Un ciclo perverso

Por Redacción

No sólo en nuestro país sino también en Brasil y, a menos que se transforme en una dictadura militarizada, Venezuela, el fin del boom de los commodities presagia un giro a la derecha política ya que, como es habitual en tiempos de crisis económica, los asustados por lo que está sucediendo propenden a confiar más en quienes se comprometen a manejar los recursos disponibles con el máximo cuidado que en los resueltos a seguir gastándolos sin preocuparse por los números. A primera vista, tal actitud parece lógica. En cierto modo lo es, pero con toda seguridad sería mejor que, en etapas de vacas gordas, los distintos electorados optaran por gobiernos respetuosos de la disciplina fiscal que dieran prioridad a la eficiencia y la productividad, pero que en las de vacas flacas los reemplazaran por otros dispuestos a privilegiar la cohesión social. Si bien en tal caso las épocas de bonanza serían menos impresionantes, las crisis que siempre las siguen no serían tan dolorosas. Como muchos que hasta octubre del 2011 lo apoyaban acaban de darse cuenta, el gobierno kirchnerista no supo aprovechar la oportunidad brindada por el viento de cola que fue proporcionado por el resurgimiento de China para preparar el país para enfrentar la situación mucho menos favorable que, tarde o temprano, tendría que sobrevenir. De haber entendido los kirchneristas que sólo se trataba de una fase que no duraría para siempre, la Argentina no se vería atrapada en un pantano estanflacionario del cual le costará mucho salir aun cuando los gobiernos próximos logren congraciarse con los mercados de capital internacionales. La costumbre inveterada de votar procíclicamente, por decirlo así, ha tenido consecuencias parecidas en el sur de Europa. En Grecia, Italia, España y Portugal, gobiernos de ideologías distintas se resistieron a poner en marcha políticas de “austeridad” hasta que no les quedara más alternativa. Aunque últimamente los perjudicados por los cortes presupuestarios se han alzado en rebelión contra los intentos de mantener bajo control el gasto público, de ahí el triunfo de Syriza en las elecciones griegas y la irrupción de agrupaciones afines como Podemos en España, no estarán en condiciones de lograr mucho ya que el problema principal no es la austeridad como tal sino la falta de dinero que la ha hecho necesaria. Por razones comprensibles, los países relativamente solventes como Alemania, que sí tomaron a tiempo medidas destinadas a mejorar el desempeño de la economía, no quieren saber nada de los subsidios gigantescos que los populistas están reclamando y son reacios a permitirse extorsionar por quienes les advierten que, a menos que lo hagan, seguirán conquistando voluntades los líderes de movimientos derechistas como el Frente Nacional francés. Parecería que la democracia es miope por naturaleza. Para triunfar en elecciones, los políticos se sienten obligados a asumir una postura optimista y a prestar más atención a los problemas coyunturales que a tendencias que, andando el tiempo, podrían ocasionar dificultades mayúsculas. Antes de que les resultara imposible negar su importancia, pocos dirigentes europeos se animaron a hablar de los riesgos sistémicos planteados por el envejecimiento generalizado, la inmigración masiva de personas procedentes de sociedades de cultura cívica muy diferente o los cambios impulsados por el progreso tecnológico. En períodos de abundancia, la mayoría suele votar por los entusiasmados por la idea de una fiesta consumista, mientras que en los signados por la estrechez, a menudo prefiere a conservadores presuntamente capaces de hacer “el trabajo sucio”. Puede que Alemania haya sido una excepción a dicha regla; en 1999 el gobierno socialista de Gerhard Schröder inició un severo plan de ajuste que en su momento fue muy criticado por quienes no lo creían necesario pero que, a la luz de lo que sucedería después, resultó ser previsor. Es sobre la base del precedente así supuesto que la canciller actual Angela Merkel, una conservadora, se siente con la autoridad moral suficiente como para sermonear a los griegos e italianos sobre la importancia de vivir conforme a los medios disponibles, ya que puede señalar que su propio país “hizo los deberes” bien antes de estallar la crisis financiera que cambiaría todo.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Jueves 12 de marzo de 2015


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