Un comedor para 90 chicos en Piedra del Aguila
Fue levantado a pulmón con materiales que quedaron de la empresa Perez Companc. Funciona de lunes a viernes, y recibe todos los mediodías a pibes de los barrios Limay y Esperanza.
PIEDRA DEL AGUILA (AN, enviado especial).- Las paredes aún sin revestir. Los vidrios empañados por el calor que brota de una precaria y solitaria salamandra que pelea sin suerte contra las bajas temperaturas. Pero ni el frío ni la falta de comodidades detienen la acción solidaria que comenzó hace dos meses por la iniciativa de los propios vecinos de los barrios Limay y Esperanza, que edificaron un comedor para paliar las consecuencias de la desocupación.
Allí comen unos noventa niños pobres de la localidad de Piedra del Aguila que cada mediodía llegan con su plato bajo el brazo en busca de la ración que representa, en muchos casos, la única comida del día.
El comedor funciona de lunes a viernes. La precaria edificación está escondida detrás de las formaciones rocosas que caracterizan a la localidad, alejada del asfalto y del tráfico de la ruta 237, que aporta el turismo de paso, uno de los pilares de la frágil economía de Piedra del Aguila, distante a unos 220 kilómetros de la capital neuquina.
Los vecinos aseguran que poner en marcha el comedor no fue nada fácil. Añoraban, dijeron, las promesas electorales de diciembre de 1999 que anunciaban la inminente apertura del salón para el barrio.
Pero pasó el tiempo y la necesidad mezclada con el recelo de quedarse con las manos cruzadas mientras el hambre avanzaba fue causa suficiente para poner el hombro y abrirlo.
Sin respuestas desde los estamentos gubernamentales, tomaron la iniciativa y en una semana lo construyeron con los materiales que habían sido donados por la petrolera Pérez Companc meses atrás.
«Los chicos tenían que caminar hasta el otro extremo del pueblo para poder comer un plato de comida», recordó Claudina Ramírez, la cocinera.
Claudina nació en Sañico -un paraje de la zona- hace más de cincuenta años y sus cualidades de cocinera la llevaron a trabajar en distintas localidades neuquinas. Hoy percibe 150 pesos de un plan provincial de desempleo.
Regresó hace siete años a Piedra del Aguila con su marido y la ausencia de hijos la deja en libertad para administrar el comedor que funciona en el límite de los barrios, donde la desocupación y la falta de servicios son moneda corriente.
«En el verano casi no tenemos agua», dijo Claudina. «El intendente (Jorge) Baeza dijo que nos iba a comprar un tanque australiano, pero debe venir todavía en viaje», aventuró y dejó escapar una sonrisa.
«Acá en el barrio casi todas las familias tienen entre cuatro y seis chicos», resaltó un de las madres solteras que colaboran con la preparación de la comida.
Por lo pronto, el comedor funciona con gas en garrafa porque la red todavía no está instalada, a pesar de que se encuentra a escasos metros de la construcción.
De todos modos, su puesta en funcionamiento esta prevista para los próximas semanas.
Y en esa tarea están los vecinos que ultiman las conexiones para que el suministro sea una realidad.
Por el momento, los alimentos los aporta el municipio con un listado que elabora las mujeres coordinadas por Claudina. «Pero no sabemos hasta cuándo podrá hacerlo», indicó mientras servía con destreza un cucharón colmado de polenta sobre el plato de Gabriela, de 9 años.
Una postal que se desparrama todos los días en una Argentina herida por el derrumbe de su economía.
PIEDRA DEL AGUILA (AN, enviado especial).- Las paredes aún sin revestir. Los vidrios empañados por el calor que brota de una precaria y solitaria salamandra que pelea sin suerte contra las bajas temperaturas. Pero ni el frío ni la falta de comodidades detienen la acción solidaria que comenzó hace dos meses por la iniciativa de los propios vecinos de los barrios Limay y Esperanza, que edificaron un comedor para paliar las consecuencias de la desocupación.
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