Un verdadero creador

Sin ninguna duda, si uno repasa los grandes creadores del folclore, el número no es tan grande. Vendría a ser un sector bastante selecto, no por propia voluntad, sino simplemente por capacidad creadora. Esa habilidad y creatividad perduran con el paso de los años y muestran que en realidad los grandes creadores nunca desaparecen, están siempre vigentes y aunque a veces parecen quedar en el olvido, a la hora de las obras de peso, siempre son los mismos.

Hago semejante referencia porque cuando hablo de creadores quiero hacerlo de los que van más allá de lo comercial, de los que no se fijan sólo en Cosquín o en lo que el mercado consume, sino que miran las cosas con sentido cultural, histórico, literario, de los que crean, en este caso música y letra, cosas que no se pasan de moda y de los que en una entrevista no sienten la necesidad de ser simpáticos.

En estos días se cumplen 13 años de la muerte de don Atahualpa Yupanqui, tiempo en que un creador ausente hizo más notoria su ausencia. Y si nos preguntamos cuánto perdió la música con su muerte, podremos decir con certeza que mucho. Cuando un creador de semejante nivel deja de hacerlo, el vacío no se ve en el corto plazo, se siente con los años.

Atahualpa Yupanqui no era precisamente un hombre simpático, aunque sí era hombre de decir verdades, todas juntas si era necesario, era el símbolo de la creación con certeza, de los que cuando hablaba medía hasta el más mínimo detalle de su expresión, como para que no hubiera dudas y menos aun repreguntas si el que estaba en frente era un periodista.

Atahualpa no era de buscar la nota, al contrario, le gustaba poco y nada y a veces sólo de compromiso atendía ese tipo de demandas. Salvando las distancias y sólo por un capricho de quien escribe esta columna, en este aspecto se parecía bastante a José Larralde, hombre al que no le gustan mucho las entrevistas y que cada vez se sitúa más lejos de lo comercial.

Con el paso del tiempo, uno puede ver que en realidad las obras de los creadores perduran independientemente de si eran simpáticos o no y más allá de si les gustaba atender periodistas o no.

Creadores, de los que se llaman creadores hay pocos y dentro de esos pocos, Atahualpa, cuyo nombre real era Héctor Roberto Chavero, se llevó una buena porción en cuanto a las creaciones.

Dentro del ámbito del folclore, pocos podrían decir que alguna vez no interpretaron un tema de Atahualpa. Hoy lo siguen haciendo a pesar de un preconcepto instalado sobre que sus temas eran aburridos. Claro, no es el folclore más popular ni el más divertido, es el folclore más profundo, con mensajes de realidades de años atrás que en este país tampoco pierden vigencia.

Con buen tino, el Dúo Coplanacu, tal vez quien más revuelve en temas viejos y reflota creaciones, desempolvó un montón de temas de Atahualpa Yupanqui para llevarlos a la modernidad de la mano de su propia música.

Y quién se asombra cuando escucha estos temas creados décadas atrás, si en el fondo la Argentina sigue siendo la misma en los aspectos centrales. Casi cíclico, los temas hoy mantienen vigencia.

Esta fue la verdadera obra, o mejor dicho apenas una parte de un creador en serio, al que muchos ignoran o ni siquiera tienen en cuenta simplemente porque no fue simpático, argumento ultraliviano para juzgar a un hombre que dejó una obra inmensa.

Jorge Vergara

jvergara@rionegro.com.ar


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