pareja, en 1994. Por entonces Tapia tenía 16 años y Rouret 23. Se casaron el 5 de noviembre de 1996 y están divorciados desde mediados de 2000. Son padres de un hijo de 7 años.
La sentencia se conoció ayer; los fundamentos son de la camarista Cecilia Luzuriaga de Valdecantos, con la adhesión de sus colegas Roberto Fernández y Jorge Sommariva.
El imputado declaró durante el debate. Admitió las desavenencias matrimoniales pero culpó a su mujer, a la que atribuyó «una serie de mentiras y conductas hostiles de su parte con el sólo propósito de perjudicarlo, en especial por la tenencia del hijo». También reconoció «haberle propinado alguna que otra cachetada alguna vez.»
La versión de su ex pareja fue muy distinta. Relató que comenzó a sufrir la violencia de Rouret «aunque con menor intensidad, en la época del noviazgo». Ya casados, «durante el embarazo fue golpeada por su esposo en varias oportunidades en la casa en la que convivían, con los puños y en distintas partes del cuerpo».
Nació su hijo, octomesino, y «las golpizas continuaron con mayor frecuencia e intensidad, en especial cuando su esposo regresaba malhumorado del trabajo». Tapia relató que la agredía «a puntapiés teniendo puestos los botines con punta de acero que utilizaba en sus trabajos de petrolero, y en otras ocasiones la golpeó con un cinturón».
Fractura de una vértebra
En una de esas palizas sufrió la fractura de la cuarta vértebra lumbar, pero como no hizo la denuncia ni se hizo revisar por un médico, recién se enteró un año después cuál era el motivo de su continuo dolor en esa zona. Fue durante un examen para ingresar a la municipalidad.
Rouret nunca le dio una razón valedera para actuar de modo tan violento, «simplemente se excusaba, ya cesada la agresión, diciendo que cuando se enojaba perdía los estribos», relató la víctima.
Los golpes que recibía continuamente motivaron que «permaneciera encerrada en la casa por causa de los moretones y marcas visibles e ojos y piernas; el mismo Rouret se ocupaba de que no la vieran en ese estado».
Cansada del maltrato, la víctima se lo contó a su madre, quien no le creyó. Citada en el debate, Irma Palomo declaró que «en un principio le costó creerle (a su hija), porque quería mucho al yerno, de quien tenía un concepto excelente ya que se comportaba en sociedad de modo ejemplar».
Después la misma Palomo fue víctima de la violencia de Rouret, quien la agredió en la puerta del juzgado de Paz de Rincón.
Tapia se escapó definitivamente del hogar conyugal (ya lo había intentado antes, instalándose en la casa de una amiga) y en esa época comenzó «una serie de persecuciones y actitudes hostiles de su marido, algunas denunciadas, aunque otras 'por vergüenza' no lo hizo». Entre ellas habría un abuso sexual y un intento de violación.
Al dictar sentencia los jueces contemplaron que Rouret fue a su vez víctima de violencia familiar cuando era chico, pero no lo consideraron un atenuante. Y como agravante tuvieron en cuenta las «importantes secuelas traumáticas» que según los expertos sufren la mujer y el hijo.
«Típico ciclo de violencia conyugal»
NEUQUEN (AN)- Raúl Rouret y Silvia Tapia tuvieron varios distanciamientos y reconciliaciones. Ella declaró que «los primeros años ocultó lo que sucedía, o bien perdonaba a su marido, con la idea siempre de salvar el matrimonio y por el hijo de ambos».
Al fundamentar la sentencia, la jueza Cecilia Luzuriaga señaló que en este caso «se configura el típico ciclo de violencia conyu-gal, que por lo común implica una reiteración agravada, porque después de la 'luna de miel', recomienza el ciclo de los golpes y maltrato emocional, a lo que se agrega la indefensión de la mujer».
Siguiendo a Hilda Marchiore, autora de «La Víctima del delito», añadió que «esta indefensión se produce cuando en el proceso de violencia, la víctima cree que es imposible modificar la situación conyugal, aprendiendo a vivir asustada».
Los momentos de reconciliación «hacen creer a los familiares y amigos que ellos están en un aparente juego amoroso. Sin embargo, sólo es parte del ci-clo de violencia, porque en realidad, después de la reconciliación, vuelven los golpes y las lesiones, en o- casiones con resultados muy trágicos. Siendo por lo general jóvenes los integrantes de este tipo de parejas; además que en muchos casos los golpes co- mienzan en la etapa del noviazgo».
NEUQUEN (AN)- "Nos encontramos ante un claro y típico cuadro de violencia familiar", afirmó la Cámara Criminal Primera, que ayer condenó a tres años de prisión a Raúl Ceferino Rouret por las continuas palizas que le daba a su esposa, Silvia Edith Tapia.
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