Una aventura riesgosa para Uruguay
COLUMNISTAS
Uruguay, como ya lo han hecho también El Salvador, Bermuda, Albania, Alemania, Bulgaria, Cabo Verde, Hungría, Irlanda, Letonia, Palau, España, Suiza, Portugal, Qatar, Eslovaquia y Georgia, recibió, en carácter de refugiados, a seis ex presos de Guantánamo: cuatro sirios, un tunecino (cuya identidad no se conoce) y un palestino.
Esto es consecuencia del arreglo que sobre ello suscribieran, hace meses ya, Barack Obama y José “Pepe” Mujica. La llegada de los exdetenidos se había demorado por razones electorales, desde que un superprudente Tabaré Vázquez había solicitado que nada, absolutamente nada, perturbara su esperado triunfo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales orientales, que acaba de culminar con éxito.
Todos los ex presos fueron transferidos, al menos por el momento, al Hospital Militar de Montevideo. Para verificar su salud. Todos tienen entre 32 y 43 años de edad. Todos son, obviamente, musulmanes sunnitas. Todos, sin excepción, fueron apresados en territorio de Pakistán y son considerados como personajes de “baja peligrosidad”, calificación que pronto será (o no) confirmada por la conducta de los liberados. Aunque lo cierto es que no cualquiera fue conducido y alojado en Guantánamo. Entre los sirios que llegaron a Uruguay hay un hombre detenido en Tora Bora, un agresivo falsificador de documentos, un experto en operaciones suicidas y un excombatiente en Afganistán. El palestino, por su parte, pertenece a Hamas. Y del tunecino se sabe muy poco, más allá de que le faltan dedos de una mano como consecuencia de una mala manipulación de explosivos.
Para Uruguay -y su pueblo- esta aventura, de muy claro y ponderable contendido humanitario, es todo un riesgo. En materia de seguridad, obviamente.
Los exdetenidos de Guantánamo podrán, si lo desean, reunirse en el Uruguay con sus familiares. Podrán irse cuando quieran. Siempre que logren ser recibidos, claro está. No tendrán, pese al expreso pedido norteamericano, restricciones de ninguna naturaleza a sus movimientos mientras permanezcan en la Banda Oriental.
Ahora quedan en Guantánamo unos 142 detenidos.
La cárcel-limbo emplazada en Cuba, recordemos, abrió en el 2002 y Obama ha tratado infructuosamente de vaciarla -y cerrarla- desde el 2009. Cada detenido en Guantánamo le cuesta al Tesoro norteamericano unos 2,7 millones de dólares por año. Guantánamo cuenta con un personal carcelario de unas 2.300 personas. Todo un esfuerzo. Y además Guantánamo es ya imposible de justificar.
Sorpresivamente, tan pronto como se confirmó el viaje de los detenidos en Guantánamo, Mujica movió las fichas con el libreto que presumiblemente le llegó desde La Habana. Pidió que, a cambio, Estados Unidos libere tres espías cubanos que llevan más de 16 años de cárcel en el país del norte. Peligrosísimos todos. Se trata de los que conformaban la llamada Red Avispa, que espiaba y delataba a la comunidad cubana en EE. UU. Dos de ellos tienen hoy condenas a cadena perpetua. El tercero tiene una pena de 22 años aún no cumplida.
Habrá que ver, pero el pedido seguramente caerá en saco roto. No obstante, Mujica sabe que, en ese caso, dejará “mal parado” al país del norte. Lo que parecería ser parte de la estrategia en este complejo tema.
GUSTAVO CHOPITEA
Analista del Grupo Agenda Internacional
GUSTAVO CHOPITEA