Un culebrón interminable

Por Redacción

Mal que le pese a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, “esta telenovela argentino-venezolana” que encuentra tan aburrida y que quisiera ver terminada seguirá rodándose por muchos años más. Aun cuando quienes desempeñan los papeles estelares –el ministro de Planificación Julio De Vido, el ex presidente Néstor Kirchner, el ex embajador en Caracas Eduardo Sadous, el caudillo bolivariano Hugo Chávez y otros como aquel empresario venezolano estadounidense Guido Antonini Wilson– nos hayan dejado, el tema continuará motivando el vivo interés de los analistas porque tiene que ver no sólo con la corrupción que es endémica en los dos países involucrados sino también con la geopolítica internacional. Aunque a juicio de muchos Chávez es un mero payaso –un “papagayo tropical”, al decir de un célebre intelectual progresista, el escritor mexicano Carlos Fuentes–, ha conseguido erigirse en líder de una corriente de opinión que influye no sólo en nuestra región sino también en Europa y el Medio Oriente. Además de ser un “amigo” al parecer imprescindible de los Kirchner, Chávez es el aliado principal del régimen teocrático iraní encabezado formalmente por el presidente Mahmoud Ahmadinejad que, como es notorio, está trabajando afanosamente para dotarse de un arsenal nuclear y que, para más señas, nunca ha vacilado en proclamarse resuelto a borrar al Estado de Israel de la faz de la Tierra. Si bien el presidente norteamericano, Barack Obama, procuró apaciguarlo aseverándose dispuesto a negociar con él y absteniéndose de criticar la represión brutal de quienes protestaban contra los resultados claramente fraudulentos de las elecciones iraníes del año pasado, sus esfuerzos en tal sentido sólo merecieron el desprecio de Ahmadinejad. Así las cosas, es legítimo preguntarse si la voluntad del gobierno kirchnerista de pasar por alto el hecho de que Chávez sea un aliado locuaz, y a menudo agresivo, de un régimen que, según la Justicia de nuestro país, con el respaldo decidido de los Kirchner mismos, estuvo detrás del atentado sanguinario contra la sede de la AMIA se debe al temor a lo que podrían revelar los venezolanos si la Argentina cuestionara su postura internacional. Hasta ahora, casi todos los capítulos de la “telenovela” han sido obra de argentinos, pero no cabe duda de que, de no sentirse cohibidos, los venezolanos podrían aportar mucha información adicional que serviría para enriquecer la saga. Si bien, por motivos evidentes, Chávez y sus colaboradores comparten el deseo de Cristina de que caiga cuanto antes en el olvido el asunto escandaloso que tantas repercusiones está teniendo aquí, su actitud podría modificarse si los Kirchner se sintieran constreñidos a trasladarse a lo que, desde el punto de vista del bolivariano y presunto heredero de los hermanos Castro, sería el campo enemigo. En tal caso, a Chávez le convendría manifestarse indignado por lo que con toda probabilidad calificaría de un intento argentino de exportar sus prácticas corruptas a Venezuela. Conforme a la doctrina kirchnerista que hace poco reivindicó el nuevo canciller, Héctor Timerman, el que Chávez sea el mejor amigo de un régimen que nuestro gobierno ha denunciado por cometer un acto de guerra en suelo argentino no debería incidir en la relación bilateral. Dicha tesis podría justificarse si, como creen los Kirchner, la relaciones internacionales de un gobierno determinado sólo importan cuando repercuten directamente en la política electoral interna, pero sucede que en el resto del mundo escasean quienes piensan de tal modo. De agravarse mucho más la tensión entre Irán y sus aliados por un lado y, por el otro, Estados Unidos, los países de Europa y, desde luego, Israel, al gobierno le resultará cada vez más difícil continuar afirmándose el amigo íntimo de todos, con la presunta excepción de la llamada República Islámica. Huelga decir que el dilema que enfrenta el país hubiera sido mucho más sencillo si fuera “normal”, y por lo tanto transparente, la relación de los Kirchner e integrantes de su círculo áulico con la Venezuela de Chávez, pero tal y como están las cosas les será necesario tomar en cuenta una multitud de factores que creen tan “confidenciales” que reaccionan con furia apenas controlable a cualquier alusión a ellos.


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