Una campaña poco emocionante

Por Redacción

Mientras que en otras oportunidades los protagonistas de las campañas presidenciales lograron enfervorizar a multitudes, en ésta Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa, los tres candidatos mejor ubicados, han tenido que conformarse con actos escenificados llamativamente distintos de aquellos de otros tiempos en que centenares de miles de personas se congregaban espontáneamente en apoyo de líderes supuestamente providenciales. Si bien algo parecido ha ocurrido en muchos otros países en los que pocos se entregan a las pasiones políticas intensas y, en ocasiones, violentas tan comunes antes de que el naufragio de la Unión Soviética desacreditara a todas las ideologías rígidas, a menos que el sucesor de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuente con el decidido apoyo de sectores amplios no le será dado solucionar o, al menos, atenuar los problemas que le aguardan, sobre todo los directamente vinculados con el lamentable estado de la economía nacional. Por desgracia, los tres presidenciables tienen buenos motivos para no querer hablar de la economía que el eventual ganador del torneo electoral “heredará” el 10 de diciembre. Por temor a enojar todavía más a Cristina y a sus incondicionales, entre ellos su compañero de fórmula Carlos Zannini y el aspirante a sucederlo como gobernador de la provincia de Buenos Aires, Aníbal Fernández, Scioli se ve obligado a fingir creer que con algunos retoques menores el modelo improvisado por la señora funcionará maravillosamente bien, mientras que Macri y Massa entienden que no les convendría asustar al electorado diciéndole que le espera una etapa sumamente dura en que al gobierno no le quedará más alternativa que instrumentar un ajuste tras otro. Así, pues, los candidatos coinciden en minimizar la importancia de lo que en buena lógica debería ser el tema principal de la campaña electoral, para concentrarse en otros, como el riesgo de que el 25 de octubre el oficialismo procure reeditar lo que se hizo en Tucumán. No se trata sólo de la voluntad de Macri y Massa, además de sus respectivos simpatizantes, de denunciar las maniobras fraudulentas que se han detectado, sino también de convencer a los votantes de que al gobierno kirchnerista no le interesan las normas democráticas. Si bien muchos ciudadanos están tan acostumbrados a que los políticos hagan trampa que enterarse de las fechorías cometidas en Tucumán no incidiría en su intención de voto, se supone que una franja de la clase media lo tomará en serio. Conforme a las encuestas de opinión que están dando vueltas, poco ha cambiado desde las PASO, lo que es una mala noticia para Scioli quien, para ahorrarse el peligro que le supondría el balotaje, necesitaría superar la barrera supuesta por el menos de 40% que consiguió en agosto. Con todo, parecería que Macri no ha logrado aprovechar los problemas de su rival –y amigo personal–, mientras que Massa, a pesar de su mayor agresividad, sigue atrasado con respecto al otro opositor. El resultado es que hasta ahora el país ha asistido a una competencia electoral bastante insulsa, una en que los contendientes han privilegiado lo táctico por encima de lo estratégico, acaso por comprender que la ciudadanía está harta de relatos supuestamente épicos y por lo tanto se sentiría más alarmada que estimulada si un candidato le hablara de un programa de cambio ambicioso. Tal actitud sería natural si la Argentina no se viera en graves dificultades tanto económicas como sociales, con una tasa de inflación excepcionalmente alta, un nivel insostenible de gasto público, millones de familias sumergidas en la pobreza extrema, la corrupción rampante y así largamente por el estilo, pero sucede que al próximo gobierno le será forzoso tomar muchas medidas drásticas. ¿Sería mejor que los presidenciables advirtieran a la ciudadanía sobre lo que les resultará necesario hacer? No lo creen los asesores de campaña. Por el contrario, piden a sus clientes limitarse a formular mensajes balsámicos. El único que se ha animado a hablar con cierta vehemencia es Massa, al aludir a su voluntad de asegurar que los corruptos reciban el castigo merecido y que la lucha contra la droga sea frontal, con condena perpetua para los narcotraficantes aunque, desde luego, no ha querido arriesgarse analizando con realismo las opciones económicas ante el país.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Lunes 7 de septiembre de 2015


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